Raquel Buenrostro, la poderosa funcionaria de Hacienda que rebasó a Urzúa y acuerda con AMLO

Raquel Buenrostro. Foto: Tomada de SHCP Raquel Buenrostro. Foto: Tomada de SHCP

A cargo del congelamiento de las licitaciones de compras consolidadas de servicios y sobre todo de medicamentos, que tantas críticas le han generado al presidente de la República, está la oficial mayor de Hacienda, Raquel Buenrostro. La experiencia de esta operadora financiera en la administración pública comenzó de la mano de su exprofesor en el Colmex, Carlos Urzúa, y en el gobierno capitalino que encabezó López Obrador. Después creció en las administraciones federales panistas y priistas, pero ahora parece ostentar más poder que nunca.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Raquel Buenrostro Sánchez habla con el presidente Andrés Manuel López Obrador al menos tres veces al día. La confianza que el jefe del Ejecutivo le ha depositado es tal, que muchos de los acuerdos que toma con ella no tienen que pasar por el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Carlos Urzúa. Los oficios de López Obrador a Buenrostro son directos, sin intermediarios.

No es la primera vez que Buenrostro alcanza ese poder en una dependencia. Su fuerza en Pemex durante la gestión de José Antonio González Anaya fue tal, que se convirtió en la liquidadora de la única empresa de la petrolera que ha quebrado: Pemex Cogeneración.

En esta administración –antes de que López Obrador ordenara a Urzúa formalizar el nombramiento del presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), Adalberto Palma– Buenrostro ya había dispuesto el recorte de personal, la cancelación de prestaciones, y nombrado a los responsables de la administración de recursos de la institución que vigila al sector financiero.

Cuando Palma llegó a la CNBV, su sindicato, que representa a mil 200 empleados, ya había iniciado un paro de labores por la cancelación de los servicios médicos y problemas con su caja de ahorro.

Raquel Buenrostro decide sobre casi cada peso que el gobierno federal y sus organismos usarán para comprar o pagar servicios, vía licitación o adjudicación directa, durante los próximos años.

“Los procesos productivos de Pemex requieren de un consumo intensivo de energía eléctrica y de vapor; sin embargo, los equipos actuales de generación de vapor y energía eléctrica son ineficientes y se encuentran al final de su vida útil”, establece la memoria documental del proceso de liquidación de Pemex Cogeneración, firmado por Buenrostro en medio del plan de ajuste presupuestal de Pemex en 2017.

Pocos cuestionaban sus decisiones. La orden a los auditores llegó desde la oficina de González Anaya: “Con ella no se metan”, dijo un funcionario de las áreas de auditoría y control de la empresa productiva del Estado.

En 2015 Buenrostro fue nombrada directora de Planeación y Desarrollo para darle viabilidad a Pemex Cogeneración, pero no lo logró y en 2018 concluyó su liquidación.

El acercamiento a AMLO

Desde el equipo de González Anaya, Buenrostro conoció las entrañas de las empresas privadas de Pemex, como PMI Comercio Internacional y DII Pemex Desarrollo e Inversión Inmobiliaria, la entidad que compró de manera urgente, sin licitación, en diciembre pasado los 612 autotanques que el presidente López Obrador decidió adquirir por la contingencia generada por la estrategia de combate al robo de combustibles. Con una inversión cercana a 100 millones de dólares, según información de Pemex, los autotanques llegaron en febrero, casi dos meses después. Un crédito entre PMI y DII hizo posible la compra de los equipos que necesitaba el mandatario.

Así Buenrostro, conocedora de los entretelones de PMI y las sociedades privadas de Pemex, se colocó desde el principio como una colaboradora estratégica del nuevo gobierno federal.

Actual titular de la Oficialía Mayor de la SHCP, Buenrostro egresó de la maestría en economía del CIDE y se graduó en 1995 en la UNAM como licenciada en matemáticas con la tesis Acerca del Teorema Miller-Teply, una teoría sobre la conformación de anillos y sistemas algebraicos. Su asesor fue el destacado investigador Francisco Federico Raggi Cárdenas.

En el Colegio de México se graduó como maestra en economía, igual que en generaciones previas lo hicieron el subsecretario de Hacienda Arturo Herrera y el subgobernador del Banco de México Gerardo Esquivel. Su profesor en ese centro de estudios fue Urzúa. Ella decidió no realizar su doctorado en el extranjero y, en cambio, obtuvo experiencia en la administración pública, incluido su acercamiento con el grupo de López Obrador cuando éste gobernó la Ciudad de México.

En el año 2000, cuando Urzúa llegó a la Secretaría de Finanzas capitalina, Buenrostro se convirtió en directora de Política Fiscal e impulsó medidas para incrementar la recaudación en el impuesto predial y para realizar licitaciones de bienes consolidados.

Al concluir el gobierno de López Obrador en la Ciudad de México se integró, sin problema, a dependencias y entidades del gobierno federal en las administraciones del PRI y el PAN. Ocupó puestos de nivel medio, como la Dirección General de Innovación y Calidad, de la SEP, y la Dirección de Administración de la Secretaría de Turismo, donde conoció la operación del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), que también está en proceso de liquidación.

Los recursos del fideicomiso que permitían sostener la operación del CPTM ahora se dirigen al financiamiento del Tren Maya, otro de los proyectos clave del gobierno de López Obrador.

Ahora la funcionaria gestiona concursos y licitaciones públicas del gobierno federal por más de 1 billón de pesos, según el Presupuesto de Egresos 2019.

Este texto reproduce las referencias principales a la funcionaria de Hacienda incluidas en el reportaje que se publicó el 26 de mayo de 2019 en la edición 2221 de la revista Proceso con el título: Raquel Buenrostro La mano que controla el dinero federal.

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