Colinas de Santa Fe: El holocausto veracruzano

Los trabajos de recuperación de osamentas. Foto: Noé Zavaleta Los trabajos de recuperación de osamentas. Foto: Noé Zavaleta

El Colectivo Solecito cerró el jueves 7 sus trabajos en el narcocementerio más grande de Latinoamérica: las fosas de Colinas de Santa Fe. Su labor incansable arrojó resultados ambivalentes: una enorme cantidad de restos humanos que pueden contener evidencia de ADN para identificar a personas desaparecidas, pero que a la vez revelan la magnitud de la tragedia que azota a Veracruz. Es el turno de las autoridades de proseguir las investigaciones, pero el trabajo está lejos de terminar. Las madres que se despidieron de ese infierno seguirán buscando a sus hijos, como las de otros colectivos se afanan en fosas igual de terroríficas en otras zonas del estado.

VERACRUZ, Ver. (Proceso).- En medio de la nada, donde no sopla el viento y el sol quema, en 36 hectáreas de dunas, caminos pedregosos, árboles y cactus, integrantes de Los Zetas, del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y de Gente Nueva, pero también policías estatales, convirtieron Colinas de Santa Fe en su holocausto veracruzano.

Todos esos grupos armados dejaron ahí 22 mil fragmentos óseos, cientos de cuerpos sin cabeza, huesos quemados y 298 cráneos, de 50 de los cuales no se ha podido obtener su ADN por el grado de deterioro que presentan. En ese campo fueron enterradas más de 300 personas en los últimos ocho años, periodo que abarca el sexenio del priista Javier Duarte de Ochoa y una fracción del panista-perredista de Miguel Ángel Yunes Linares.

Desde hace tres años, cuando el Colectivo Solecito inició la búsqueda de sus familiares desaparecidos, sólo han sido identificados los restos de 22 personas. Y no existe únicamente esta fosa clandestina; también la de Arbolillo, en Alvarado (con más de 240 cuerpos) y el predio La Guapota en Úrsulo Galván, con 80 fosas donde aún no se han contado ni exhumado los cadáveres por falta de coordinación de las autoridades locales. En esas tres fosas, localizadas en estos tres años en la región del sotavento veracruzano, se calcula que fueron desaparecidas, asesinadas y enterradas más de 700 personas.

La mañana del jueves 8 se celebró una misa en cementerio clandestino para que familiares de los desaparecidos pudieran “clausurar los trabajos” de búsqueda. Con más de 21 mil fragmentos óseos por analizar y medio centenar de cráneos inservibles para obtener pruebas de ADN, pero con la esperanza que un “hueso largo” –costilla o fémur– coincida con un nombre. Las mujeres del Colectivo Solecito saben que la tarea apenas empieza y el viacrucis puede prolongarse varios años más.

Lucia Díaz, directora de Solecito y quien busca desde 2013 a su hijo, Guillermo Lagunes Díaz, un DJ que fue secuestrado en su domicilio del fraccionamiento Reforma del Puerto de Veracruz, expone que este “infierno” jamás tendría que haber sucedido ni ser solapado por “gobiernos corruptos” como los de Duarte y Yunes. “Cuánta juventud perdimos aquí –lamenta, mientras observa las cruces de madera–, pero sabemos que la impunidad fomenta la criminalidad”.

(Fragmento del reportaje especial publicado en Proceso 2232, ya en circulación)

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