Popularidad, Urzúa valiente y crisis temprana 

CIUDAD DE MÈXICO (apro).- Hay la creencia de que la popularidad es necesariamente signo de buen gobierno. Se piensa y dice en la prensa, en el café, que un gobierno es bueno porque es popular, y así, se acepta sin reparo que puede actuar a su antojo, al margen de todo, incluso para “transformar” constituciones con el fin de prolongar periodos de gobierno con desprecio del voto del pueblo.

¿Es esa creencia cierta, respaldada por la realidad, por los hechos, o es un mito, un espejismo? Sobre estas cuestiones, Frido Aliotti Kyan conversa simbólicamente con Manuel Gómez Morín, brillante mexicano, quien fuera rector de la Universidad Nacional y fundador de lo que fue el PAN humanista, tributario de la doctrina social católica, desde hace tiempo partido en descomposición.

Frido: Don Manuel, un privilegio volver a platicar con usted; ha pasado mucho tiempo desde que, en Guadalajara, durante sus visitas a la casa de Efraín González Luna, lo saludara de niño, acompañándolo al centro de la ciudad junto con prestigiado cardiólogo, para escuchar a la banda de música en la plaza de armas. Pero entremos en materia, si le parece. Se cree por muchos, que un gobierno es bueno porque es popular, ¿es eso cierto, Don Manuel?

Gómez Morín: Para saber Frido, si esa creencia es verdadera o falsa, el concepto de bien común, acuñado hace milenios, resulta de gran utilidad.

El bien común es lo que perfecciona a la sociedad. ¿Y qué la perfecciona?: la organización más apta para el desarrollo simultáneo y armónico de todas las facultades del mayor número posible de integrantes de la sociedad, dice Jaime Balmes sabiamente.

Frido: De ello deduzco Don Manuel, que un buen gobierno en cualquier parte del mundo, es el que, habiendo triunfado en elecciones, no invade y devasta países por dinero y petróleo; el que no amenaza a su vecino y el que no se rinde ante la misma; el que estimula la inteligencia del mayor número, mediante una educación que forme ciudadanos con pensamiento crítico, promoviendo ciencia, investigación, filosofía.

Es el que entiende que la persona humana no puede usarse como vil moneda de cambio, o tratada como despojo y, por ende, un buen gobierno es el que protege los derechos de los migrantes en desgracia, a pesar de la crítica racista de acomplejados y de los riesgos económicos. Don Manuel, ¿podría poner más casos de bien gobernar por favor?

Gómez Morín: Tus ejemplos son acertados Frido; también se debe decir que un buen gobierno es el que protege el medio ambiente, promoviendo energías limpias; el que garantiza el ejercicio de los derechos de las comunidades pobres sobre sus tierras y aguas, subordinando a dichos derechos, los intereses económicos depredadores de los poderosos; el que pugna por atenuar la brutal desigualdad, a través de políticas públicas antineoliberales, justas, como el gravar la riqueza de multimillonarios.

Mira Frido, como conocedor de derecho, economía y finanzas, te digo que el gravamen a la riqueza extrema, por ejemplo, es una medida de justicia elemental, especialmente en esta época de concentración inaudita del capital. Actualmente lo recomiendan Thomas Piketty, la precandidata demócrata Warren y algunos billonarios de los Estados Unidos. Sin embargo, en México se insiste en aplicar políticas neoliberales en esta materia para tener contentos a los magnates.

Además, es buen gobierno el que combate la corrupción licitando compras y obras públicas como regla, descentralizando el poder, respetando la división de poderes, tolerando la crítica y los amparos como reductos de libertad, reconociendo el papel esencial de organismos autónomos y cuerpos intermedios en una democracia genuina, evitando el injusto despido a rajatabla de servidores públicos, sin distinguir trigo de cizaña. Es buen gobierno el que apoya las necesarias estancias infantiles, corrigiendo sus posibles fallas.

Frido: ¿Cómo podría usted resumir qué es un buen gobierno?

Gómez Morín: Un buen gobierno, en suma, es el que organiza la libertad para el logro armónico y simultáneo de la mayor inteligencia, del más alto sentido del honor frente a los Goliats norteños de hoy, de la mayor solidaridad para con el desventurado de aquí y de fuera, de la mejor satisfacción de necesidades materiales básicas para el mayor número posible de ciudadanos, conforme a la filosofía balmesiana. Si se omite cualquiera de esas condiciones, se frustra sin remedio el perfeccionamiento de la comunidad, del país.

Frido: Ahora, visto el criterio del bien común para determinar la existencia de un buen gobierno, destaquemos si le parece Don Manuel, la relación entre éste y popularidad política de regímenes concretos, a la luz de algunos ejemplos del presente y del pasado.

En Estados Unidos según las encuestas, es popular la racista política migratoria del trumpismo, apoyada por México vía el acuerdo migratorio reciente con redadas, encierros y deportaciones masivas de refugiados centroamericanos en tránsito por nuestro país. Esa popularidad, ¿es signo de buen gobierno a la luz del criterio de bien común, de la organización racional de la libertad? No, representa un atentado al derecho, a la libertad, a la solidaridad.

Es popular allá entre racistas el insulto cotidiano del trumpismo a los migrantes, mexicanos y no mexicanos, a quienes tacha de criminales.  ¿Es eso también representativo de buen gobierno? No, es barbarie, y con ella el trumpismo avanza en su pretensión de reelegirse para ruina del orbe.

Gómez Morín: Populares son también la actitud y discurso racista del ministro del interior de Italia contra la valiente Carola Rackete, capitana de un barco humanitario que rescata migrantes en peligro de muerte en el Mediterráneo, en cumplimiento de un deber sagrado, de las leyes del mar. Esa popularidad del ministro, ¿es acaso símbolo de buen gobierno? No, es evidencia incontrastable de cómo la mentalidad neonazi está viva y coleando en la postmodernidad “democrática”. Los bonos de tan siniestro individuo ¡subieron en Italia después de sus insultos a la capitana!

¡Países de Europa financian a los guardacostas de un gobierno libio que permite la tortura y el tráfico de seres humanos, para que detengan migrantes desesperados que huyen de violencia insólita en busca de refugio! Rackete simboliza el cambio de paradigma, la esperanza que construyen los jóvenes valerosos, insumisos.

En el pasado, cabe recordar Frido, fueron populares entre el pueblo muchos césares romanos, con su circo y sus leones comiéndose a los mártires.

Fue popular el régimen nacionalsocialista de origen democrático, porque a raíz del desastre provocado por la República de Weimar, les dio a los alemanes de su tiempo: circo, pan, empleos, y por otro lado, militarización para controlar, para tragarse al mundo, campos de concentración, guetos, asesinatos masivos de judíos. ¿Fue esa popularidad, heraldo de buen gobierno? No. Fue una catástrofe humana, apocalíptica.

Frido: Y volviendo al presente, desde otra perspectiva, un análisis estadístico realizado no hace tanto, por los economistas Christoph Trebesch, Helios Herrera y Guillermo Ordóñez, de las prestigiadas universidades de Kiel, Warmick y Pensilvania, revela Don Manuel, un muy ilustrativo índice de generalidad y frecuencia que se da en países con economías emergentes: la mucha popularidad de sus gobiernos es por regla, antesala de graves crisis.

El contenido de la renuncia valiente de Carlos Urzúa, es sin duda un indicativo elocuente de dicha antesala de derrumbes, y contrasta con la actitud silvestre y aduladora de tantos dizque legisladores morenos que injurian la congruencia, denostando verdades que muerden su soberbia que anuncia tempestades. ¡Qué falta de grandeza, decoro, independencia, la de ellos!

Gómez Morín: Qué aleccionador análisis el de dichos economistas, qué encomiable la conducta de Urzúa. Y así, podríamos seguir poniendo ejemplos de la relación de desgobierno y popularidad, de ésta y regímenes autoritarios o despóticos que se coronan a sí mismos con el beneplácito de muchos, como en la Francia imperial del XVIII.

Frido: Y bueno Don Manuel ¿cómo se obtiene esa popularidad de la política para consumidores pasivos, amantes del “like” como dice Chul Han, al margen del buen gobernar?

Gómez Morín: Pues en parte fundamental, con sustitutos: histrionismo carismático que apela al inconsciente irreflexivo, a las emociones, propaganda, política de “pan y circo”, tan antigua, tan nueva y usada. Y todo esto es aún más efectivo, si el gobierno anterior al que recurre a dichos sucedáneos, resultó desastroso.

Los anteriores casos Frido, indican que la naturaleza de la popularidad es desconcertante, que ésta no es un criterio apto para medir el desempeño de un buen gobierno. El criterio objetivo para ello, es si se da o no la organización idónea para el perfeccionamiento de la sociedad, como lo mencioné hace un momento.

No es la popularidad la que define en la realidad a un buen gobierno; lo que lo define es la buena organización de la libertad, el fomento del clima propicio de concordia para el desarrollo de las capacidades humanas del mayor número posible de ciudadanos conscientes y libres, no de consumidores pasivos de mercancías, de productos políticos infecundos.

Frido, Entonces se puede decir que, desempeñado el buen gobierno, establecido el orden justo y libre, viene entonces por añadidura, el reconocimiento, la merecida popularidad que es fruto, efecto de la fecundidad de la gestión del bien común, no causa de éste. Es la buena organización política la que le da sentido a la popularidad.

Gómez Morín: Tu deducción es certera Frido. Además, debo decirte que en general, ser libre, ser justo, cumplir con vocación y destino, ser solidario con el otro, querer al prójimo como a uno mismo, no es popular, porque el serlo, el quererlo, el cumplirlo, representa una pesada carga, exige un esfuerzo grande, una renuncia, un sacrificio. Pero la responsabilidad está por encima de la popularidad para los hombres y mujeres libres, en los momentos decisivos de la vida y la historia.

Por eso, un día memorable, Winston Churchill, para no rendirse, para salvar a Inglaterra de la barbarie nazi, exigió a su pueblo, “sangre, sudor y lágrimas”. Salvada la libertad, el derecho, la razón, la honra nacional y la de todos en ese tiempo, Churchill gana la gloria y el agradecimiento del mundo libre.

No cabe duda que la historia y la filosofía son maestras de vida, personal y colectiva para almas grandes. Enderezar el rumbo gubernamental para cumplir con el bien común, o seguir igual para tempranos o tardados derrumbes democráticos, esa es la cuestión.

Frido: Don Manuel, me ha dado usted una lección de política muy valiosa, muchas gracias.

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Fin del diálogo. Dedico este artículo con admiración a la memoria de Don Manuel Gómez Morín, y con respeto, a Don Carlos Urzúa, por su valentía, decoro y convicciones, en medio de abundante deshonor y zalamería.

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