Restaurantes y pescaderías dan atún en lugar de marlín; estudio revela fraude en comida del mar

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Un 95% de las veces que una persona ordenó determinada cantidad de pescado de la especie marlín en un establecimiento comercial o restaurante recibió atún aleta amarilla, y uno de cada cinco consumidores se llevaron o degustaron tiburón, reveló la organización Oceana México en su informe GatoXLiebre, una investigación sobre el fraude y sustitución en la comida del mar.

El estudio realizado en las ciudades de México, Mazatlán y Cancún arrojó que una de cada tres veces que los consumidores compraron alguna especie de pescado, recibieron generalmente otra de menor precio, una práctica que, según el reporte, no sólo afecta la economía de los consumidores y pescadores, también pone en riesgo la salud de los mares.

De las 376 muestras analizadas,  11.2% de ellas provino de 13 especies amenazadas y ocho en riesgo, de acuerdo con la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (Uicn), entre ellas nueve especies diferentes de tiburón que se vendieron como marlín o cazón.

La organización señaló que, si bien la pesca de estas especies no es ilegal en nuestro país, la situación de vulnerabilidad por la que atraviesan debería empujar a tener mayor cuidado en su recolección y consumo.

Las especies más sustituidas en pescaderías, supermercados y restaurantes fueron el marlín (95%); la sierra (89%); el mero (87%); el huachinango (54%) y el robalo (53%).

De acuerdo con el estudio, la Ciudad de México, el punto comercial de pescados y mariscos más grande del país, mostró el porcentaje de sustitución más alto con 34%, en especies como el dorado (85%), huachinango (78%), mero (100%), robalo (50%) y marlín (83%).

Mientras que Cancún, en Quintana Roo, obtuvo un porcentaje general del 26.5%; con un 100% de sustitución en el marlín, y un 80% en mero.

Por su parte, Mazatlán, en Sinaloa, registró el 31.6% en promedio general, con el marlín (100%), la sierra (100%) y el pargo (50), como las especies más sustituidas.

En el 60% de los casos la sustitución se dio por un producto de menor valor, como en el caso del mero, robalo y huachinango, sustituidos comúnmente por tilapia, basa o raya, mientras que el 40% restante se cambió por un pescado de valor similar, pero menos conocido, o incluso de mayor valor.

Las especies más sustituidas llegan incluso a rebasar once veces el costo del tipo de pescado con el que son remplazadas; por ejemplo, el huachinango, que tiene un precio aproximado de 600 pesos y cuyo lugar ocupa, generalmente, el bagre, que cuesta 53 pesos mexicanos.

En general, los lugares con el nivel más alto de sustitución fueron las pescaderías, con un 36.5%; los restaurantes, con 33.5%, y los supermercados, con un 16.5%.

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El informe advierte que aunque la sustitución de especies no es siempre motivada por una ganancia económica, siempre hay un costo por la sustitución, pagado a veces por el consumidor, otras por el mar, los pescadores y los comercializadores.

Los pescadores opinan, dentro del estudio, que ellos son los más afectados puesto que los productos que compiten en el mercado se pescan o cosechan con esfuerzos diferentes como si fueran lo mismo, a lo que se suma la competencia desleal.

La sustitución y el fraude en la comida del mar suceden en el contexto de una cadena de comercialización compleja en la que intervienen varios actores. No todas las especies pasan por los mismos procedimientos, por lo que no existe un esquema detallado que aplique para todas las pesquerías, explica el estudio

“Detrás de cada recurso marino hay un plan de aprovechamiento sustentable en el cual se ha invertido tiempo, dinero y esfuerzo; cuando pagas una especie por otra, pones en riesgo ese gran esfuerzo que afecta en primera instancia a los pescadores”, afirmó José Luis Carrillo Galaz, vocal financiero del Consejo de Administración de la Confederación Mexicana de Cooperativas Pesqueras y Acuícolas (Conmecoop).

Además, la sustitución no sólo afecta en los bolsillos de los compradores sino que tiene un impacto directo en el ecosistema de los mares, debido a que la constante aparición de los pescados en los menús puede dar una falsa idea de abundancia.

La organización alertó sobre casos como el del mero, especie que aparece continuamente en los menús y se vende como tal en las pescaderías y los supermercados, pero que, de acuerdo con el análisis de la Carta Nacional Pesquera, tiene por lo menos 18 años sobreexplotado en el golfo de México.

En el estudio se reconoce que, pese a la exigencia de documentos para acreditar la procedencia legal del producto y de las acciones de inspección y vigilancia para determinar la inocuidad del pescado y marisco, se carece de requerimientos de trazabilidad que permitan rastrear el pescado desde el plato hasta la mesa.

Oceana México explicó que el propósito del estudio es hacer un llamado de atención para las autoridades, la gente en el negocio de la venta de pescado y los consumidores, para iniciar la discusión sobre la problemática que afecta la salud de los mares y los bolsillos de los compradores.

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