Acuerdo migratorio, rectifique presidente de México, por favor

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Frido Aliotti Kyan sostiene con Francisco de Vitoria, padre del Derecho Internacional, un diálogo imaginario sobre el acuerdo migratorio entre México y los Estados Unidos, y sobre una petición al presidente de México. Vitoria está al día y conoce la actual problemática mundial, y en especial la mexicana-estadunidense, con motivo de la invitación que le hizo Frido para hablar del tema.

Frido: Admirado Vitoria, vayamos al grano de una vez. Mira, no se puede permanecer impávido y complaciente ante las burlas, el escarnio, el discurso humillante, cínico y altanero del trumpismo. Esta es en síntesis la cronología del asunto: en el primer acto de la tragicomedia, el trumpismo amenaza a México con imponer aranceles a sus exportaciones en caso de no tomar medidas radicales contra el flujo migratorio de centroamericanos que buscan ejercer su derecho de asilo en los Estados Unidos, huyendo de violencia y hambre, al amparo del derecho internacional humanitario y sobre refugiados.

Segundo acto: ante la amenaza del tirano del norte, los representantes del ejecutivo mexicano van a Washington a negociar con sus homólogos yanquis. Y como colofón, en el tercer acto, el gobierno de México y el de su vecino del norte, concluyen un acuerdo internacional sobre migración, sujeto a condición resolutoria dentro de un plazo, por el cual, el primero se compromete a desplegar la Guardia Nacional en la frontera sur de nuestro país para contener el flujo migratorio de centroamericanos, en otras palabras, a militarizar la frontera sur.

Y el otro compromiso asumido a la luz del pacto migratorio de corte neoliberal, es el fortalecimiento formal del programa llamado “Permanecer en México”, que consiste en que los refugiados solicitantes de asilo en el territorio de los Estados Unidos, pueden ser devueltos a México, donde deberán esperar a que resuelvan sus casos las muy humanitarias autoridades migratorias de Estados Unidos, esas mismas que enjaulan niños mexicanos y de otros países.

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En suma, es un acuerdo internacional firmado bajo amenazas, que tiene como fines: sellar la frontera sur con la herramienta militar mexicana, y el devolver a México a los centroamericanos que lleguen a territorio imperial, a fin de que México disponga de su destino. Desde la perspectiva del derecho internacional que tu fundaste Vitoria junto a otros insignes juristas españoles, ¿qué piensas al respecto?

Vitoria: Gracias Frido, voy al grano como dices, transigir con un tirano es ya de entrada capitular, entregar la plaza. Ellos, los tiranos, nunca están satisfechos y le toman la medida a la debilidad de los “negociadores”, devorables cual cacahuate. Prudencia no es lo mismo que debilidad, que miedo, prudencia es tener el hábito de deliberar constantemente acerca del bien y el mal de los actos humanos. El mejor criterio para juzgar con prudencia de los actos humanos, entre ellos principalmente los de índole política, es aquel que inauguró hace siglos, Sócrates, el imprescindible en materia de las buenas decisiones, acrisolado por la perseverancia de los siglos.

Este es el criterio socrático: es mejor sufrir una injusticia que cometerla; cometerla es lo peor al final de cuentas para toda política de bien común. Simple y rotundo el criterio, apto para almas grandes, para naciones amigas de la gloria. El acuerdo que comentas, equivale a cometer una grande injusticia contra el hombre, contra un sector de la humanidad, contra los refugiados centroamericanos, y a violentar el derecho internacional, el deber de solidaridad con los hermanos de la misma estirpe, que huyen de sus países por necesidad de sobrevivencia.

Militarizar la frontera es vulnerar el derecho de asilo; pactar que el desalmado trumpismo devuelva a Mexico a los refugiados, es en la práctica, deportarlos a sus países, matando el decoro de sus hijas, su esperanza y su vida, casi siempre; es condenarlos a la barbarie de las maras, enterrarlos en fosas, dinamitar sus derechos. Ambas medidas son una inmensa injusticia.

Frido: Significan tales compromisos, el sacrificar a seres humanos en precarísima situación, en aras de la economía neoliberal, causante principal de la brutal desigualdad, del hambre, de golpes de Estado devastadores -Honduras con el apoyo de la Clinton-, miseria, desesperación de millones de desheredados del mundo, concentración inaudita de riqueza en unas cuantas manos, destrucción de naciones enteras (Siria, Afganistán, Irak…), del medio ambiente.

El neoliberalismo condena la migración, la detesta, la combate con armas sucias. Por ello, aranceles y política contra los migrantes pobres, van de la mano, son indescindibles.  El capital, en una sana y justa economía al servicio de la persona, debe subordinarse moral y jurídicamente a las exigencias del bien común, del trabajador, del refugiado.

Vitoria: Así es. Se transigió en todo con el tirano del norte. A cambio de la suspensión del “fantasma” de los aranceles en palabras descarnadas de Pompeo, se vendió el alma al diablo, como Fausto de Goethe, pero sin su intercesora. La verdadera prudencia exigía actuar de otra manera: no cometer injusticia, sufrirla con las armas del derecho y la razón.

Resistir civilmente con medidas inteligentes de trascendencia mundial, con boicots turísticos y de productos norteamericanos a lo Gandhi, denunciar al mundo la amenaza trumpiana de destruir la economía mexicana, acudir a las instancias internacionales, a la ONU, a las de libre comercio en defensa del derecho de un pueblo, instrumentar medidas arancelarias para las exportaciones de los Estados Unidos, establecer relaciones permanentes con los adversarios demócratas del trumpismo, y entonces sí, apelar al pueblo y al mundo para la defensa del honor y del derecho.

El propio Pompeo desnudó hace pocos días, la burda estratagema trumpiana: la amenaza era un fantasma, una pistola de plástico, un ardid, un blofeo por parte del tirano, del tahúr de carpa que se ufana de sus violencias torpes. Era previsible la naturaleza fantasmal de la amenaza, pues tales aranceles son gravemente contraproducentes también para la economía de los Estados Unidos en guerra con China, el gigante ascendente, sin duda alguna.

Frido: Kant lo dijo: nunca el hombre puede ser medio para un fin, por loable que éste sea. Cuando lo convierten en medio, cuando se le humilla y sacrifica como cosa desechable para en puridad privilegiar el dinero de unos cuantos, se derrumba el mundo del espíritu, la dignidad, la civilización.

Encomiar el acuerdo es un elogio a la barbarie de una economía depredadora e improductiva. Lo celebran serviles cúpulas empresariales, zalameros de la televisión y prensa en mayoría de mente corta, salvo excepciones. También los llamados “eruditos analfabetas” que se visten de blanco, y antes de negro. Lo critican mentes lúcidas, como la de Muñoz Ledo que se reivindica y salva al Congreso, las de Amnistía Internacional, obispos católicos, Dresser, Zuckermann, Hernández Navarro, Julio Hernández, Helguera, entre otros.

Vitoria: La historia demuestra con creces que no se debe transigir con los nerones de ayer y hoy. Chamberlain transigió con Hitler pensando que bien valía la pena sacrificar Checoslovaquia y su pueblo, para salvar la paz y la economía inglesas, como lo recordó Zuckermann en un artículo reciente. W. Churchill en contraste dramático, vio con claridad y actuó con la prudencia del estadista genial. No transigió y ante el mundo ciego de entonces, se enfrentó al siniestro nazi, y ofreció a su pueblo, “sangre, sudor y lágrimas”. El fruto de esa decisión política prudente de verdad, moral y jurídicamente encomiable en hora sombría: la victoria, la grandeza, la derrota del tirano y el reconocimiento eterno de la historia.

Frido: En México, Lázaro Cárdenas, enfrentó la tormenta petrolera con medidas que exigían un gran sacrificio del pueblo y de su economía, y el pueblo todo se sumó con fervor patrio, a la defensa del decoro nacional. Madero se enfrentó a la dictadura y gestó una revolución necesaria.

Además, es necesario aclarar, ante tanta confusión y ambigüedad planeadas, la naturaleza jurídica del acuerdo migratorio celebrado por los dos países, de clara esencia neoliberal por su contenido, en sus vertientes de facultar a Estados Unidos la devolución a México de los refugiados de Centroamérica, y de militarización de la frontera sur.

Vitoria: Esa facultad de devolución corresponde a una de las características esenciales del concepto de “tercer país seguro”, aunque no se quiera reconocer. Estados Unidos tiene firmado con Canadá un acuerdo de tal carácter. Y resulta que, con frecuencia, en la realidad, los refugiados que devuelve Canadá a Estados Unidos, se convierten en parias, al no ser elegibles para el asilo según las barreras “legales” internas yanquis, y viceversa.

Dicho concepto es muy discutido en el terreno de la doctrina del derecho internacional sobre refugiados. Tiene su antecedente en la Conclusión 58 de la EXCOM (Comité Ejecutivo del Programa del Alto comisionado), ONU, 1958; y en la actualidad dicha Conclusión 58, tras duras críticas, ha sido superada por la regulación Dublin III de la Unión Europea, que tiene como fin establecer reglas que aseguren el debido respeto del derecho de asilo por parte de los países que la integran.

Frido: Es falso lo que afirman algunos líderes del Congreso mexicano de que no se trata de un acuerdo migratorio, sino de una mera negociación que no amerita aprobación o no del Senado. Hubo una negociación que culminó en el acuerdo internacional publicitado en Tijuana y en el norteño país vecino, mismo que está produciendo ya efectos jurídicos reales, cualquiera que sea el nombre que se le dé, se reconozca o no que en esencia participa de la naturaleza de los tratados de un tercer país seguro, conforme a la doctrina más autorizada y a los precedentes internacionales en la materia.

Por ende, es menester que se someta el acuerdo a la ratificación o no del Senado, a la luz de la Constitución y de la doctrina (Laura Trigueros, Arellano García, Elizur Arteaga, por ejemplo). Ello representa una oportunidad única para la rectificación por parte del presidente que en verdad conduciría a una genuina transformación política, no la ficticia de ahora.

Presidente Andrés Manuel, con osada humildad y respeto, le pido que cambie de rumbo, que se cubra de gloria verdadera, que se haga merecedor del reconocimiento no solo nacional sino del mundo, enfrentando al trumpismo con el apoyo unánime y entusiasta de todo el pueblo en resistencia, privilegiando el derecho de los refugiados frente a las demandas insaciables del neoliberalismo tan cruel con el pobre, frente  a las presiones de las cúpulas empresariales, de los pícaros oportunistas de siempre.

Se lo pido como ciudadano que un día siendo diputado federal, acompañó al Ingeniero Cárdenas, a Muñoz Ledo y a algunos legisladores, a Tabasco para ofrecerle solidaridad y simpatía en un difícil trance político en que defendía usted el derecho y la libertad; incluso presidente, se sirvió pedirme en esa ocasión, que sobre el cofre de una camioneta dirigiera unas palabras a los ciudadanos presentes que se encontraban en un campo abierto de Villahermosa, en torno suyo.

Después en el desafuero, me permití molestarle en el Palacio del Ayuntamiento, una mañana muy temprano como acostumbra, para darle unas ideas de ley, dado que había sido consejero jurídico del gobierno del Ing. Cárdenas; y en el 2006, a raíz del fraude electoral, me reuní con Fernández Noroña en un restaurante de la colonia del Valle, en la esquina de Insurgentes y Porfirio Díaz, para proponerle que le sugiriera llevar a cabo medidas de resistencia civil pacífica contundentes, como la toma del aeropuerto para defender su triunfo. Al final, sobre Avenida Reforma, como pidió usted al pueblo noble, dormí unos días en el campamento de un grupo de Coyoacán.

Hoy, discrepo rotundamente de la mayoría de sus políticas ajenas a los orígenes solidarios, presidente; pero dada la gravedad de la hora, me atrevo a pedirle como ciudadano común, pero con el orgullo de serlo, que rectifique el rumbo porque creo en aquello de que es de sabios cambiar de opinión, porque recuerdo sus hazañas del pasado en pro del derecho de los pobres, del bien común de la patria que disimula sus dolores, que tiene el pecho esperanzado. Usted y el obradorismo, si se decidieran al cambio, serían mucho más fuertes que el trumpismo, al contar ustedes con la razón; trumpismo muy endeble en realidad, que encubre su vulnerabilidad con fanfarronías infantiloides, enemistado con el mundo y con millones de su propio país, en trance de posible juicio político. 

No soy ingenuo, pero tengo un dejo pequeño de esperanza en la rectificación, ya que en el intento está el mérito como dice el Quijote. Si lo hace, todo México lo apoyará, todo, y el mundo civilizado entero también sin duda. Sería un nuevo amanecer en la historia moral y política, de un simbolismo insólito, sería usted un verdadero benemérito al enfrentar la dictadura neoliberal, desalmada del trumpismo, enemigo éste del bien, en trance de disolución apocalíptica por su iniquidad que clama al Cielo.

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Fin del diálogo. Dedico este artículo a Porfirio Muñoz Ledo, por su defensa del derecho de los migrantes, y a la memoria de mi amigo de bancada en la LVI Legislatura de la Cámara de Diputados, Arnoldo Martínez Verdugo, por su calidad humana.

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