Nuestra heroica niñez y la justicia climática

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Mamá, Papá, de grande quiero ser superheroína y salvar al planeta, exclamará nuestra hija. ¿Y no querrás cambiarte de apellido al de Stark?, le responderemos. Imagino esa conversación con ella dentro de unos años. Quizá sea su gusto ver series épicas como Game of Thrones o películas del Universo Marvel; o quizá no.

Lo que es un hecho es que si al pasar el tiempo ella sueña con ser una chica superpoderosa y quiere proteger nuestro mundo, le diremos que lo que desea no es una fantasía, sino una urgente necesidad. Si todo permanece igual, en verdad le tocará librar muchas batallas de supervivencia, por aire, por agua y por comida.

A lo mejor, en el escenario ideal, la situación mejora y podremos alentarla para que sea lo que quiera ser, recordando que cuando ella nació, nos tocó vivir en una época en la cual la niñez puso el ejemplo, alzó la voz y empezó a cambiar las cosas. Le hablaremos de una joven Greta, pero también le vamos a presumir que mucho más de cerca, conocimos a un grupo de niñas y niños que iniciaron una lucha en México para mejorar la calidad del aire y evitar con ello miles de muertes.

Le contaremos que Amelia, Fernando, Roberto, Bryan, Mikel, Patrick y también Alexander, un año antes de que naciera, el 1 de noviembre de 2017, le pidieron a las autoridades que mejoraran las normas sobre la calidad del aire en el país. Que gracias a su acción nos permitieron tomar conciencia, nos inspiraron y nos hicieron mejores personas.

La suya no será una historia con un final del todo feliz. Le tendremos que decir a nuestra hija que las autoridades ni caso les hicieron y que cuando llevaron la batalla a los tribunales el 14 de febrero de 2018, el que conoció de su causa no defendió sus derechos humanos. En esta parte del relato, habremos de explicarle que el tribunal de amparo ni entendió bien su reclamo, ni resolvió completa su demanda y que puso de pretexto que para atender el problema de la mala calidad del aire, existen leyes que se deben respetar, sin percatarse siquiera si ellas violan nuestra Constitución.

Si nuestra hija entristece en ese momento le diremos que la vida no es color pastel todo el tiempo, sino que la diversidad de colores, luces y sombras la enriquece. A veces se tiene que perder un caso particular para avanzar la causa general. Otras, una sentencia adversa enseña más por sus errores y la injusticia que avala, y con ello permite que en el siguiente caso, en la siguiente batalla, la justicia prevalezca.

El desenlace de esta historia, a este día, todavía no se ha escrito. Sin embargo, puedo compartir que se encuentra en su parte más terrible, más incierta. Desde el día en que aquel grupo de niñ@s le pidieron a la autoridad –la Cofepris– hacer su trabajo, y hasta esta fecha, no se han evitado alrededor de 26 mil decesos.

Ese número es de horror, y más, porque esas muertes pudieron prevenirse. La indiferencia del tribunal de amparo que cegado por una visión formalista y legalista ni siquiera reparó en el dato, es de escándalo. Peor, a diferencia de las películas de ficción, el tiempo no puede alterarse. Nadie va a regresar a todas esas personas que perecieron por la terquedad de las autoridades de no ajustar las leyes y normas que aplican, de manera que ofrezcan la mayor protección posible.

La protesta en la Cofepris. Foto: Consuelo Pagaza / Greenpeace

La protesta en la Cofepris. Foto: Consuelo Pagaza / Greenpeace

Pero la trama de este asunto no concluye todavía. Hoy se tiene una siguiente oportunidad para hacer lo correcto, para dictar una sentencia de elemental justicia climática que reconozca que todas las personas tenemos derecho al aire limpio, y que en consecuencia, las autoridades están obligadas a su respeto y su garantía.

En las siguientes semanas otro tribunal puede cambiar el curso de la historia. De las tres personas que lo conforman depende hoy el destino de millones. Y con ello, el desenlace del relato que en algunos años contaremos a nuestra hija. Ojalá le podamos presumir que pudimos atestiguar directamente como una simple exigencia de niñas y niños, nos salvó. Y así, ella sabrá que cualquier persona tiene la posibilidad de transformar el mundo para mejor, no porque se lo decimos, sino porque así sucedió. Ese será el recuento de su primer Día de la Niña y Niño.

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