Cuando el corazón del Centro Histórico se abrió el 1 de diciembre

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En materia de movilización, la toma de posesión del ahora presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), evidenció notables diferencias respecto a sus antecesores.

Sin contar la manera en la que el nuevo mandatario fue “escoltado” –y no por el Estado Mayor Presidencial sino por la gente– desde su salida en el Jetta color blanco del fraccionamiento ubicado en la colonia Toriello Guerra en la Delegación Tlalpan; ahí, vecinos (adultos y niños en pijama) y seguidores lo esperaron para saludarlo y tener un acercamiento con él, en contraste con la salida de Enrique Peña Nieto, a quien apenas lo llegaron a saludar un puñado de personas de servicio doméstico que laboraban en casas cercanas, según se apreció en tomas televisivas.

Por la mañana, la gente y vecinos de Calzada de Tlalpan salieron a saludar al todavía presidente electo en su camino hacia el Palacio Legislativo de San Lázaro, incluida la ciclista Sandra González Ponce, quien le dijo: “tú no tienes derecho a fallarnos”, y cuya imagen en video quedó grabada para la posteridad.

El arribo de AMLO al Palacio Legislativo como ciudadano congregó una afluencia mayúscula, al igual que su salida ya como presidente de México; al terminar de saludar a los altos mandos en el vestíbulo de San Lázaro, incluyendo a Mike Pence e Ivanka Trump, vicepresidente y asesora e hija de Donald Trump, respectivamente, se acercó a la valla que divide el flujo en la avenida Congreso de la Unión y saludo de cerca a la gente.

Su llegada al Palacio desconcertó a muchos, incluido a los encargados de trasmitir desde Televisa, pues lo esperaban por la calle de Corregidora, en donde colocaron al menos una cámara en cada esquina, así como algunas unidades móviles… y nada.

El Jetta blanco llegó rodando lento por Pino Suárez directo a la puerta principal de Palacio Nacional –quizá a Televisa se le olvidó que, a diferencia de los mandatarios anteriores, López Obrador no buscaba ocultarse y entrar casi en secretismo por puertas laterales como solían hacían los mandatarios previos–, el Presidente se detuvo en la entrada a saludar a la gente de frente, a hablar con la prensa, y luego a una comida-celebración en el máximo recinto nacional.

Durante las tres horas que pasó adentro, la actividad alrededor corrió casi como cualquier otro sábado en el Centro Histórico: el 70% de los locales en Correo Mayor (la calle trasera de Palacio Nacional), estuvieron abiertos, la gente transitaba por la banqueta y compraba en el corredor de comercio popular más importante del país, con el único detalle de que en ambas aceras había vallas y no había manera de cruzar la calle desde Justo Sierra hasta Moneda, y luego de Moneda a Corregidora.

Esos dos cruces los coordinaban policías, por un rato pasaban peatones, por un rato coches.

Durante las dos tomas de gobierno previas se optó por cerrar completamente Correo Mayor y la vialidad peatonal de Justo Sierra a José María Izazaga al más mínimo movimiento o llegada presidencial, así fuera 15 de septiembre o algún evento casi secreto en Palacio y sin información a vecinos de por medio.

La calle de Soledad y parte de San Ildefonso funcionaron como estacionamientos de enormes camionetas -algunas último modelo- blancas, plateadas y la mayoría de tono negro. Durante una hora posterior al arribo de AMLO al Palacio (de 14 a 15 horas), Correo Mayor funcionó desde Justo Sierra hasta Izazaga en sentido contrario, las camionetas con invitados llegaban por Correo Mayor, bajaban justo en la esquina de Corregidora y de ahí entraban al recinto mayor caminando por esa puerta lateral.

Hubo, pues, orden en el Centro Histórico de la ciudad.

A pesar de la afluencia al Zócalo capitalino que llegó a 160 mil personas, y la gente en alrededores, el pasado 1 de diciembre fluyó en un ambiente de celebración y calma desde la madrugada de ese día hasta cerca de las 21 horas, cuando culminó el programa artístico y musical conocido popularmente como “AMLO Fest”.

Sí hubo policías (se reportaron seis mil desplegados), pero no granaderos, ni patrullas, ni locales rotos o vandalización; acorde a la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, ese día fue de “saldo blanco” en el Centro Histórico.

El día posterior, domingo, “liberaron” a Palacio Nacional quitando las vallas en Moneda, frente del Zócalo, y Corregidora, situación que hacía inaccesible las vialidades a automovilistas y que solían causar mucho tráfico, en especial los fines de semana.

Los autos ya pueden transitar por Moneda, el flujo mejoró y la gente camina por la banqueta junto a los muros del Palacio. Las aceras laterales y frontal del Palacio prácticamente se estrenaron en estos días, cerradas al menos durante la última década. El presidente Felipe Calderón había sido el primero en obstruirlas, y con la llegada de Enrique Peña Nieto se terminó de cercar.

En la Plaza Mayor ya no hay pista de hielo, sólo un discreto adorno con macetas de nochebuenas al estilo de la época colonial, y luces y figuras colocadas en los edificios con motivos navideños.

La vista de Palacio Nacional y el Zócalo cambió, al menos hasta ahora, com-ple-ta-men-te.

Acerca del autor

Licenciada en Ciencias de la Comunicación (2005) con Diplomado en Relaciones Públicas (2014), habla inglés y francés, amante del cine y los idiomas. Se inició como reportera de deportes en su natal Veracruz, y luego en publicaciones de la Editorial Vía Satélite de la Ciudad de México. Forma parte de la Sección de Cultura y Espectáculos de Proceso desde 2007.

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