Sin la Unión Europea, explotaría un conflicto en el continente: Aramburu

COSENZA (apro). “Nuestra gran suerte es que existe la Unión Europea. Si cayera, no pasarían ni dos meses para que algún conflicto muy sangriento explotara en Europa”, dice con desparpajo Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959).

Así explica el columnista y escritor español el valor de la institución supranacional más importante de Europa en momentos en los que escala la agresividad y acción de los antieuropeístas y nacionalistas.

Sus orígenes vascos, la introspección de sus galardonadas novelas sobre el conflicto en su tierra de nacimiento y su proximidad a Alemania, país en el que reside desde 1985, han convertido a Aramburu a una de las voces del momento en Europa del sur.

“Uno de los grandes éxitos de la Unión Europea ha sido detener las guerras cíclicas entre Francia y Alemania que llegaron a momentos muy críticos con las guerras napoleónicas, con la guerra de 1870, de la que nació la unificación alemana, y de las guerras mundiales. Esto es la Unión Europea, además de un mercado común y de todo lo que supone una unión de países”, dice el intelectual en entrevista con Apro.

Y advierte: los conflictos latentes en Europa, que en la actualidad se resuelven sin actos de represión excesivos, son muchos.

“En España, sería muy posible que el Estado, no atado por sus compromisos internacionales, empleara la fuerza bruta para detener los movimientos secesionistas. Y también pienso en Bélgica, donde hay dos comunidades separadas, pero que hoy tienen algo en común: están en la Unión Europea y tienen a Bruselas como la capital de la Unión Europea.

“Asimismo, pienso en los escoceses, que siguen en el Reino Unido con la promesa de continuar en esa misma Unión Europea de la cual Gran Bretaña quiere ahora salirse”, asevera.

Hay conflictos latentes que “podrían recrudecerse en cualquier momento”, insiste Aramburu, al conceder esta entrevista en Cosenza, ciudad del sur de Italia a la que acudió para recibir el principal galardón del Festival de la Cultura Mediterránea, que se ofrece a intelectuales mediterráneos destacados.

Aramburu ha sido premiado por ‘Patria (2016)’, su célebre novela sobre ETA y el conflicto vasco que se convirtió en uno de los fenómenos editoriales en lengua española de los últimos años, con 29 ediciones y más de 700 mil ejemplares vendidos, que le valieron varios premios nacionales e internacionales y lo han llevado a realizar ponencias también en Latinoamérica.

La llegada de los bárbaros

Aramburu ve en estos nuevos tiempos una amenaza directa en Europa procedente de los ímpetus nacionalistas.

“Pensemos en el imperio romano que se expande con su brutalidad, invadiendo y liquidando a otras poblaciones y que, cuando finalmente logra una hegemonía enorme, llega la corrupción, la gente ya no quiere combatir, sino vivir bien. Es ahí que llegan los bárbaros”, reflexiona.

“Esta llegada de los bárbaros es un temor que está en los genes de los europeos y que ahora, por ejemplo, se manifiesta hacia los ciudadanos de Siria o de países africanos que están llegando (a la Unión Europea)”, observa. “Esto despierta un temor en muchos europeos. Atención, no en todos. Pero este temor es un miedo a la invasión de los bárbaros, de los que no están civilizados y vienen a romper la armonía. Armonía que también es mental”, afirma.

–Entonces, ¿es por esto que en Europa avanzan las fuerzas xenófobas?

–Hay una reacción de desprecio y de miedo. Porque el que llega ahora de África es un desconocido que no habla el idioma del lugar. Por eso, el ciudadano europeo medio piensa: estos vienen a robar, nos van a imponer su religión, nos van a poner bombas. Este el temor a la invasión de los vikingos, a la invasión de los germanos en Roma, de Atila, del que viene de fuera y se quiere quedar con lo tuyo. Este temor persiste”, asegura.

“El nacionalismo, por su parte, es una exacerbación del patriotismo”, agrega.

Tierras de pocos

“Con la Revolución francesa, la caída de los reyes y el surgimiento de las repúblicas, los ciudadanos se hacen dueños de los territorios y aquí surge el nacionalismo, que es la idea de que uno vive en un territorio que le pertenece y por tanto debe determinar cómo se vive en ese lugar, y quién puede o debe estar en ese territorio”, razona.

“Por tanto, el nacionalismo necesita fronteras siempre y no puede permitir la inclusión de todos los seres humanos. Puede ser un nacionalismo de repliegue, como el que se produce ahora en Europa, para que no vengan los que no son puros. O puede ser un nacionalismo invasor, como el que tuvimos en el siglo XX, con el nazismo, el fascismo italiano, que pretendían conquistar territorios para los suyos”, afirma.

Recuerda Aramburu, en esta línea, que la misma historia de Europa, antes de la Unión Europea, ha sido una historia fratricida.

“Fue una constante lucha entre tribus, entre territorios, entre regiones. Por eso, se pensó en crear una estructura supranacional como la Unión Europea, que es actualmente un freno para el nacionalismo”, explica.

No obstante, este proyecto está hoy amenazado por un nacionalismo que promete prosperidad, haciendo hincapié en el supuesto erróneo de la necesidad de reforzar las identidades nacionales.

“¿Qué ocurre? Que la gente está insatisfecha, tiene temores, y el nacionalismo promete paraísos sociales acotados por fronteras. Les dice que no están solos, que son valiosos, porque pertenecen a un territorio privilegiado, donde prevalece el supremacismo”, advierte.

En este sentido, un aspecto llamativo es, según Aramburu, que muchos de estos movimientos están gobernados por las clases más pudientes.

“Los supremacismos actuales en Europa están dirigidos por las clases pudientes, no es el pueblo que se rebela contra el rey para crear una nación, son los poderosos. Esto en Europa ha generado mucho dolor y por eso estamos muy preocupados hoy”, afirma.

Además, la Europa de hoy no es la de antes de la Unión Europea, sus Estados ya no están tan militarizados, el servicio militar obligatorio ha sido abolido en muchos países, y su economía se ve ante el desafío del creciente poderío de China, Rusia y Estados Unidos, afirma.

El peligro del contagio

“(En Europa), hay conflictos como el de Ucrania, que es preocupante y que se podría contagiar. Porque estos conflictos empiezan como algo pequeñísimo en un lugar apartado. Véase el asesinado del heredero al trono de Austria en Sarajevo en 1914. Esto puede en cualquier momento extenderse”, razona Aramburu.

“Si uno mira de cerca la política internacional, se ve que Europa intenta no estar presente en los conflictos, a lo mejor manda unos cascos azules, tiene una presencia testimonial en Siria, o va donde no hay conflictos directos. Este es un tema muy delicado en Alemania, donde después de dos guerras mundiales, no querían mandar más soldados a combatir. Europa es hoy alérgica a la guerra”, dice.

“Se puede sancionar a Rusia porque no comulga con las normas internacionales, pero Rusia tiene un ejército muy poderoso y se ríe de estos castigos, más aún debido a que los rusos suministran gas a Europa. Alemania, por ejemplo, depende energéticamente de Rusia”, asevera.

“Otro es el caso de España. El nuevo gobierno quiso detener un contrato de armas, ya pagadas, a Arabia Saudita, y entonces se dio cuenta de que había otros contratos ligados (a este país) y que eso podía dejar sin trabajo a 4 mil personas”, continúa.

“Incluso con Estados Unidos no hay amistad, sino una amistad interesada. Eso siempre ha sido así”, recuerda.

No obstante, la debilidad de Europa no es cultural, sino meramente económica y militar, afirma. “En el sentido de que, si realmente hay un conflicto con las grandes potencias actuales del mundo, China, Rusia y Estados Unidos, Europa se encuentra en una posición débil económica y militarmente”, añade.

“Cuando Donald Trump dijo que iba a poner aranceles al sector automotriz hubo una histeria tremenda en Alemania. Además, si bien Alemania es una potencia industrial, Alemania no es toda Europa. Y los dirigentes alemanes lo saben, lo han dicho públicamente, que no estamos preparados en el caso de que haya un conflicto grave”, admite.

La UE, espacio de civilización

Sin embargo, lo que está en juego, según Aramburu, no es poco.

“Nadie debería tener interés en que la Unión Europea se caiga. La Unión Europea es un espacio de civilización como no ha habido jamás en la humanidad”, afirma.

Aun así, justamente por esta vocación, el Viejo Continente está expuesto a más peligros, según el escritor español.

Según él, estas pulsaciones deben ser combatidas puesto que la Unión Europea no ha sido creada para ser un espacio cerrado y que rechaza la pluralidad, indica.

“Es lo que a mí me inquieta. Estos movimientos xenófobos y de ultraderecha que cuestionan el espacio común y quieren cerrar las fronteras, para defenderse del que viene de fuera, del extranjero”, dice.

“Me inquieta la pérdida de los valores humanistas, que consideremos al otro como algo negativo, como alguien al que no se le reconoce la dignidad, que debe ser discriminado. Hicimos a la Unión Europea y acabamos con las dictaduras justamente para crear una comunidad pacífica”, observa.

 

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