“Justicia, castigo y verdad”, la exigencia de padres de los 43

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- De frente al edificio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Francisco Rodríguez Morales muestra una pancarta con la  imagen de su hijo, Everardo Rodríguez Bello, uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos forzadamente en Iguala, Guerrero.

La desgastada pancarta es la misma que durante los primeros años cargó su esposa, Minerva Bello, fallecida el pasado 4 de febrero sin conocer la verdad sobre el paradero de Everardo.

Originario de Omeapa, municipio de Tixtla, Rodríguez Morales pide a los ministros de la SCJN lo que, junto con su esposa y los padres de los demás jóvenes desaparecidos, han exigido desde hace cuatro años: la verdad de lo que ocurrió la noche del 26 de septiembre en Iguala.

Trabajador de la construcción, Francisco, de 47 años, sostiene que la vida de Minerva se fue consumiendo en la búsqueda de Everardo.

“Se empezó a sentir mal por las caminatas, no estaba enferma; por el cansancio, un pie se le acalambraba, luego le empezó a salir una bola, como una hernia, y de ahí se le fue agrandando; los doctores dijeron que era cáncer y que ya no se podía hacer nada”, cuenta en entrevista.

El padre de Everardo y de otros tres hombres y tres mujeres recuerda que, en su lecho de muerte, su esposa le pidió que no abandonara la exigencia de búsqueda de su hijo, reclamo que iniciaron juntos desde la misma noche del 26 de septiembre de 2014, cuando acudieron a la Normal Rural Isidro Burgos, enterados de los ataques armados contra los muchachos.

Minerva “ya no se pudo recuperar, me dijo que le jurara que seguiría en la lucha hasta saber la verdad, por eso es que estamos reclamando lo que nos corresponde, estamos reclamando justicia, castigo y verdad”.

A poco dos meses de que concluya la gestión de Enrique Peña Nieto como presidente, Francisco Rodríguez no duda en hacerlo responsable de los daños que han sufrido los padres y madres de los 43.

“Precisamente a él lo culpamos de todo lo que llegue a pasar en el movimiento; es culpa de Peña Nieto por ocultar la verdad”, acusa.

La muerte de Minerva Bello significó un golpe para el movimiento de los padres y madres de los 43 normalistas, quienes han visto disminuida su salud de manera generalizada desde hace cuatro años.

Al respecto, Raymundo Díaz Taboada, integrante del Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad (CCTI), quien participó en la elaboración del informe “Yo sólo quería que amaneciera. Impacto psicosocial del caso Ayotzinapa”, explica que, desde los primeros meses de 2016, un chequeo clínico a 50 familiares directos de los 43 normalistas reflejó padecimientos como hipertensión o diabetes, enfermedades que, subrayó, “se agudizaron por el impacto, y otros más las desarrollaron a partir de la desaparición”.

De acuerdo con el especialista, quienes ya cargaban con enfermedades crónico degenerativas “se descontrolaron por la dinámica en la que entraron en la búsqueda y en la movilización constante”.

Además, “casi todos los familiares describen dolores articulares, dolores que no tienen aparentemente una razón física. No hay un golpe, no hay una caída, pero son dolores permanentes, de cabeza, cuello, cintura, piernas”.

Díaz Taboada explica que los malestares que sufren las personas que tienen un familiar desaparecido están relacionados directamente con “el estrés permanente de no saber qué pasa con su ser querido, lo que les cambia el sueño, el apetito, el peso, la presión arterial siempre alta. En los diabéticos, aunque tomen medicamento y lleven la dieta, el estrés hace que siempre estén elevadas las cifras de glucosa, presión arterial, colesterol y triglicéridos”.

El activista de CCTI resalta que a Minerva Bello ciertamente no se le había diagnosticado cáncer, antes de que su vida cambiara a partir de la desaparición de su hijo Everardo. “Probablemente ya lo tenía, pero se agudizó con esta situación, con el estrés permanente de no saber qué pasó con su hijo”.

Lo que sufren los padres de los 43 normalistas, agrega, “son los problemas de salud que seguramente están sufriendo los familiares de los más de 37 mil desaparecidos en México, que desarrollan enfermedades como hipertensión y gastritis, así como dolores inespecíficos que no se quitan con los analgésicos y que son consecuencia del estrés de estar pensando qué pasó con sus hijos, y la única manera de que aminoren es saber la verdad”.

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