“El Complot Mongol”, de Sebastián del Amo, en cartelera

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Damián Alcázar, Bárbara Mori, Eugenio Derbez, Ari Brickman, Roberto Sosa, Javier López “Chabelo”, Lisa Owen, Gustavo Sánchez Parra, Diana Lein, Humberto Busto, Juan Carlos Colombo, Mauricio Isaac, Hugo Stiglitz y Gabriela de la Garza , entre otros actores, forman parte de ¡la maldita intriga internacional! en El complot mongol, película de Sebastián del Amo.

El filme (basado en la novela negra mexicana con el mismo título, de Rafael Bernal) se ubica hacia 1963 en el barrio chino de la calle de Dolores, de la Ciudad de México.

La URSS se entera que China intenta asesinar al presidente de Estados Unidos, John F.Kennedy, en su próxima visita a México.

Filiberto García, un policía judicial, más con alma de matón que de detective, cuenta con 72 horas para investigar si es verdad el rumor de esa maquinación llamada el Complot Mongol.

En dicha conspiración, que también indaga un agente de la CIA y otro de la KGB, sobresale el nombre de un mafioso: Hugo Stiglitz, por lo que se le pregunta al cineasta Del Amo, ¿cómo surgió en la trama el homenaje a este actor mexicano?, nacido el 28 de agosto de 1940 en la capital del país, y explica que cuando estaba cerrando el casting, de El Complot Mongol, le habló un amigo:

“Me dijo: ‘Estoy con mi cuate Hugo Stiglitz, que si no le das un papel’. Y yo le manifesté: ‘¡No manches!, ¿de verdad conoce a Hugo Stiglitz?’ Lo fui a ver, nos hicimos inmediatamente muy buenos cuates, y la propuesta fue que como justo está este personaje en la novela del cual hablan todo el tiempo y que sólo aparece al final y lo matan, ¿cómo veía la broma de que ese personaje se llamara como él? Y al final le encantó la idea. Fue más como un chiste privado, como Quentin Tarantino en Bastardos sin gloria le puso a un personaje el nombre Hugo Stiglitz, yo hice la broma de que yo si pude tener a Hugo Stiglitz y Tarantino, no”.

-En la cinta, existe ese dialogo de que “las leyes son para los jodidos” y “las leyes no valen, sino los amigos”, en fin, ¿qué opina de esos mensajes de la injusticia?

-Sin duda la novela es una crítica social y política importante, pero dentro del contexto de su época. Y eso no ha cambiado. La historia parece que es cíclica o que estamos destinados a tropezarnos varias veces con la misma piedra, pero el caso es que tú abres el periódico y vez que el contexto mundial tampoco es que sea muy diferente. Ahí están los rusos, los gringos, los chinos y ahora quizá ya no es Cuba el motivo del conflicto, sino Venezuela. Luego si uno cambia de sección, a la parte de las noticias locales, de pronto se encuentra uno con La Operación Berlín.

-Otros tópicos son la corrupción y cómo abusa de su poder un político y ahí está coludido el Ejército, son muy familiares, ¿verdad?

-Sí, siempre es como algo regular que pase este tipo de cosas. Está claro que siempre hay figuras importantes tras un complot. Ahí se dice: “Detrás de un mandón, generalmente hay una figura importante”.

-En el largometraje se aprecia una narración teatral, ¿era su objetivo mostrar esa propuesta?

-El libro es una novela negra clásica, en el sentido que posee su antihéroe, su mujer fatal, su desenlace trágico, en fin, y una de sus características primordiales, es que es muy divertida, porque uno constantemente lee lo que el agente Filiberto García piensa, lo cual corresponde con lo que dice y realiza. Y las dos opciones que tenía para que el espectador entrara en esa intimidad de pensamiento de García era o la típica voz en off, ya muy utilizada en el cine negro y el thriller policiaco en general o este recurso de voltear a la cámara y dirigirse al público que tampoco es nada nuevo, pero bueno de alguna manera creo que es menos solemne que la voz en off.

-¿Por qué reúne a todo ese reparto? Damián Alcázar es el principal, ¿cuál era su objetivo con el elenco?

No engaño a nadie, la primera intención era crear un balance entre una película más de carácter un poco autoral, en la que de nuevo intento aportar mi sello particular, mi estilo de filmar, etcétera, y para que El Complot Mongol llegara a un público masivo, que tuviera una salida importante, intenté sin duda un balance con lo comercial. A partir de ahí, invité a unos actores de diferentes ámbitos, de la televisión y el cine, y logré afortunadamente gracias a su infinita generosidad lograr este elenco multiestelar.

-¿De qué manera este proyecto lo deja satisfecho?

-La satisfacción personal es muy alta, evidentemente es un trabajo que venía persiguiendo desde hace muchos años. Cuando contaba con 13 años de edad me dieron a leer la novela y a partir de ahí se volvió una de mis favoritas de la vida. Luego, cuando presenté El fantástico mundo de Juan Orol en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, ya llevaba bajo el brazo El Complot Mongol. Es una enorme satisfacción el haber logrado terminarla. Y se estrena a partir de este 18 de abril en los cines. Ojlá que nos vaya bien porque también soy productor de la película.

“Si funciona creo que le puede abrir una nueva ventana al cine mexicano, a un nuevo género, porque de alguna manera ya pasó con Cantinflas que a raíz del éxito que tuvo, hubo una efervescencia notoria con las bioficciones, porque cuando estaba haciendo El fantástico mundo de Juan Orol, todo mundo me decía: ‘No, es que la bioficción ya es un género que está muerto, a nadie le interesa’, y resultó que era un género más bien esperando explotar. Espero que eso suceda también con El Complot Mongol. Resulta que el thriller policiaco literario contiene muy buenos exponentes, como Paco Ignacio Taibo II, Eduardo Mendoza, Bernardo Esquinca, Francisco Haghenbeck e Iván Farías. Es una generación muy prolífica haciendo justo novela negra y thriller policiaco, y es una fuente muy interesante de historias, que ojalá los señores del negocio, por un lado, las permitan y, por otro, que otros realizadores apuesten por ello”.

Acerca del autor

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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