El Grito, en el humor desmitificador de Jorge Ibargüengoitia

La ceremonia del Grito de Independencia en el Zócalo (Archivo). Foto: Xinhua La ceremonia del Grito de Independencia en el Zócalo (Archivo). Foto: Xinhua

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Con motivo del noventa aniversario del natalicio del escritor guanajuatense Jorge Ibargüengoitia (22 de enero de 1928), la agencia Apro publicó una breve reseña de su novela Los pasos de López, su última obra, escrita originalmente en 1981 con el título Los conspiradores y publicada ya como se le conoce, en 1982.

Aquí se presentan algunos fragmentos de la reseña que relata cómo el autor de otras obras como Los relámpagos de agosto y Maten al león, aborda la historia del movimiento de Independencia y a sus personajes:

Periñón hace la arenga

Uno de los pasajes históricos fundacionales de la nación mexicana, el Grito de Independencia que la madrugada del 16 de septiembre de 1810 lanzó el cura Miguel Hidalgo en el pueblo de Dolores, es narrado por el escritor Jorge Ibargüengoitia en su novela Los pasos de López, con un humor desmitificador, ácido, divertido:

“Periñón descolgó la imagen de la Virgen Prieta que estaba en el cuadrante, arrancó tres palos del bastidor y amarró el cuadro a una lanza, convirtiéndola en estandarte.”

Relata luego:

“Cuando la iglesia se llenó, salió al presbiterio y gritó:

–¡Viva México! ¡Viva la independencia! ¡Viva la Virgen Prieta!

El pueblo le contestó:

¡Viva el señor cura Periñón!

Ni él gritó ‘¡vamos a matar españoles!’ ni matamos a ninguno aquella noche. Periñón abrió una barrica del vino que él mismo hacía y nos dio a probar. Estaba agrio. Después dispuso guardias y nos fuimos a dormir.”

Pero su intención no fue provocar risa. Así lo explicó al reportero René Delgado, en la entrevista publicada en el semanario Proceso el 24 de diciembre de 1977, incluida en el libro Los escritores, editado por el propio semanario en 1982:

“Mi interés nunca ha sido hacer reír a la gente, en lo más mínimo. No creo que la risa sea sana, ni interesante, ni que llene ninguna función literaria. Lo que a mí me interesa es presentar una visión de la realidad como yo la veo. Ahora bien, esa visión (ya me he dado cuenta y no me parece insultante) es una visión cómica por lo general, pero esto no quiere decir que yo tenga un compromiso con el público de hacer reír, ni nada. Tan sólo es una visión, una manera de ver las cosas y yo la presento, como la siento. Ahora, que es chistosa, pues sí, por lo general. ¡Vaya!, pero no me siento comprometido ni con la risa, ni entregado a ella y no creo, ni siquiera, que la risa sea buena.”

(…)

A propósito del humor del autor de Los relámpagos de agosto y El atentado, el fallecido escritor Federico Campbell opinó también en las páginas del semanario Proceso, en diciembre de 1983:

“El sentido del humor de Jorge Ibargüengoitia –no involuntario, sí producto de esa elaborada naturalidad de la literatura– parece proceder de un escritor malhumorado o por lo menos de alguien que no hace ostentación de su alegría de vivir. Sin embargo –y pocos disentirán de esta opinión–, el suyo es un humor más cerca del negro que del blanco. Podrá discernirse incluso un tono ibargüengoitesco del humor.”

(…)

El autor guanajuatense murió trágicamente en un avionazo rumbo al aeropuerto de Barajas, en Madrid, España, el 27 de noviembre de 1983.

Sus textos periodísticos, dramatúrgicos y libros en los cuales abordó la historia de la Independencia, de la Revolución Mexicana, y del siglo XX quedarán para la memoria.

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