Fonart cumple 45 años con lujo y austeridad

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Ataviadas con lujosos huipiles, funcionarias e invitadas asistieron a la celebración del 45 aniversario del Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart), fundado durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez como un fideicomiso para el apoyo de los creadores de arte popular.

Pero cabe preguntar si en realidad el Fonart no está festejando en harapos.

Con bombo y platillo la secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, anunció que como parte de la celebración el arte popular regresará al Palacio de Bellas Artes con una exposición planeada para 2021. Asimismo, que el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes incluye en la categoría de Jóvenes Creadores un campo para este género.

Aseguró, según un comunicado, que con la Secretaría de Economía se trabaja en “un programa en serio” para “fortalecer la exportación… de esta riqueza en el mundo”; que se recuperarán las tiendas de Fonart de avenida Juárez, en el Centro Histórico de esta ciudad, dañada por los sismos de 2017, y la de Matamoros, Tamaulipas.

Y dio la bienvenida al Fonart, que se integró a la Secretaría de Cultura (SC). Después de años de ser una dependencia de la desaparecida Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), el fideicomiso regresa al sector cultural del que fue separado por el entonces presidente del también desaparecido Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Rafael Tovar y de Teresa.

A lo largo de su historia, el fondo ha enfrentado varios problemas. Basta citar unos casos para ejemplificar.

Desdén

En 2002 el entonces oficial mayor de la Sedesol declaró que el artesano estaba muy estereotipado y se le relacionaba con una imagen “muy triste” y con muchos problemas. Por ello se apoyarían producciones con nuevos materiales y diseños, muy contemporáneos, y puso como ejemplo al exitoso diseñador de joyería Daniel Espinosa.

Especialistas en arte popular como la fallecida María Teresa Pomar, Ángeles González Gamio, Leonardo Linares, Sol Rubín de la Borbolla, José Hernández, Leonardo Linares, Juan Coronel Rivera y Georgina Luna Parra apelaron a los objetivos esenciales de Fonart mediante una carta, y algunos de ellos en una entrevista colectiva con el semanario Proceso:

“Ante la globalización, hoy más que nunca tenemos el deber de conservar esta herencia y subrayar así lo que nos hace únicos y poseedores de esta riqueza inagotable. El Arte Popular (con mayúsculas) está vivo, es dinámico y no es académico, ni tampoco industrial”.

Los diseñadores y artistas no tradicionales –agregaron– pertenecen a otro grupo “muy valioso, pero distinto al que debe apoyar Fonart, y ya existen instituciones para ello”.

Y describieron una problemática que ha persistido a lo largo de los años: Falta de un censo confiable, la incorporación de los artesanos como trabajadores de maquila y mano de obra barata, y las condiciones de marginalidad en la que vive la mayoría, que incluyen falta de protección social, atención médica y educación, entre otras.

Elefante blanco

En 2009 la Auditoria Superior de la Federación reportó irregularidades e “indicios de corrupción” durante las administraciones panistas, como consignó la revista Proceso en su momento. Así, mientras la mayoría de los ocho millones de artesanos del país que se tenían registrados viven en la miseria, sin recursos ni canales de comercialización, los altos funcionarios del fondo gozaban de altos salarios, viáticos de avión para ellos y sus familiares y hasta millonarios contratos con compañías de asesoría y cursos de “superación personal”.

Se afirmó entonces que se trataba de un “elefante blanco que fracasó en respaldar a los artesanos mexicanos” y hasta se solicitó su desaparición.

Piratería

Aun antes de tomar el cargo de secretaria de Cultura, Frausto dio a conocer que su proyecto para el organismo era reincorporarlo al sector cultural para atenderlo como un espacio de desarrollo artístico y económico.

En mayo de 2018 dijo a esta reportera que el fondo se había sectorizado a Sedesol asumiendo que el arte popular es marginal, pero se ha visto que quienes “ganan, y muy bien, son los diseñadores, así que se le dará su lugar en la cultura y se apoyará a sus productores que generalmente son campesinos.”

En los últimos años ha habido una intensa piratería de los diseños artesanales, fundamentalmente textiles, aunque también barro, talavera, bateas de Michoacán, muñecas y otras piezas de arte. Y han sido señaladas de ello empresas como Liverpool, Palacio de Hierro, Zara, Mango, Michael Kors y Nike, entre otros.

Al hablar sobre ese problema con esta reportera, los abogados Carlos Lima y José Manuel Hermosillo consideraron un error el traslado de Fonart a Cultura:

“Es un grave error. La Secretaría de Cultura nace para preservar, proteger, custodiar y ser garante de los derechos culturales y el acceso a la cultura, pero no tiene una concepción de desarrollo económico”.

Hicieron notar que si realmente desean impulsar el desarrollo de las artesanías y sus creadores, deben atender todo el proceso productivo, desde el inicio hasta que la pieza está en el mercado, y hacerlo desde diferentes sectores: económico, jurídico, cultural, incluido el de salud, pues –por ejemplo– quienes se dedican a la producción textil adquieren una enfermedad respiratoria llamada bisinosis, causada por la aspiración de los polvos de los textiles, que podría prevenirse con el uso de cubre bocas.

No basta con que la Secretaría de Cultura esté pensando en trabajar con la de Economía para desarrollar el campo artesanal. Hay que recordar las palabras de José Hernández de 2002:

“Si Fonart sólo piensa en mejorar “su comercialización y sus metas como institución (y no) en los artesanos”, atenderá no “a una gran masa, sino a sus intereses”.

Comentarios