Guardia Nacional, desabasto de gasolina y doctrina del “shock”

Guardia Nacional con mando civil "de membrete". Foto: Benjamín Flores Guardia Nacional con mando civil "de membrete". Foto: Benjamín Flores

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Dinamitera de la común  estupidez humana, es la filosofía. Gran aliada en tiempos frívolos y turbulentos. Evita la ceguera política, las menudencias de periodistas a modo, los lugares comunes de “analfabetas ilustrados” que manejan con destreza la zalamería y las medias tintas, que confunden hechos y deseos inteligentes, con pareceres y ficciones.

Por ello, es útil recurrir a pensadores serios de visión aguda, cuya luz ilumina los contornos obscuros de los acontecimientos, horadando sus misterios.

Karl Jaspers, psiquiatra y filósofo alemán, da lecciones de cómo enfrentar las amenazas del poder contra la libertad: conociendo la naturaleza de las mismas.  Aparecen ellas con frecuencia en el horizonte. Desde el momento mismo en que por primera vez las amenazas se acercan para tocar a la puerta de cualquier nación, todos deben conocerlas. En su primera aparición, asumen el papel de adalides de causas superiores como señuelos, utilizando los “medios del mundo libre” para después socavar ese mundo, señala Jaspers.

Las amenazas mismas, sus correligionarios y la masa, creen que se va de verdad tras un ideal, obsesionados dice Jaspers, con los problemas de la seguridad. En realidad, todos ellos participan de una impostura. Cuando dan sus primeros golpes y el poder todo lo absorbe, “ya hace tiempo que las masas han sido capturadas por una red de ficciones”. En puridad, se abdica de la libertad en búsqueda de seguridad.

El poder entonces se ejerce como una potencia sin deseo de fines; potencia que se actualiza indefinidamente para disponer de los medios, sin otro objetivo que el de tener a la mano esa disponibilidad. Es como una semilla que al final no se actualiza en árbol, sino en una semilla más y más grande: el medio se hace fin. Ese es el poder que desmitifica Platón en el Gorgias. Es el poder como voluntad en pugna con el poder como servicio. El primero conduce al nihilismo político que equivale a la nada de consistencia, a la nada de los fines.

Ya están las primeras amenazas a la puerta de la nación, como Catilinas de estos tiempos, mientras tantos discuten sobre ¡índices de popularidad! Militarización de la seguridad rebautizada ahora con nombre atractivo, según el consejo de Talleyrand de cambiar los nombres a las instituciones para encandilar políticamente; es la  Guardia Nacional con mando civil de membrete que equivale a una especie de Estado policíaco-militar que aterra,  junto con el esquema de los fiscales sin independencia y el aumento en los supuestos de prisión preventiva, en detrimento del principio democrático de presunción de inocencia, haciendo caso omiso de las recomendaciones de prestigiados organismos locales e internacionales, defensores de las libertades.

Otra amenaza ya realidad, es la estrategia de consultas plebiscitarias suplantadoras de la indispensable intermediación democrática; muy probablemente con el tiempo, tales consultas en muchas ocasiones, harán a un lado la necesidad de representantes en el Congreso, lo que sin duda ocasionará depresión honda en los diputados y senadores.

Afirma Jaspers, que en una atmósfera de manifiesta y generalizada comprensión de los hechos por el pueblo, no prosperan las amenazas del poder como voluntad, a los valores sagrados del hombre. La ausencia de esa comprensión resulta suicida para las naciones en dichas circunstancias.

Otra lumbrera de la filosofía es el coreano Chul Han, profesor de la materia en la Universidad de Berlín. Nos habla él de la psicopolítica que prevalece en el mundo y de sus métodos para capturar el inconsciente de las multitudes amantes de los medios digitales y del narcisismo. A través de las redes sociales, las turbamultas se exhiben sin inhibiciones, proporcionándole al poder los instrumentos idóneos para manipular a su antojo la parte prerreflexiva de los individuos despersonalizados que componen las masas atrapadas en el enjambre digital.

Chul Han hace referencia a Noami Klein y su libro, “Doctrina del Shock”. Tiene el mismo dos protagonistas, los doctores “shock”. Uno es un médico que somete a sus pacientes humanos a electrochoques, en un experimento financiado por la CIA durante la Guerra Fría, con el fin de eliminar los “malos elementos” que habitan en sus temblorosos cerebros. Todo ello para contribuir a la lucha contra el comunismo. En el fondo de tal experimento de lavado de cerebro, late dice Chul Han, “la oposición maniquea entre el Bien y el Mal”.

El otro protagonista es el campeón de la Escuela neoliberal de Chicago, estableciendo Klein paralelismos entre los dos doctores “shock”. Para el segundo, el de Chicago, una situación de desastre -como por ejemplo diríamos nosotros, la dejada por el régimen saliente- resulta una oportunidad ideal para que la sociedad se reconfigure. Es el momento adecuado para aplicar las técnicas del “shock”, de la medicina amarga, con el fin de limpiar su mente, vaciarla de contenido y rellenarla después para su transformación. Es una tarea terapéutica de vaciamiento y relleno.

Es precisamente cuando ha sido vencida y dejada sin defensa, que la mente sin chistar acepta la reprogramación.  Cuando la gente en general está todavía paralizada por el desastre, ella se convierte en presa fácil de los condicionamientos del poder neoliberal. Esta doctrina del “shock” es perfectamente aplicable a los condicionamientos e imposiciones de cualquier sistema de poder como voluntad, sea de índole capitalista o no.

En México aparecen ya condicionamientos de un curioso régimen dotado de su Guardia y que se dice contrario al neoliberalismo pero que promueve políticas neoliberales. Éstas sugeridas seguramente por sus consejeros, hombres de grandes empresas, todos neoliberales. Régimen ese asistencialista para dorar la píldora. Y ese aceptar sin chistar las imposiciones del poder, incluso con entusiasmo, aumenta la popularidad del poder como voluntad.  No hay duda que la doctrina del “shock” funciona en esta decadente época de sombras, de meras apariencias, enterradoras de la verdad del ser, de las realidades.

Aplicaciones actuales de la doctrina del “shock” en el país: el escándalo de echar a la calle sin miramiento, a decenas de miles de burócratas que tienen familias, hijos, esposa; la intempestiva guerra al robo de gasolina en el momento más crítico de necesidad de abastecimiento, y que afecta a millones de ciudadanos, a su economía, a su bienestar. Tal campaña ha empañado “casualmente” el tema de la militarización -Guardia Nacional- y otros graves problemas como el de los migrantes centroamericanos. Los defensores de esa guerra, por cierto, utilizan los mismos argumentos que usó el calderonismo para la suya: nadie antes lo había hecho, es una medida valiente, inédita, histórica, incluso celestial.

¿Y los medios utilizados, y las consecuencias económicas, sociales y humanas debidas a la improvisación en la aplicación del electrochoque, de la amarga medicina, a la falta de planeación estratégica que toda guerra o campaña que pretenda ser eficaz y victoriosa, exige? Eso es secundario, irrelevante, lo que importa a la luz de las técnicas del “shock” es el “shock” mismo para lograr los efectos paralizantes -de los que habla Klein y Chul Han- que hacen de la sociedad presa fácil de subyugación, salvo casos honrosos de personas de alma libre, como los zapatistas.

El “shock” de la mano con el ejercicio del poder como voluntad, producen cosas notables: la subversión del lenguaje, de los valores y de los hechos mismos: lo malo es bueno, lo bueno es malo, la guerra es la paz, la ineptitud es virtud, el desabasto no es desabasto sino otra cosa admirable aplaudida por la turbamulta que abarrota a diario un sistema de transporte público de tribu, como el de la Ciudad de México.

La polarización no es polarización sino unidad, la militarización no es militarización sino guardia nacional, las largas colas en las gasolineras existen solo en las mentes febriles de una oposición que se niega a aceptar su derrota, y que no tiene derecho a la crítica porque carece de ¡fuerza bruta! – se ha atrevido a decir alguno-, y que debe guardar silencio para beneficio del poder que todo lo absorbe.

Ya está produciendo efectos el mecanismo del “shock”: se desmienten los señalamientos del Wall Street Journal sobre la disminución de importaciones de gasolina como uno de los factores del desabasto, y al mismo tiempo los responsables del área dicen a pregunta expresa de periodistas, que no tienen ” a la mano” las cifras de las importaciones. Y nada pasa. Pero no solo eso, ¡sino que se sigue adulando la ineptitud! En un país con una honda y generalizada comprensión de los hechos, eso sería intolerable. Aquí, es cómodo abandonarse para recibir mendrugos.

No hay polarización dicen correligionarios de tal doctrina; el afirmar que la hay, es producto de la imaginación de algunos que, por no simpatizar con las transformaciones, son los “malos”. Por ende, ellos no son gente, no tienen derechos, no son sociedad, no forman parte del pueblo, en suma, no son nada en el México transformado. El sueño de la uniformidad absoluta, a la orden del día, para alcanzar la felicidad y la seguridad que tanto se disfruta en los establos -donde en ocasiones se instalan bocinas con música de Mozart para contentamiento adicional-.

No hay polarización dicen, pero hay un maniqueísmo de los buenos y los malos, los amigos y los enemigos, sin matiz alguno; hay injurias, insultos, descalificaciones, amenazas para los que osan disentir.  Y no hay peor polarización que la generada por la herejía del maniqueísmo político de funesta historia para las libertades básicas.

El ser humano y el pueblo nunca pueden ser utilizados como medios, como conejillos de experimentación política, para la consecución de fin alguno. Es un anhelo de los espíritus libres, el poner en obra  la construcción paciente de una forma de vida humana “que se funde en la persuasión y no en la fuerza”, de un ordenamiento de libertades nuevo, vibrante, que restaure la justicia como su  base,  y la amistad solidaria como su fuerza impulsora para el derrumbe del inhumano nihilismo político, “gozosos en la esperanza, pacientes en la tribulación”.  Y tal como apunta J. Maritain, el tiempo de la inmediatez de los seguidores del poder como voluntad, no es el tiempo largo de la Patria “en trance de perpetua edificación”.

 

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