Por embestida de Trump, Irán y la Unión Europea buscan alternativas al dólar

CIUDAD DE MÉXICO (apro).– En su esfuerzo por hacer grande a Estados Unidos de nuevo, el presidente Donald Trump ha erosionado la influencia global de su nación.

En Siria prácticamente ha renunciado ante Rusia; al abandonar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), prácticamente le dejó el terreno a China para hegemonizar en la cuenca del Pacífico; en su guerra comercial con este país, debilita la relación con el gigante del siglo XXI; al romper el pacto sobre misiles balísticos con Rusia, provoca una nueva carrera armamentística; al enfrentarse a sus aliados, desde la Unión Europea y Canadá hasta México, mina su propia credibilidad y los obliga a buscar nuevas equilibrios estratégicos, sin tomar en cuenta a Washington.

Su lucha por desintegrar el acuerdo sobre el programa atómico iraní, sin embargo, es vista no sólo como una amenaza para la paz regional y el tratado de no proliferación nuclear, sino también como un claro incentivo a romper con el ordenamiento económico internacional que ha garantizado la preeminencia del dólar y del sistema financiero estadunidense: forzando a europeos, iraníes y otras potencias a comerciar por fuera del marco de coerción de Nueva York, genera claros riesgos para sostener su propio poder.

Pero es quizás por esta misma razón que se percibe indecisión en el lanzamiento de INSTEX (siglas en inglés de Instrumento para Apoyar los Intercambios Comerciales), el esquema anunciado por Gran Bretaña, Francia y Alemania el 31 de enero para que las empresas europeas e iraníes puedan hacer negocios sin sufrir las sanciones estadunidenses, y que ha generado más dudas que certidumbres en sus primeros días. No toca las principales áreas de interés para Irán –que festejó el 40 aniversario de su revolución este lunes 11– ni garantiza que ese país podrá recuperar los volúmenes de comercio que requiere su economía.

Sí indica, en contraste, que las transacciones serán denominadas en euros. Se suma así a iniciativas relevantes de los años recientes, que podrían estar adelantando un nuevo sistema en el que el dólar sea sustituido como moneda franca y pase a formar parte de una canasta de monedas que incluya al euro, el yuan chino, el yen japonés y la libra esterlina.

Un pacto complicado

Fue necesario que se alinearan los planetas: por un momento, en 2015, coincidieron en las presidencias de sus respectivos países líderes que asumieron como prioridad la búsqueda de una solución al diferendo entre Estados Unidos e Irán: Barack Obama entregaba el poder en enero de 2017, Hassan Rouhani había tomado posesión en agosto de 2013.

A pesar de que cada uno de ellos enfrentaba una fuerte oposición interna, apenas tenían tiempo de hallar y consolidar una solución. En septiembre de 2013, por primera vez desde la crisis de los rehenes de 1979-80, los presidentes de ambos países se comunicaron por teléfono.

Después de largas y tensas negociaciones, el grupo P5+1 (los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU –EU, Rusia, China, Francia e Inglaterra más Alemania) e Irán firmaron el 14 de julio de 2015 el Plan Comprehensivo de Acción Conjunta (PCAC), mediante el cual Teherán se comprometía a suspender el enriquecimiento de uranio, suspender su programa nuclear (que era totalmente civil, en su dicho, pero que los occidentales denunciaban como militar) y permitir inspecciones ilimitadas por parte del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) para verificar el cumplimiento; a cambio, serían levantadas las sanciones comerciales internacionales y se permitiría que Irán –segundo exportador mundial de petróleo– regresara a los mercados de combustible.

Sin embargo, el acuerdo enfrentaba una enorme e inusual alianza opositora, que unía a los conservadores iraníes con los republicanos estadunidenses, e incluía a Israel, Arabia Saudita, Egipto y otros países árabes.

Donald Trump empezó a torpedear el pacto desde su campaña electoral. A pesar de que el OIEA certificó en varias ocasiones que Irán cumplía plenamente con sus obligaciones, la Casa Blanca y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu aseguraron que no era así (el segundo realizó, incluso, una presentación audiovisual que “demostraba” que Irán había mentido al ocultar un programa nuclear anterior, pero la comunidad de expertos no le creyó).

El 8 de mayo de 2018, Trump anunció su retiro del acuerdo y, el 6 de agosto, la reimposición de sanciones para aplicarle “máxima presión económica” a Irán: dijo que penalizaría el comercio de oro, metales preciosos y otros, incluidos el aluminio y el acero; castigaría el sector automotriz y prohibiría las transacciones financieras relacionadas con el sistema de ferrocarriles. También adelantó que impediría que Teherán adquiera dólares, que se comercie con ese país, y que se compre o facilite la emisión de deuda soberana.

Los restantes cinco miembros del P5+1 reclamaron que Washington rompiera la unidad al tomar una decisión tan grave sin tomar a nadie en cuenta, y alertaron sobre el peligro de que el colapso del acuerdo provocara una escalada violenta y, eventualmente, un conflicto armado.

El 24 de septiembre, el quinteto se propuso salvar el acuerdo mediante la búsqueda de formas de reestablecer el acceso iraní a los mercados (más de 100 empresas internacionales habían anunciado ya su retiro de Irán, cuyas exportaciones de crudo habían caído de 2.5 millones de barriles diarios a sólo un millón).

Pero Trump los amenazó, en una reunión del Consejo de Seguridad, dos días después: “Cualquier individuo o entidad que se niegue a cumplir con las sanciones tendrá que hacer frente a serias consecuencias”.

 

El dólar en problemas

La hegemonía del dólar es clave para la economía de Estados Unidos, que se puede financiar a bajo costo a raíz de que su moneda es atesorada por los bancos estatales y privados de todos los países. Es, además, un eficaz instrumento de presión directa, que está utilizando, por ejemplo, para estrangular a Irán, al negarle el acceso a los dólares que necesita para realizar sus intercambios.

La emergencia de nuevas potencias económicas de alcance global, no obstante, presenta amenazas serias para el billete verdinegro. Varias de ellas han lanzado ya iniciativas para reemplazarlo a nivel limitado.

Aunque China sigue siendo el mayor poseedor de bonos de deuda soberana estadunidense, ha reducido su participación en ella mientras fortalece el yuan mediante la acumulación de reservas de oro, el lanzamiento de futuros del crudo valuados en yuanes y utilizando su moneda en intercambios internacionales que antes realizaba con dólares.

Tanto en su iniciativa de la Ruta de la Seda, que promoverá el comercio en todo Asia, y su propuesta Asociación Comprehensiva Económica Regional (que incluiría a 16 países que reúnen el 40% del PIB mundial, y que podría reemplazar al debilitado TPP), introducirá instrumentos financieros para promover el uso del yuan.

India, que actualmente es la sexta economía mundial y apunta a colocarse entre las primeras cuatro, se ha visto afectada directamente por los frentes de conflicto que ha abierto Trump.

Como resultado de las sanciones aplicadas contra Moscú, ha decidido emplear el rublo ruso en lugar de dólar en sus pagos por la compra de sistemas de defensa aérea S-400, y ha tenido que hacer lo mismo, pero con rupias indias, para solventar sus adquisiciones de petróleo iraní, del que es uno de los mayores importadores.

Explícitamente, Turquía ha lanzado una nueva política de comercio sin dólares, y ya ha anunciado que está preparando mecanismos para realizar sus intercambios en monedas nacionales con China, Rusia y Ucrania, y que estudia hacerlo también con Irán.

Aunque el presidente Vladimir Putin ha declarado que Estados Unidos está “cometiendo un error estratégico colosal al minar la confianza en el dólar”, los rusos no tienen una política abierta como los turcos.

Sin embargo, en aras de protegerse utilizando “activos más seguros”, el Ministerio de Finanzas está cambiando sus bonos del Tesoro de EU por rublos, euros y metales preciosos.

Además, las sanciones económicas han llevado a Rusia a desarrollar un sistema nacional de pagos, alternativo al sistema SWIFT, Visa y MasterCard. Ya está aplicando acuerdos de intercambio de moneda con China, India e Irán, y le ha propuesto hacer lo mismo a la Unión Europea. Como los chinos, está apostando a fortalecer el rublo mediante la acumulación de oro.

 

Retirada posible

“Lo dije desde el primer día: no confíen en Estados Unidos”: el ayatolá Alí Jamenei, quien como líder supremo de Irán tiene primacía sobre el presidente Rouhani, regañó a su jefe de gobierno, gran promotor del pacto nuclear, tras el anuncio de Trump. Y el 23 de mayo presentó una lista de condiciones para que su país permaneciera en el acuerdo, entre ellas que los países europeos protejan el comercio iraní de las presiones de EU, que le sigan comprando petróleo y adquieran además el que se deje de vender por las sanciones, y que no presionen a Teherán para negociar lo ya negociado sobre su programa atómico.

El establecimiento de INSTEX el 31 de enero parece estar, sin embargo, todavía lejos de lo que quiere Teherán. El ministro iraní de Exteriores, Javad Zafiri, le dio la bienvenida de una manera tibia, en espera de medidas adicionales: “es un primer paso que se había tardado”, expresó en un tuit, “seguimos listos para un compromiso constructivo con la Unión Europea, paralelo y con respeto mutuo”.

Inicialmente, INSTEX no toca el petróleo ni alguno de los sectores industriales iraníes afectados por las sanciones, sino que se dirige a aliviar las necesidades de la población: productos agrícolas y equipos médicos y farmacéuticos.

No es lo que exigió el ayatolá Jamenei. Irán se mantiene a la expectativa, en todo caso, porque no ha desaparecido la promesa de los europeos: Federica Mogherini, alta representante de la UE para asuntos exteriores, recalcó que el levantamiento de sanciones es un objetivo esencial, que se persigue darles a “los operadores económicos el marco necesario para llevar a cabo un comercio legítimo con Irán”, y confirmó que en un futuro próximo, INSTEX perseguiría dos metas de interés directo para Teherán: la incorporación de terceros países y la inclusión del sector de la energía.

Los riesgos no se limitan a las insuficiencias de este “primer paso”: si bien el OIEA ha entregado 13 reportes consecutivos del buen cumplimiento iraní del pacto nuclear, la Unión Europea tiene que responder a las acusaciones que le ha hecho Washington, en el sentido de fortalecer económicamente a un “régimen que apoya el terrorismo”, Irán.

Por eso, mientras por un lado intenta retener a los iraníes en el acuerdo con buenos gestos, por el otro los trata con dureza: el martes 5, el Ministerio iraní de Exteriores rechazó las críticas europeas por el lanzamiento de prueba de Hoveizeh, un misil crucero. La UE se dijo “gravemente preocupada por la actividad iraní en misiles balísticos” (que no forma parte del acuerdo nuclear). “Las claras amenazas contra la República Islámica no son constructivas, eficientes ni de ayuda”, le respondieron, “ni están en línea con la seguridad regional ni los verdaderos intereses de Europa”.

Los analistas advierten que no se debe subestimar la posibilidad de que Irán termine retirándose del acuerdo. Ya ocurrió así en el pasado: en 2003 y 2004, se produjeron principios de entendimiento sobre el tema nuclear entre iraníes y europeos, pero al final estos últimos cedieron a las presiones del presidente George W. Bush e Irán reanudó el enriquecimiento de uranio, que había suspendido voluntariamente.

Las consecuencias no se quedaron allí: los reformistas que entonces gobernaban en Teherán fueron barridos políticamente y ganó un nuevo presidente de línea dura, Mahmud Ahmadineyad, que ordenó acelerar el programa nuclear iraní.

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