Paso a paso, el asesinato de Jamal Khashoggi

La muerte del periodista saudita Jamal Khashoggi en octubre último “constituye una ejecución extrajudicial, una desaparición forzada por la que el Estado del Reino de Arabia Saudita es responsable”, según sugieren los elementos de prueba en la investigación en torno al crimen. Esta conclusión es parte de un detallado informe elaborado por Agnes Callamard, relatora de la ONU para ejecuciones extrajudiciales, el cual recrea minuto a minuto el asesinato y señala un responsable directo: el príncipe heredero de Arabia, Mohamed bin Salmán, como de hecho ya se había especulado en medios periodísticos y políticos internacionales.

GINEBRA (Proceso).- Agnes Callamard, relatora especial de la ONU para ejecuciones extrajudiciales, afirmó que el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, perpetrado el 2 de octubre de 2018 en el consulado de Arabia Saudita en Estambul, fue “resultado de un plan elaborado y premeditado” y acusó al príncipe Mohamed bin Salmán de ser el máximo responsable de este crimen que conmocionó a los periodistas del mundo entero.

“La evidencia recabada en la investigación sugiere que el asesinato del señor Khashoggi constituye una ejecución extrajudicial, una desaparición forzada y un acto de tortura por la que el Estado del Reino de Arabia Saudita es responsable. Hay varias teorías sobre las circunstancias de la muerte de Khashoggi, pero ninguna de ellas quita responsabilidad al Estado de Arabia Saudita”, afirmó Callamard al presentar su informe ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU (CDH).

“Se encontraron pruebas creíbles que requieren una investigación más a fondo de la responsabilidad individual de las autoridades de alto nivel del Estado saudita, incluyendo la del príncipe de Arabia Saudita y sus asesores”, dijo Callamard ante más de un centenar de diplomáticos, incluyendo a Abdulaziz Al-Wasil el embajador de Riad.

Señaló que a pesar de que el gobierno saudita ha detenido a 11 sujetos involucrados en el asesinato, la investigación que llevaron a cabo las autoridades “no establece la cadena de mando”.

La experta detalló que el asesinato de quien fuera columnista de The Washington Post “es una clara violación de la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, constituye una violación de la prohibición del uso extraterritorial de la fuerza en tiempos de paz y de un principio fundamental de la ONU: la protección de la libertad de expresión. En consecuencia, se violaron los derechos de Turquía, de Estados Unidos y de todos los países protegidos por el sistema internacional de diplomacia.

Callamard confesó que tomó la iniciativa de realizar la investigación debido “a la parálisis” de la ONU, especialmente del secretario general, António Guterres, de quien se esperaba que estableciera una comisión de investigación independiente sobre el caso, debido a que varios países están implicados y por la gama de tratados violados.

Poco después, en la misma sesión, Riad rechazó el informe y criticó que Callamard se inmiscuya en el sistema judicial de su país.

“Señora Callamard, pensamos que no ha respetado su mandato con total integridad. Ha lanzado acusaciones sin escrúpulos y además se ha basado en información no creíble. Esto es un ataque al reino de Arabia Saudita basado en prejuicios y opiniones preconcebidas”, le lanzó Al-Wasil.

Para sustentar sus acusaciones, la experta presentó al CDH un informe detallado y comprehensivo sobre el asesinato del periodista, documento que podría servir de base en una investigación penal internacional o ser invocado por algún Estado, como Turquía, donde ocurrió el asesinato, o Estados Unidos, lugar de residencia del periodista.

La trampa

El 1 de octubre de 2018 Citizen Lab, un laboratorio de investigación de la Universidad de Toronto, informó que el celular del activista político saudita Omar Abdulaziz, había sido infectado con el software de espionaje Pegasus, producido y vendido por el Grupo NSO.

Según Citizen Lab, así se pudo acceder a toda la memoria y contactos del activista, incluyendo el micrófono y la cámara, para vigilarlo.

Cuando se infectó su teléfono, Abdulaziz estaba en contacto frecuente con Khashoggi. Los dos discutieron proyectos para fortalecer los derechos humanos en Arabia Saudita, país de origen de ambos.

En algunos mensajes Khashoggi criticó las políticas del príncipe heredero, Mohammed Bin Salmán. En uno de ellos dijo:

“Los arrestos son injustificados y no le sirven (a Bin Salmán), pero la tiranía no tiene lógica, ama la fuerza, la opresión y necesita mostrarlos. Es como una bestia ‘Pacman’: cuantas más víctimas come, más quiere. No me sorprenderá que la opresión llegue incluso a los que lo están alentando. Dios sabe”.

Debido a su tendencia a criticar a la corona, la columna de Khashoggi en el periódico saudita Al-Hayat fue cancelada. Además, en 2016 le prohibieron escribir, aparecer en televisión y asistir a conferencias, como resultado de sus comentarios contra el entonces recientemente electo Donald Trump.

En los meses previos a su muerte, Khasho­ggi mostró su temor de ser perseguido, citando ejemplos de intimidación y abuso de otros activistas por parte de las autoridades dentro de Arabia Saudita y más allá.

Khashoggi se exilió en septiembre de 2017 –“no tenía más remedio que irse”– y buscó refugio en Estados Unidos. En mayo de 2018 un amigo y colega le presentó a la periodista turca Hatice Cengiz, que quería entrevistarlo.

En julio de ese año Khashoggi viajó a Estambul, donde volvió a ver a Cengiz y poco después le ofreció matrimonio.

En agosto Cengiz le dijo a su prometido que para casarse necesitaba un certificado de elegibilidad para matrimonio de parte de las autoridades sauditas. Khasho­ggi contactó a la embajada en Washington para conseguirlo, pero le informaron que tendría que ir a Turquía.

La mañana del 28 de septiembre de 2018 la pareja fue al consulado saudiárabe en Estambul, sin previo aviso; ella no entró.

El periodista dejó sus teléfonos con su novia, porque sabía que tendría que entregarlos a la seguridad consular y no se sentía cómodo dejándolos con funcionarios sauditas.

Según narró ella, Khashoggi pasó unos 45 minutos en el consulado y “fue tratado muy bien”. Cengiz recordó que él “dejó el consulado muy feliz. Se sintió aliviado y no dudó en volver a ir allí “. Los funcionarios consulares con los que habló le dijeron que tendría que regresar por el papel el 2 de octubre, hacia las 13.00 horas.
A continuación el informe describe que Callamard escuchó varias llamadas hechas desde el 28 de septiembre y en días posteriores hasta el día del asesinato. Los audios fueron proporcionados por la inteligencia turca.

Escuchó dos llamadas telefónicas hechas el 28 de septiembre. En una de ellas, un agregado de seguridad del consulado habló con el agente Maher Abdulaziz Mutreb, quien preguntó si Khashoggi regresaría al consulado el 2 de octubre, a lo que su contraparte respondió: “Sí. Todos nos sorprendimos. Acabamos de hablar (…) se sabe que él es una de las personas buscadas”.

Más tarde, ese mismo día, Mohammed Alotaibi, cónsul general de Arabia Saudita en Estambul, habló con un individuo diciendo que necesitaban a alguien para llevar a cabo “una misión especial”, argumentando que “la tarea está relacionada con seguridad”.

En otra llamada, el cónsul menciona una operación “secreta, nadie debería saberlo en absoluto. Incluso ninguno de tus amigos”. Se hablaba de conseguir a un agente “confiable y nacionalista”.

Así, entre el 1 y el 2 de octubre llegaron a Estambul 15 agentes sauditas.

El informe de Callamard enlista a esos 15 agentes, de entre los que destacan Mansour Othman Abuhussain, general mayor, y Naif Hasan Alarifi, primer teniente encargado de inteligencia externa, quienes solían trabajar con el príncipe Bin Salmán.

También Khalid Aedh Alotaibi, guardia real del príncipe; Abdulaziz Mohammed Alhawsawi, del equipo de seguridad real; Meshal Saad Albostani, primer teniente de la fuerza aérea saudita; Maher Abdulaziz Mutreb, oficial de inteligencia que trabajó en la embajada saudita en Londres y Waleed Abdullah Alshehri, guardia real.

Así mismo Badr Lafi Alotaibi, experto en inteligencia; el doctor Salah Mohammed Tubaigy, forense del Ministerio de Interior; Mustafa Mohammed Almadani, general brigadier; Thaar Ghaleb Alharbi, teniente; Saif Saad Alqahtani, especialista de la fuerza aérea y quien trabajó en la oficina del príncipe; y el oficial de inteligencia Turki Musharraf Alshehri.

Además, el cónsul ordenó que el personal no saudita no fuera a trabajar ese día y al resto le pidió salir al mediodía.

El asesinato

A las 13:02 horas, en el interior del consulado, Mutreb y Tubaigy conversaron unos minutos antes de que Khashoggi ingresara. El primero preguntó si “¿será posible poner el baúl en una bolsa?”

El forense respondió: “No. Demasiado pesado”.

“La primera vez se hará el corte en el suelo. Si tomamos bolsas de plástico y lo cortamos en trozos, se terminará pronto. Vamos a envolver cada uno de ellos”, comentaron.
Se escuchó decir “bolsas de cuero” y había una referencia al corte de la piel.

Preocupado, Tubaigy dijo: “Mi gerente directo no está al tanto. No hay nadie que me proteja”. Luego Mutreb preguntó si el “animal de sacrificio” había llegado y a las 13:13 horas una voz dijo: “Ha llegado”.

A las 13:15 horas Khashoggi entró al consulado, mientras su novia lo esperaba afuera; a ella le dejó sus teléfonos.

Una vez dentro, Khashoggi parece haber reconocido a alguien. Se dijo algo sobre la presencia del cónsul general y fue invitado a su oficina, en el segundo piso del inmueble.

La conversación primero se centró en si Khashoggi regresaría a Arabia Saudita y él respondió que quería volver en el futuro. Pero le dijeron: “Tendremos que devolverte. Hay una orden de Interpol. Venimos a buscarte”.

A lo que respondió: “No hay un caso en mi contra. Notifiqué a algunas personas afuera; me están esperando, un conductor me está esperando”. Luego el periodista confiesa que no había un conductor, pero que su prometida lo está esperando, mientras uno de los agentes repite varias veces: “Seamos breves”.

A las 13:22 horas Mutreb le preguntó si tenía teléfonos. Khashoggi respondió: “Dos teléfonos”. “¿Qué marcas?”. “Teléfonos de Apple”. “Envía un mensaje a tu hijo”. “¿Qué hijo? ¿Qué debería decirle a mi hijo?”. Silencio. “Escribirás un mensaje. Ensayemos. Muéstranos”. “¿Qué debo decir? ¿Te veo pronto? No puedo decir secuestro”. “Hazlo corto. Quítate la chaqueta”.

“¿Cómo puede suceder esto en una embajada? No escribiré nada. No voy a escribir”, dijo Khashoggi desesperado. “Escribe cualquier cosa Jamal. Date prisa. Ayúdanos para que podamos ayudarte, porque al final te llevaremos de regreso a Arabia Saudita, y si no nos ayudas, sabrás lo que ocurrirá al final; que este tema mejor encuentre un buen final”.

A las 13:33 horas Khashoggi exclamó: “Aquí hay una toalla. ¿Me vas a drogar?”. “Te vamos a anestesiar”, le contestó una voz.

El informe describe que se oyen los sonidos de una lucha durante los cuales se escuchan algunas palabras: “¿Durmió?” “Levantó la cabeza”. “Sigue presionando”. “No le quites la mano. Empuja”. Según inteligencia turca y expertos de otros países, quizá se le inyectó un sedante y luego fue asfixiado con una bolsa de plástico.

En el resto de los audios se escuchan movimientos y jadeos intensos. Se distingue el sonido de una envoltura de plástico y a las 13:39 horas se identificó el sonido de una sierra.

Después de negar el asesinato del reconocido periodista, la corona saudita tuvo que reconocer el crimen y condenó a 11 agentes que estuvieron en el consulado. Cinco de ellos fueron sentenciados a muerte: Fahad Shabib Albalawi, Turki Muserref Alshehri, Waleed Abdullah Alshehri, Maher Abdulaziz Mutreb y Salah Mohammed Tubaigy.

Callamard pidió que se detengan las ejecuciones hasta que se cuente con una investigación penal independiente, internacional, creíble, y se establezca claramente “la cadena de mando”.

Finalmente, en la misma sesión del CDH en la que Callamard presentó el informe, la prometida de Khashoggi leyó un conmovedor mensaje en el que clamó por justicia.

“Quiero saber quién mató a mi Jamal, quién dio la orden de hacerlo, dónde está su cuerpo. Los que están detrás del asesinato deberían tener un castigo. No sólo mi querido Jamal fue asesinado ese día, sino también la democracia, los derechos humanos y las libertades”, dijo Cengiz.

Este reportaje se publicó el 30 de junio de 2019 en la edición 2226 de la revista Proceso

Comentarios