El cura acusado de asesinar a Leonardo, experto en “recibimientos” y exorcismos

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- A partir de la medianoche y durante la madrugada, tres días a la semana, a la puerta de la parroquia Cristo Salvador, en Tlalpan, se veía formar a decenas de feligreses, foráneos y locales, de todas las edades y estratos sociales, con la esperanza puesta en ser recibidos por el padre Francisco Javier, hoy detenido por su probable participación en el crimen de su acólito y asistente, Leonardo Avendaño.

Las personas que acudían para ser atendidas los lunes, jueves y viernes eran entre 15 y 20. No más.

“Hay quienes llegaban a las 12 de la noche para poder ser vistos por el padre”, dice una creyente que asistió en repetidas ocasiones. Ella acostumbraba hacerlo a las 5 de la mañana, cuando tenía la necesidad de ser oída.

Cuentan los vecinos de la colonia Ampliación Miguel Hidalgo, que esos días de “recibimiento”, la calle Alfredo V. Bonfil era un caos desde antes del amanecer: se inundaba de autos, de puestos ambulantes y de gente que llegaba con fe a ver al presbítero, ordenado hace 24 años en esta capital.

Puerta principal de Cristo Salvador. Foto: Carlos Olvera

Era común ver afuera de la parroquia a madres y padres con retratos de sus hijos, algunos adictos, otros desaparecidos, unos más secuestrados.

Algunos acudían con dolores físicos, los que llevaban aflicciones espirituales también se hacían presentes y los casos de “demonios”, aunque menos, eran igualmente atendidos.

No importaba la fecha del año ni la inclemencia temporal, fuese lluvia o frío, siempre esos tres días de la semana había personas formadas a pie de la puerta parroquial.

Los encargados de abrir Cristo Salvador llegaban y abrían alrededor de las 6:15 horas. Los primeros de la fila eran pasados al interior. A más tardar a las 7, ya entunicado, el padre Francisco Javier hacía acto de presencia y comenzaba con los “recibimientos”.

El tiempo dedicado a cada feligrés dependía del problema a tratar, en promedio alcanzaba a atender a tres o cuatro personas antes de iniciar su misa diaria de 8 de la mañana.

Una vez concluida, a las 9, Francisco Javier Bautista Ávalos, de 58 años, continuaba con sus sesiones.

“El recibimiento”

A veces en la esquina de una banca y frente al atrio, se cumplía el ritual del “recibimiento”. Parados, frente a frente, el feligrés desahogaba sus penas ante Francisco Javier. Él escuchaba y oraba. A unos pocos pasos siempre se veía a “Guille”.

Luego, “en un idioma que no conozco, quizá latín”, cuenta una asistente, el padre ponía sus manos frente a ti, a la altura del pecho y sin tocarte, y seguía orando.

De ser necesario, el padre volteaba con “Guille” y, sin hablar, le hacía una breve señal con la cabeza. Ella se acercaba, y de un morral sacaba un aceitito –dicen que eran santos óleos–, y el padre lo untaba con los dedos al feligrés, en la parte frontal y fin del “recibimiento”. Estaban “curados”.

Para los creyentes más allegados, la presencia de “Guille” era normal. Cuentan que el padre Francisco Javier descubrió que ella, al ungirla una vez, tenía un don. Desde entonces, la mujer de unos 60 años de edad era la sombra del sacerdote en sus actos de sanamiento y exorcismo.

Vecina de “la Hidalgo” –como se le conoce popularmente a esa colonia—, “Guille” vive a unas cuantas cuadras de Cristo Salvador. Junto con su esposo vende afuera del templo diversos artículos católicos. Lo mismo hace su hija, pero ella comercializa música religiosa.

Dicen que la mujer, bajita y morena, es la que tiene “el don” de detectar la “maldad” o el problema de los católicos que llegan a Cristo Salvador.

“No lo soltaban los demonios”

Hace más de 15 años, Bautista Ávalos era el párroco de la Iglesia María Reina, dos calles antes de la Veracruz, en la misma colonia Miguel Hidalgo.

Quienes lo conocen desde entonces, cuentan que Francisco Javier fue preparado en el Vaticano para ser exorcista, aunque no se pudo confirmar si en efecto tomó alguno de los seminarios que imparten allá.

En aquellos tiempos de su regreso de Roma, se rumoró que al conseguir cierta fama tuvo que ir a un retiro. A su retorno, fue asignado en Cristo Salvador, donde permanecía como rector.

Sus actos de sanamiento y exorcismo, así como sus apariciones en programas de televisión especializados en esos temas, e incluso libros como “Salmos Y Oraciones Para Sanar. Padre Fco. Javier Bautista”, han alcanzado una amplia difusión.

Libro de Bautista vendido en Mercado Libre por 17 pesos. Foto: mercadolibre

Hay creyentes que radican en esta ciudad y otros foráneos que llegan a Cristo Salvador para su recuperación. Incluso hay casos que Francisco Javier no sólo atendía personalmente. También lo hacía a larga distancia, como el caso de Fernando, un médico que radicaba en Puebla.

Casi en el lecho de muerte, hospitalizado en aquella entidad, y sin que se supiera la causa de su malestar, la abuela del doctor acudió en el 2010 con Bautista Ávalos a la Ciudad de México.

Los tres –la entonces pariente, el padre y “Guille”– se tomaron de la mano y comenzaron a orar:

“El padre le dijo que pensara en su nieto. Estaba la vidente (Guille) con él y le dijo que sí, que efectivamente lo tenían envuelto en una telaraña, y con tres demonios, atizándolo”.

El familiar se hincó ante el santísimo, tomado de unos ángeles, por orden del sacerdote, “y empezó a hacer el exorcismo… la oración de liberación. Y le pidió que cuando viera una luz, le avisara”.

“¿Qué es lo que ve?”, preguntaba el padre al familiar. “Guille” aseguraba que “no lo soltaban los demonios”.

“Hasta que vio a nuestro señor Jesucristo con una mano encima de alguien…”.

El padre Francisco Javier le dijo: sí, es nuestro señor Jesucristo con su nieto que ya está sanado, ya quedó liberado.

“En ese momento él quedó sano, como si nada le hubiera pasado”, relató la abuela, oriunda de la capital.

Otro relato obtenido por proceso.com.mx es el de Gerardo Guzmán, quien por más de 10 años tuvo problemas con el alcohol y drogas, varias veces estuvo internado y tenía enfermos a sus papás.

Gerardo es de Coyoacán y aceptó ir con el padre en 2011.

Cuenta una vecina que lo llevó: “Fuimos a ver al padre. Con mucho gusto nos atendió. Le dijo que le iba a hacer un exorcismo si él quería. Él dijo que sí, hizo una buena confesión y después del exorcismo lo regresé a su casa, pidió perdón a sus padres y ya lleva 8 o 9 años sano y salvo, con la gracia de Dios que el padre Francisco Javier lo pudo ayudar”.

Otro ataque del enemigo

“Hace 15 años vengo sufriendo de ataques del enemigo, hecho por mis compañeras de trabajo. Yo trabajé en Caminos y Puentes Federales (Capufe). Mi edad ahorita es de 60 años. Yo me encuentro jubilada”.

Así inició su relato Teresa Cortés Islas, de Puebla.

“Cuando yo empecé a estar enferma no sabía qué me pasaba… era un trabajo de maldad. Me sacaban camilla. Todo yo lo ignoraba.

“Entonces el padre Francisco Javier fue el que me hizo que yo viviera. Fui con él. Le platiqué lo que me pasaba. Él, generosamente me curó, me ayudó, y por eso, por él es que estoy viva.

“Y cuando me pongo enferma, acudo a él telefónicamente o mensajeándome. Le digo: ´padre, por favor ore por mí, porque estoy enferma´”.

“Él, en tres ocasiones que pude ir a México, me curó y me daba siempre su ánimo.

“Que Dios lo ayude. Él merece toda la ayuda posible. Él no es capaz de eso que dicen (el asesinato de Leonardo)”.

Teresa dijo que a diferencia del padre Francisco Javier, en el ISSSTE de Puebla nunca le encontraron nada, pese a su malestar, y ni medicamento le dieron.

Las copiosas misas de sanación

Hay personas que se llegaron a desvanecer en esas misas cuando el padre las ungía en la frente, recuerdan quienes asistían con frecuencia a esas ceremonias todos los martes de 9 a 11 de la mañana.

Francisco Javier comenzaba ese día de “no recibimiento” desde las 7:00 horas a ungir a los enfermos que llegaban para la misa, la de mayor convocatoria de la semana.

De igual manera, el templo se abarrotaba. Hay versiones de que hasta famosos llegaron a asistir.

“Te hace entrar en un estado de espiritualidad tan fuerte”, asegura una feligrés que acudió a una eucaristía debido a una dolencia en su rodilla que casi le impedía caminar.

Mientras Francisco Javier hacía oración y la ungía, ella veía “multicolores en su cerebro”. Desde entonces, afirma, no tiene dolencia alguna.

Sábado y domingos, las eucaristías son a las 8 de la mañana.

“Es momento de regresarle un poquito de lo que nos ha dado”

El jueves 20 no hubo “recibimiento” en la parroquia Cristo Salvador, pero sí católicos, y muchos. Desde la noche anterior, decenas se congregaron en el templo con un único fin: orar por el padre Francisco Javier, detenido el miércoles por su presunta participación en el crimen de Leonardo Avendaño, su acólito y asistente.

Al filo de las 21:00 horas, la gente abarrotó la iglesia de la avenida Alfredo V. Bonfil. “Parecía domingo a mediodía”, relató una feligrés que llegó al sitio, donde abundaban rezos de más de 500 niñas, niños, mujeres y hombres.

Dentro y fuera de la iglesia, entre las calles Constitución y Ortiz de Castro, algunos creyentes hincados, otros llorosos, y unos más guardando el temple, elevaron sus súplicas para que los policías capitalinos hicieran bien su trabajo y dejaran salir a quien llevaba 15 años siendo su párroco.

Y es que la noticia los estremeció: la Procuraduría General de Justicia capitalina informó la detención de Bautista, quien fue seguido durante cuatro días y finalmente capturado en una iglesia donde presuntamente estuvo escondido.

La parroquia a la que los feligreses iban con la esperanza de remediar sus males físicos y espirituales, ahora estaba de luto y sin su sacerdote. Francisco Javier había oficiado la misa de cuerpo presente de Leonardo, reportado desaparecido el miércoles 11 y hallado sin vida un día después en la colonia Héroes de 1910.

“Leo” estaba dentro de una camioneta gris, placas E35-ATG, con huellas de estrangulamiento y envuelto en una cobija. Al hallazgo se agregó que el crimen del joven fue de “índole personal”, según la carpeta de investigación FCIH/1/UI-1 C/D/00108/06-2019.

Ese jueves 13, los creyentes lloraban al universitario de 29 años en la eucaristía del presbítero, en Cristo Salvador. Seis días después, los mismos rezaban ya no por el acólito, sino por el párroco. Había sido capturado.

A Leonardo lo recuerdan como un asistente muy cercano al cura, al igual que a otro chico –el del órgano-. Incluso, relatan que el mismo Leonardo daba mensajes a nombre de Francisco Javier: “El padre mandó un mensaje conmigo: que por favor no se dejen engañar porque hay personas que piden en casas dinero para los gastos hospitalarios del padre”.

No era secreto entre los feligreses allegados que Bautista estaba delicado de salud. Que había tenido al menos dos ingresos hospitalarios en los últimos meses. Bronconeumonía, decían, era la causa. El padre no estaba al 100 por ciento de salud.

Y tampoco de ánimo, pues también en los últimos meses dos de sus hermanos habían fallecido: José, en abril, y Miguel Ángel, en noviembre. Sin embargo, en Cristo Salvador siempre había padres sustitutos, aunque carecían de obras de sanamiento.

La misa del jueves 20 fue distinta. A deshora. Eran las 9:25 de la mañana cuando el padre Benjamín, cercano a Francisco Javier pero de otra congregación, daba los primeros signos de la homilía dedicada al párroco detenido.

Una treintena de ministras y ministros, y unas 200 personas ocuparon cada asiento de las bancas, desgastadas y de madera, cercanas al atrio. Otros, en sillas de plástico negras, se colocaron en los alrededores.

Los fervientes, algunos rosario en mano y con hojas de oración que fueron repartidas al interior de la remodelada iglesia, se pusieron de pie y oyeron del sacerdote: “Tenemos que apoyarlo, tenemos que estar unidos… con la oración. Vamos a pedir a Dios por él”.

Sin coro y con dieciocho lámparas colgantes dando escasa luz, el hermetismo de la ceremonia se hacía evidente cada que, en el sermón, el padre Benjamín soltaba palabras de aliento y reflexión.

Jueves 20. Misa por Francisco Javier en Cristo Salvador. Foto: Carlos Olvera

En el templo Cristo Salvador, donde hace más de 15 años Francisco Javier celebrara sus eucaristías y atendía por doquier, ahora se invertían los papeles: eran los feligreses quienes elevaban sus oraciones por él.

Casi al mismo tiempo de la misa, alrededor de 50 manifestantes –vecinos de las colonias La Fama y Miguel Hidalgo–,con pancartas en mano, pedían la liberación de Bautista.

Otro grueso de creyentes hizo lo propio afuera de las instalaciones de la PGJ-CDMX.

La Arquidiócesis Primada de México reiteró su plena disposición para aportar la información que sea requerida para el avance de las indagatorias y expresó su profunda cercanía con quienes que han sido afectados por la violencia y la falta de seguridad en nuestro país.

Llevarán oración al reclusorio Oriente

Desde la página “Libertad y Justicia para el Padre Francisco Javier Bautista”, creada en Facebook el jueves 20, se convoca a una jornada de oración y cantos a las afueras del Reclusorio Preventivo Varonil Oriente el próximo lunes a las 10:00 de la mañana.

El evento fue compartido en la página de Facebook de la parroquia.

“La cita es el LUNES 24 de JUNIO en la ENTRADA PRINCIPAL del RECLUSORIO ORIENTE vamos a estar desde las 10:00 AM y hasta las 18:00 pm
Pueden llegar a orar, cantar, gritar si así lo sienten y pueden
POR FAVOR DIFUNDAN!
Tenemos poco tiempo!Hagamos lo que podamos!”.

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