“Casi Transilvania”

Planos superpuestos de realidad

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Un disparo, un crimen. Alguien es culpable, pero no se sabe quién disparó el gatillo y a quién hirió. Simplemente se abre la pregunta para dar paso a personajes intrincados en su interioridad que actúan, son, o construyen a otros personajes.

Casi Transilvania, obra escrita y dirigida por Bárbara Colio, nos invita a seguir múltiples líneas dramáticas que cuentan la historia, y a encontrar diversos planos de interpretación. Es una metáfora, tanto de lo que es la ficción y lo que es la realidad, como de ubicarnos en Transilvania, o casi, donde las personas necesitan absorber la sangre y la energía de los otros para poder existir y realizarse.

Una guionista y un director de cine son los motores de la acción; una pareja resquebrajada que intenta salir a flote: ella recuperando la confianza en sí misma y sorteando la presión de su madre, y él enfrentando un momento límite, porque los exámenes de laboratorio indican una leucemia avanzada. La filmación de su película, donde ella es socia mayoritaria y que está en la etapa final, tiene significados completamente distintos para cada uno de ellos; para él, su legado, para ella una traición.

A Julia, la escritora, interpretada por Lumi Cavazos, la acompaña en el escenario la actriz, Sophie Alexander-Katz, que sabe un secreto con el cual chantajeará al director, y Francisca, la Mesera, interpretada por Martha Mega. Tres universos complejos y llenos de ramificaciones que son encarnados con gran verosimilitud y profundidad por cada una de las intérpretes. Son distintas, contradictorias, a veces empáticas y también rivales. Mujeres que accionan y representan tres caras de una misma: la que inventa al personaje -la guionista-, la que interpreta al personaje -la actriz-, y la que contundentemente es la mesera.

En contraste se encuentra Hugo, interpretado por Tomás Rojas, habitado por sus propios demonios; egocéntrico e individualista, pero con una impronta que lo polariza aún más, pues su final está cerca.

Bárbara Colio maneja con inteligencia una estructura intrincada que rompe la linealidad del tiempo y, teniendo como hilo conductor los porqués del supuesto crimen, arma una madeja con hilos que emanan de cada uno de los personajes y se relacionan con los demás. Los planos de realidad se superponen, y la ficción de la película interacciona con la realidad que están viviendo. La autora dota de significados a ambos planos de realidad y critica desde las actitudes machistas del antagonista, hasta las expresiones desbordadas de una actriz obsesionada por tener un mejor papel.

El punto donde confluyen los personajes es el parque, y la propuesta escenográfica de iluminación de Matías Gorlero los unifica con la presencia de una palmera proyectada como sombra, que es podada en exceso por una sierra eléctrica que marca la destrucción. La convención escénica de ese parque se completa con sillones que evocan a Transilvania, y resoluciones que no requieren de nuevos espacios, como lo es el lugar de la locación.

Casi Transilvania, que se presenta en la Teatrería y es producida por La Rama de Teatro y En llamas producciones, a través de Efiartes, es una gran obra. Nos reta a entrar a una realidad poliédrica y compleja, que dolorosamente escarba en la oscuridad de los personajes en contraste con aspectos luminosos que todavía es posible salvar.

Esta reseña se publicó el 28 de abril de 2019 en la edición 2217 de la revista Proceso

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