Caravanizando la Migración: Una perspectiva desde México

Avanzando por Chiapas. Foto: Eduardo Miranda Avanzando por Chiapas. Foto: Eduardo Miranda

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En los últimos tiempos se han registrado flujos y tendencias migratorias fuera de lo común en nuestro hemisferio. La llamada crisis de los menores migrantes sin acompañamiento y el surgimiento de caravanas transitando por territorio mexicano rumbo a Estados Unidos –que aparecen hace unos años, visibilizándose internacionalmente en octubre pasado– demostraron que los movimientos migratorios masivos no son de naturaleza orgánica. Actores clave han acompañado y facilitado el tránsito de menores y familias migrantes hacia la frontera con Estados Unidos de una forma bastante organizada.

Comenzamos a identificar estas nuevas dinámicas desde octubre de 2013, cuando se detectó, en el Albergue Hermanos en el Camino, un extraño incremento de menores no acompañados. En el marco de la caravana “Abriendo las Puertas a la Esperanza” se pudo entrevistar a adolescentes y familias en México y algunas ciudades de Estados Unidos. A través de estas conversaciones, aprendimos que “alguien” extendió un rumor en algunas regiones de Centroamérica sobre la posibilidad real de llegar a Estados Unidos a través de la petición de asilo. La comunicación fue muy efectiva y parecía ser parte de una campaña orquestada.

En el verano del 2014 tuvo lugar la denominada “crisis de los menores migrantes no acompañados”, a la que le siguió la reacción de las autoridades de Estados Unidos buscando el apoyo de México. A petición expresa del gobierno de aquel país, la administración presidencial de Enrique Peña Nieto respondió a través de la implementación del llamado “Plan Frontera Sur”. El episodio de 2014 reveló la forma en que este tipo de fenómenos de migración en masa permite a Estados Unidos ejercer presión sobre México y demuestra cómo nuestro país actuó como “patio trasero” de la Unión Americana a través de la ejecución de un plan de contención migratoria.

México se convirtió entonces en el policía vigilante de su frontera con Centroamérica, lo cual tuvo consecuencias muy negativas, tanto para el país como para las personas migrantes. Dicha política promovió mayor violencia y abusos contra los migrantes y refugiados en territorio mexicano. De forma irónica, los traficantes de personas, las autoridades corruptas y las organizaciones criminales se beneficiaron ampliamente de este nuevo modelo y de la decisión por parte de México de reforzar la seguridad en su frontera sur y aplicar con rigor las leyes migratorias para beneficiar a su vecino del norte.

Los abusos contra migrantes continuaron y Donald Trump se convirtió en presidente de Estados Unidos, prometiendo la construcción de un muro fronterizo, así como la aplicación de mayores límites a la entrada de migrantes y musulmanes. No obstante, dicha retórica no detuvo la migración irregular. En realidad, muchas personas en América Central fueron forzadas a abandonar sus hogares y tierras por las terribles condiciones que enfrentaban. Ellos continuaron su camino en busca del “Sueño Americano” sin importar los enormes peligros que encontraban a lo largo de las rutas migratorias. Ahora el “sueño” podía hacerse realidad para un mayor número de familias y migrantes no acompañados, quienes comenzaron a entrar de manera más regular a su destino principal a través de la petición de asilo.

Sabemos que la precaria situación que se vive en Centroamérica no ha mejorado visiblemente. Los desplazamientos forzados se explican por los altos niveles de violencia vinculados a las pandillas, por la corrupción y por condiciones económicas deplorables. Sin embargo, en años recientes y particularmente en los últimos meses (entre octubre de 2018 y abril de 2019), podemos apreciar un incremento sin precedentes en los flujos migratorios provenientes de los países al sur de México. Pero, ¿por qué este aumento tan significativo si las condiciones económicas y de seguridad no han cambiado fundamentalmente? Las caravanas nos tomaron a todos por sorpresa y cambiaron radicalmente las formas tradicionales de la migración irregular y del tráfico de seres humanos.

La caravanización del éxodo de la migración centroamericana y de otros países del mundo en desarrollo ha tenido un impacto muy negativo para la estabilidad en México, su tejido social y su economía. Al mismo tiempo, pone en enorme riesgo a mujeres, niños y a los migrantes más vulnerables que deciden viajar en caravana dadas las condiciones del trayecto y la presencia de traficantes de personas y otros actores criminales en las rutas y en las mismas caravanas.

México ha quedado en medio de la tragedia centroamericana y del anunciado muro de Trump y su irracional política migratoria. México parece ser el país más afectado de todos. Por consiguiente, parece muy extraño que las voces mexicanas no sean invitadas a participar en el debate organizado por la prensa internacional. Los medios de comunicación masiva estadunidenses dominan la conversación, en la cual sus protagonistas son periodistas que hablan en inglés y migrantes centroamericanos “seleccionados” por ellos mismos. Estos últimos nos comparten testimonios que parecieran tener un objetivo en concreto: destacar la tragedia centroamericana sin hablar de las otras causas que provocan la migración en caravanas.

Las voces mexicanas están ausentes en los grandes medios internacionales. Mientras tanto, las redes de defensores tradicionales que brindan apoyo a los migrantes en nuestro país siguen trabajando con intensidad y compromiso, aunque en condiciones cada vez más difíciles y operando en albergues o instalaciones que se encuentran a su máxima capacidad.

A la par de las caravanas –cuyo sentido social y beneficios a largo plazo no son claros– ha surgido un discurso distinto con respecto a la migración irregular en los Estados Unidos. Este discurso parece distorsionar la realidad y servir a los intereses económicos y políticos de distintos grupos que promueven y financian las caravanas. Muchos parecen beneficiarse de esta tragedia humana –que constituye, al mismo tiempo, una crisis para México. Hablamos específicamente de la administración de Trump, miembros de los dos principales partidos políticos en Estados Unidos, seudoactivistas mercenarios, las élites políticas centroamericanas y compañías trasnacionales que hacen grandes negocios en territorios clave del Triángulo Norte.

Tenemos algunas hipótesis que no se basan en marcos teóricos conspiratorios (o “teorías de la conspiración”), pero sí en años de conversar con migrantes al recibirlos en México y brindarles apoyo en su camino hacia su sueño americano. No es necesaria la utilización de metodologías sofisticadas para demostrar que las caravanas no son ni orgánicas ni espontáneas en esencia. Además, sabemos que no resultan de la ocurrencia de desastres naturales (como el huracán Mitch) o de crisis políticas mayores (como las de Venezuela y Nicaragua). No obstante lo anterior, reconocemos el efecto de los factores expulsores de la migración, así como las vulnerabilidades y la agencia de aquellos que huyen de la violencia, la extrema pobreza y la falta de oportunidades en sus países de origen. No minimizamos de ninguna manera estas condiciones.

Después de años de trabajar directamente con personas migrantes, los defensores tradicionales de los derechos de estos “ciudadanos del mundo” han identificado en la era presente nuevas dinámicas perversas y organizadores muy concretos de las caravanas, tales como la organización Pueblo sin Fronteras. Intereses específicos parecen promover y patrocinar la caravanización de la migración desde el otro lado de la frontera sur de México. Pero, ¿quién concretamente financia estas movilizaciones en masa? Parece ser que hay claros intereses políticos, económicos y geopolíticos involucrados. También se pueden esbozar algunas hipótesis importantes (sujetas a verificación, por supuesto) para entender esta crisis migratoria y de derechos humanos que afecta a México y ha puesto a los migrantes en enorme riesgo.

El fenómeno de las caravanas ocurre en un momento crucial: una nueva administración en México que coincide con el gobierno de Donald Trump, quien hace de la migración –o más concretamente de su muro fronterizo y una supuesta crisis humanitaria en la frontera– su bandera para una eventual reelección. Por otro lado, y en caso de ser cierto que George Soros apoya financieramente estas movilizaciones, podríamos pensar que los migrantes, además de ser una mercancía para el crimen organizado, estarían siendo utilizados como un arma virtual capaz de desestabilizar al incipiente gobierno de México.

Actores ilegales y criminales también lucran a partir de las nuevas formas de migración en caravana a través del coyotaje, la extorsión, el secuestro, el tráfico de drogas y la trata de personas. El crimen organizado y las autoridades corruptas (lo que llamamos el “crimen autorizado”) se encuentran directamente involucrados en estos procesos. Los seudoactivistas y algunos abogados de migración también se benefician de esta tragedia humana. Un análisis de redes (network analysis) podría ser útil para ubicar a los actores específicos que organizan directamente o promueven de forma indirecta estas movilizaciones.

El denominado “éxodo” migrante beneficia además a corporaciones trasnacionales que siempre han estado interesadas en usufructuar tierras centroamericanas ricas en recursos naturales o aquellas que son ideales para el desarrollo de grandes proyectos de inversión en infraestructura o turismo. Dichas tierras estuvieron alguna vez densamente pobladas y ahora están siendo abandonadas parcialmente debido a la migración forzada. Éste podría ser el caso del Departamento de Colón en Honduras, donde se localizan hermosas playas y parques naturales. Un gran número de personas de la comunidad garífuna han sido desplazadas de esas tierras, las cuales parecen ser un tesoro para las élites económicas hondureñas y grandes inversionistas trasnacionales en el sector turístico.

La geopolítica podría estar jugando también un papel clave. Por un lado, la construcción del muro del Trump involucraría a contratistas estadunidenses e israelíes allegados al presidente y su círculo más cercano con intereses geoestratégicos claros. Por el otro lado, se planean importantes proyectos de inversión para el desarrollo del sur y sureste de México –tales como el Tren Maya, la refinería Dos Bocas en Tabasco, el Corredor Transítsmico y el reforzamiento de la refinería de Salina Cruz. Aquí se programa la participación de empresas y tecnologías provenientes de China, India y otras naciones (algunas rivales de Estados Unidos). En un mundo multipolar, la desestabilización a través de las migraciones masivas podría ser un objetivo bastante conveniente y estratégico.

Es necesario realizar una investigación más profunda de los fenómenos antes mencionados con el objeto de verificar o rechazar estas hipótesis. En el contexto actual, el poder y el dinero parecen ser realmente los motores de la crisis humanitaria que se está viviendo en las dos fronteras de México. Sin embargo, no podemos olvidar que estamos realmente hablando de seres humanos y no de mercancías o “invasores” que se utilizan como artefactos desestabilizadores. Por lo tanto, hacemos un llamado a los políticos de todos los países de América (y sobre todo de Estados Unidos), a las autoridades gubernamentales y a la sociedad civil para asumir una postura consciente, analítica, crítica y constructiva en torno a la complejidad de la migración presente.

Exhortamos también a los sectores políticos y a organizaciones de la sociedad civil que trabajan con personas migrantes en situación irregular para que todos traten con respecto a nuestras hermanas y hermanos que son forzados a migrar, sin manipulaciones y evitando a toda costa la comercialización de la vida humana. El empleo estratégico de la vulnerabilidad de los migrantes para desestabilizar un país es un acto profundamente inhumano e inaceptable. Esta es nuestra visión desde México.  l

*Alejandro Solalinde Guerra es sacerdote católico y fundador del albergue para migrantes Hermanos en el Camino. Recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos en 2012 y el Premio Geuzenpenning en 2019. Fue también nominado al Premio Nobel de la Paz en 2017.

La doctora Guadalupe Correa-Cabrera es profesora asociada en la Escuela Schar de Política y Gobierno en la Universidad de George Mason y experta reconocida en los temas de migración, tráfico y trata de personas y crimen organizado. Es autora del libro Los Zetas Inc. (Planeta 2018).

Este ensayo se publicó el 28 de abril de 2019 en la edición 2217 de la revista Proceso

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