México en Festival de Toronto: Genocidio en Chihuahua

El Guardián de la Memoria. La filmación. Foto: Especial El Guardián de la Memoria. La filmación. Foto: Especial

Retrato espeluznante de la violencia por la fracasada guerra contra el narco que impuso Felipe Calderón en su sexenio, el documental de Marcela Arteaga El guardián de la memoria llega al International Spectrum del Festival Hot Docs de Toronto para mostrar cómo el poblado chihuahuense de Guadalupe fue diezmado tras los saqueos de la fuerza militar federal. La cinta recoge testimonios de las víctimas, así como del abogado humanista Carlos Spector.              

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Guadalupe, Chihuahua, “era un pueblo chico y muy bonito, quizá muy terroso, pero todo estaba en paz”, no obstante, desde marzo del 2008 cuando irrumpieron policías federales, ministeriales y el Ejército debido al Operativo Conjunto Chihuahua (impulsado por el entonces presidente Felipe Calderón), “empezaron a aparecer muertos, después hubo desaparecidos, luego iniciaron las extorsiones y las amenazas”.

Por ello, familias enteras a quienes les asesinaron parientes, salieron del lugar y muchos pidieron asilo político a Estados Unidos, donde también se han enfrentado a la vejación.

Todo eso es relatado por nueve víctimas de Guadalupe en el documental El guardián de la memoria, de Marcela Arteaga, donde además Carlos Spector, abogado de migración en Texas, da cuenta cómo y por qué inició este genocidio (como él directamente lo llama) en Guadalupe, donde en 2008 había 17 mil habitantes y hoy sólo quedan mil. 

El filme, producido por Fabián Hofman, forma parte de la selección oficial International Spectrum del Festival Hot Docs de Toronto, que inició el pasado 25 de abril y finaliza el mero 5 de mayo. La primera exhibición de El guardián de la memoria es el próximo domingo 28; la segunda el martes 30 y la tercera el sábado 4 de mayo.

Hot Docs se destaca como el encuentro de documentales más grande de América del Norte, ofreciendo una selección de más de 200 películas de Canadá y del mundo entero para un público de más de 200 mil personas en Toronto este año. En la sala THX de los Estudios Churubusco, tras una proyección especial del filme de 93 minutos, Arteaga platica con Proceso que el documental surgió tras “la absoluta impotencia e indignación que sentía de la situación del país”. 

Conoció al abogado Carlos Spector hacia 2014 en El Paso, Texas, con una comunidad de mexicanos que dialogaban sobre asuntos migratorios y ahí se encontraba él, quien es el que más casos de asilo político de mexicanos ha ganado.

“Me acerqué a Carlos y a todas estas personas a las cuales ha ayudado, fue desgarrador y estrujante escuchar lo que han vivido. Una vez metida en eso ya no hay manera de cerrar los ojos, ni decir: ‘Aquí no está pasando nada o muy amables por haberme narrado eso, ya me voy a mi casa’.”

Calderón promovió el saqueo

La cineasta mexicana empezó a investigar en 2014 sobre Guadalupe, Chihuahua, y terminó el proyecto el pasado mes de enero.

Una víctima de Guadalupe resalta en el documental:

“Se informó en las noticias que el gobierno federal había emprendido una lucha contra el narcotráfico y pensamos que las autoridades provenientes de la Ciudad de México venían a combatir el crimen organizado y a proteger a los civiles, ¡pero no! Empezamos a darnos cuenta que la policía federal estaba asesinando a policías municipales, y dijimos ‘¿qué pasa?’ Llegó el Ejército mexicano, la guardia nacional, con unos convoyes terribles, y muchos soldados como si estuviéramos en guerra. Y aquí las cosas se pusieron feas.

“El soldado y el policía federal comenzaron una cacería en contra de la población civil. Esculcaban las casas y se llevaban las televisiones y las computadoras. Le robaban a la población. La gente les agarró una desconfianza total a todas las autoridades, ¡a todas! Logramos entender que había una disputa por la plaza, pero no sabíamos si por el crimen organizado o por las autoridades.”

–Spector especifica que fue un genocidio y se refiere al crimen autorizado, ¿qué opina? –se le pregunta a la directora y también guionista del proyecto. 

–Aquí la palabra genocidio no existe… Hablamos de violencia, pero no de genocidio. En Guadalupe se encuentra el muro y la carretera y nada más, y había tres mil soldados en esa carretera; era una ‘trampa ratón’, no hay manera de entrar o salir de ahí si no se enteran los militares o cualquier autoridad. Y lo que dice Martín en la cinta es que en Guadalupe únicamente con seis policías locales con un arma y que para cada arma tenían nada más tres balas. No podían pedir más, porque se iban a tardar cinco años en llegar y que ellos no las podían comprar, porque entonces iban a violar la ley, y esa legislación no se cambió cuando empezó la guerra contra el narcotráfico. 

“Cuando Carlos Spector relata que es crimen autorizado por el Estado y aprovechado por los empresarios y cárteles me parece coherente. Es decir, no es nada más la droga, el cártel o el crimen organizado, sino una situación mucho más grande.”

El abogado cuenta en el largometraje, el cual obtuvo los premios Estímulo Gabriel García Márquez (IMCINE) Desarrollo de Proyecto, Beca de Chicken and Egg Pictures 2017 y el Cuarto Impulso Morelia de post producción de Estudios Churubusco Azteca, sobre una mujer y un hombre quienes con pistola en mano lo amenazaron frente a su oficina:

“Me expresaron que llevaba muchos casos ¡y aquel hombre era un delincuente! Yo pensé: ‘¿Ataco al Ejército mexicano y llega un delincuente a amenazarme?, ¿cómo es eso?’. Ese es el crimen autorizado.

“Cuando existe una violencia descontrolada, un genocidio sistemático contra un pueblo, se requiere de la cooperación de muchos sectores de la sociedad con intereses distintos. Hay una serie de megaproyectos binacionales. Por un lado está el petróleo que va de Texas a través de la tubería a Chihuahua, y por años ya habían planeado la construcción del puente más grande del mundo y de la frontera México-Estados Unidos que es el Puente Internacional Tornillo Guadalupe, más la construcción de una carretera de Samalayuca, llevando gente de Ciudad Juárez hacia Guadalupe.”

Considera que el reto de estos elementos únicamente es el desarrollo económico del Valle de Juárez:

“Eso explica por qué los criminales del grupo La Línea, que trabajaban para el Cártel de Juárez y los de Sinaloa quemaban los negocios. O que de un día para otro llegaban y les dicen: ‘¡Se deben de ir!’ Inicialmente pensábamos que era por la narrativa del gobierno: ‘Es bronca entre narcos’. ¡Y no era bronca entre narcos, era un pleito y una lucha para territorio, de un desarrollo económico para los pocos! No creo que había una mesa directiva de criminales y empresarios, de ‘tú haces esto y nosotros esto’. Pero les convenía. Y la impunidad permite todo eso. La impunidad es la política de la violencia.

“Es un crimen autorizado donde el Estado y los empresarios han permitido, a través de la impunidad, el control del pueblo por los criminales y para ellos qué importa si están robando o asesinando a la gente, a final de cuentas los van a correr.”

Cuerpos en el desierto

Arteaga, quien estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica, rodó en Guadalupe en 2016. Muestra las casas destruidas. Para entrar al pueblo, consiguió con Spector a alguien que protegiera a su pequeño grupo de filmación. 

Se le menciona a la directora que en El guardián de la memoria son impactantes las narraciones del nivel de violencia hacia los civiles. Y se le pide su sentir al comprobar ahí esa violencia sin piedad y cotidiana, y subraya:

“Me impulsó a pensar que esto no puede seguir pasando, que no nos debemos quedar callados, que debemos hacer algo. En mi caso, espero que el cine sirva porque eso no puede continuar. No puede ser que los hijos de alguien que van al parque se los lleva la policía y nunca más vuelven a aparecer. La madre los busca 17 días y ruega que se los entreguen y se los regresan muertos. ¿Qué pasa por la cabeza de un policía que se lleva a dos jóvenes y los mata? Carlos tiene toda la razón: La impunidad es la política de la violencia.”

En la cinta, la señora Rosi narra que ante la violencia en Guadalupe, ella les propuso a sus hijos salir de ahí, pero no quisieron:

“Me dijeron: ‘Ésta es nuestra casa, es nuestra vida, no andamos en nada malo’, y optamos por quedarnos. Mis dos hijos se fueron al parque con la cuatrimoto. Llegaron trocas de policías queriéndolos sacar del parque. Una vecina me avisó que se los habían llevado y me dio el número de las patrullas. Y empezamos a buscarlos y nada, en ninguna parte los presentaron. Le mostré el número de las patrullas a un policía de un banco que me conocía y me dijo que eran del grupo Delta. Un policía federal me señaló que fuera a la fiscalía a poner una denuncia de desaparición forzada, abuso de autoridad y robo de vehículo, nada más que no dijera quien me aconsejó. Fui y nadie me hacía caso.” 

Vio a los medios de comunicación a contar la desaparición, una muchacha de la fiscalía le tomó la declaración y le señaló que mejor se fuera porque corría peligro. Pasó 17 días buscando a sus hijos. 

Sus cuerpos fueron encontrados en el desierto.

Limpieza ideológica

A cuadro, el abogado rememora que en 2008, el Ejército hostigó primero al reportero Emilio Gutiérrez de El Diario de Noroeste en Chihuahua, y que a la vez arrestaron a Cipriana Jurado, activista de derechos humanos: 

“Fue una limpieza ideológica. El enemigo del Ejército eran los activistas y la prensa. Personas que metían una queja o una denuncia o una protesta de los abusos, eran acosados. La gente en masa salía por la violencia. Pedían asilo y el  85% de los casos son de Guadalupe. Es una nueva migración netamente política. Piden asilo en el puente, los insultan, les mandan a la migra y los detienen tres meses.”

Sus posibilidades de obtener asilo en Estados Unidos son mínimas: 98% de los casos de asilo para mexicanos son negados.

Otro de los entrevistados por la cineasta, platica:

“Lamentablemente en Estados Unidos empieza nuestro segundo infierno. Me trasladaron de El Paso a Sierra Blanca, a una prisión federal; ahí nos daban comida y sufríamos como prisioneros. Pensé: ‘Estoy cumpliendo una condena por venir a pedir ayuda o protección’. Carlos me expuso que había que demandar en una corte federal porque estaban violando sus propias leyes, no pueden tener en custodia a una persona más de seis meses. En diciembre del 2015, les ganamos. Y me pusieron una pulsera en el pie.”

–¿Qué opina del maltrato de los mexicanos que piden el asilo político en el país vecino del norte? –de nuevo se le interroga a Arteaga, también realizadora de Recuerdos, documental apoyado por la Rockefeller Foundation.

–Esta situación de mexicanos pidiendo asilo que son maltratados por los dos Estados, no se conoce en México. Cuando se fueron a Estados Unidos, el exgobernador César Duarte les dijo a todos que eran unos traidores por abandonar el país. Y además llegan a Estados Unidos y son tratados como criminales, buscapapeles, los apresan mucho tiempo y no cuentan con seguro médico, ni permiso de trabajo.

Martín recalca en la pantalla: 

“Sali para denunciar. El asilo no es una moda o un lujo, es el último boleto de un ser humano para la vida y para seguir luchando.”

Arteaga desconfía de la Guardia Nacional que propone el presidente López Obrador:

“Desde el inicio fui absolutamente escéptica por todas las historias que escuché, y más cuando Amnistía Internacional dijo: ‘No a la Guardia Nacional’. Ellos saben de lo que están hablando. La verdad estoy muy escéptica, pero por otro lado no nos queda otra que el beneficio de la duda porque si no, ¿qué hacemos? Espero que sí funcione.”

Rememora que inscribió el documental a Hot Docs Festival y fue seleccionado:

“Primero estoy súper contenta porque siempre pienso que está todo mal y es horrible, que no le va a gustar a nadie; pero que lo hayan aceptado ahí quiere decir que no es malo. ¿Qué puede pasar en Canadá? Espero que sea visto no como un problema local, sino como un problema para empezar de la región de Norteamérica. Nosotros estamos con esta crisis humanitaria en nuestras dos fronteras y ellos no son ajenos a esto. 

“La cinta por un lado me deja mucha desesperanza, porque las historias como las escuchamos aquí son la mitad de lo que son, por el tiempo no se ponen enteras; pero lo de Rosi es tremenda.”

En realidad, todas lo son. Y finaliza diciendo: 

“Por otro lado también me da esperanza porque los entrevistados poseen el ánimo de que si esto se sabe, entonces los muertos y los desaparecidos no se olvidarán.”

“Como artista puedo decir que en cada casa vacía, en cada objeto personal que quedó atrás, existe una historia más grande que no se puede olvidar. Mas que otra película de los cárteles de la droga en México, es un relato sobre la bondad y la esperanza que todavía existe en la gente que pasó por el infierno. De la lucha incansable de Spector por conservar la memoria y como él dice: ‘Exiliados, pero no olvidados’. Estar tan cerca de alguien que ha pasado por cosas tan terribles, no te permite volver a cerrar los ojos. Ahora me siento más culpable. Lo que quiero con la película es que si no lo sabías, lo sepas, y si se te olvidó, que te acuerdes.”     

Alfredo Holguín, igual de Guadalupe, destaca triste en el filme:

“Es como una vergüenza nacional que nosotros los mexicanos teniendo una tierra, una patria, tengamos que salir a otro lugar a buscar a lo que todo ser humano tiene derecho: una tierra, una nación, una identida. Es una vergüenza tener que venir a platicarle a un oficial de otro país que en mi nación no me trataron bien. Qué me extorcionaron, que en mi país me mataron a un hijo. Es una vergüenza tener que reconocer que en mi país no tuve la oportunidad.”   

Este texto se publicó el 28 de abril de 2019 en la edición 2217 de la revista Proceso

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Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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