En Gran Bretaña, una repudiada feria de armas

El sitio web de la feria internacional de equipamientos de seguridad y defensa (DSEI)

LONDRES (apro).- La feria internacional de equipamientos de seguridad y defensa (DSEI), la mayor exposición de venta de armas y municiones del mundo, se realizó la semana pasada en esta capital, en medio de amplias protestas por parte de organismos de derechos humanos y civiles, que acusaron al gobierno británico de “complicidad” por promover actos de lesa humanidad y crímenes de guerra.

La DSEI se organiza cada dos años en Londres, y en esta vigésima edición ocupó el predio del Centro de Convenciones ExCeL, en el oriental barrio de los Docklands. Por la polémica feria, que se inició el pasado lunes 9 y concluyó tres días después, pasaron más de mil 600 distribuidores de armas de 70 países, como también las principales compañías de armamento y defensa del mundo, entre ellas las británicas BAE Systems y Lockheed Martin, y las estadunidenses Boeing y Raytheon. Esas firmas registraron en 2018 ganancias por 120 mil millones de dólares.

Durante la feria se vendieron millones de dólares en equipos de defensa, desde misiles y jets de guerra de alta sofisticación, hasta tanques, tanquetas armadas y rifles de ataque con rayos láser. Entre las novedades de este año hubo una nueva generación de submarinos suecos de guerra, rifles automáticos estadunidenses de alto alcance, y vehículos armados especialmente equipados para campos de batalla.

Pero el polémico acto no sólo implicó a compañías privadas de armamentos, sino también a gobiernos y delegados del área de defensa de muchos países, que ayudaron a promover a sus compañías nacionales, además de adquirir nuevas tecnologías de armas y municiones.

El Ministerio de Defensa británico, que cuenta con un presupuesto anual de 69 mil 200 millones de dólares, incluido dinero para la compra de armamentos, buques y tanques de guerra, estuvo directamente vinculado a la feria del DSEI. Ese ministerio tuvo su representación a partir de la llamada Organización de Defensa y Seguridad del Reino Unido, que se encargó de promover la exportación de armas producidas en el país.

Dicho organismo invitó a representantes de otros gobiernos, incluidos aquellos con antecedentes de violaciones de derechos humanos, entre ellos Arabia Saudita, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Colombia. Este año y por primera vez, la organización invitó a una delegación de Israel. La compañía Elbit Systems, cuyas armas de guerra fueron utilizadas contra la población civil de Gaza, expuso junto a otras empresas israelíes de ventas de armas.

A la feria también asistieron delegaciones de Bangladesh, Pakistán y Uzbekistán, países acusados de perpetrar violaciones de derechos humanos contra su población civil.

Según fuentes no oficiales de la feria consultadas por Proceso, el gobierno británico cerró este año ventas de armas y equipos de defensa por más de 20 mil millones de dólares, la mayoría de ellas a países aliados de Medio Oriente, incluido Arabia Saudita.

Feria ilegal

La feria DSEI se realizó dos meses y medio después de que la Corte Suprema británica dictaminó que las ventas de armas a Arabia Saudita son ilegales debido al bombardeo indiscriminado de ese país a civiles en Yemen. El gobierno británico apeló ese dictamen, que le prohíbe en principio autorizar nuevas licencias de exportación de armas a su principal aliado militar en Medio Oriente.

El evento bianual enfrentó muchas críticas por parte de grupos defensores de derechos humanos, políticos y activistas por la paz, quienes sostienen que la feria glorifica la guerra y otorga beneficios militares y políticos a países que cometen graves violaciones de derechos humanos.

“El DSEI atrajo a los regímenes más brutales, represivos y autoritarios del mundo a Londres, y los reunió bajo un mismo techo junto a las principales compañías armamentistas del planeta”, declaró Andrew Smith, portavoz del grupo Campaña Contra el Comercio de Armas.

“El principal lema de la feria fue vender la mayor cantidad de armas posibles. Esta semana se negociaron en Londres acuerdos que llevarán a más violencia y tragedias en el mundo”, agregó.

A las críticas se sumó el alcalde de Londres, el laborista Sadiq Khan, quien en una carta abierta acusó duramente a los organizadores de la feria, e indicó que hará todo lo posible para impedir que el DSEI vuelva a organizarse dentro de dos años.

“Londres es una ciudad global que alberga a miles de individuos que han escapado de conflictos y que sufrieron mucho a consecuencia del uso de armas y equipos de defensa como los que se vendieron esta semana en el DSEI”, dijo el edil londinense.

“Y al defender los derechos de todos los londinenses, voy a aprovechar cualquier oportunidad que esté a mi alcance para impedir que este evento se vuelva a llevar a cabo en los próximos años”, agregó.

Tras las críticas, los organizadores del evento indicaron que la feria “le trae muchos beneficios” a la economía británica, al crear fuentes de empleo y promover el comercio internacional.

“Esta feria sólo sirvió a los intereses de la industria legítima de defensa y seguridad, que es una de las más reguladas del mundo”, declaró Grant Burgham, director del DSEI.

Este año y por primera vez, la feria contó con varios inspectores de distintos ministerios para garantizar que los vendedores de armas cumplieran con los estándares internacionales, algo que no había ocurrido en previas ediciones. De hecho, dos compañías fueron expulsadas por haber intentado vender bastones de descarga eléctricas y grilletes de hierro para piernas, ambas ilegales.

En tanto Amnistía Internacional (AI), que este año tuvo prohibido el acceso a la feria para controlar a los expositores, lanzó un informe en coincidencia con la apertura del evento, en el que cuestionó la promesa de las principales compañías armamentistas de no vender equipos de defensa, armas y municiones a países que violan sistemáticamente derechos humanos.

En especial acusó al gobierno de Arabia Saudita por la compra de armamentos y equipos de defensa que utiliza de forma frecuente contra la población civil en Yemen.

“Arabia Saudita está cometiendo atrocidades y sigue comprando armas en Londres”, indicó AI en el informe.

Para elaborar su informe, AI contactó a 22 empresas de armas y les pidió que explicaran cómo cumplen su obligación de respetar los derechos humanos proclamados en normas internacionalmente reconocidas. Muchas de las empresas investigadas suministran armas a países acusados de cometer crímenes de guerra y graves violaciones de derechos humanos.

“El papel que desempeñan las empresas de armas en mortíferos conflictos en los que se cometen graves violaciones de derechos humanos es, desde hace demasiado tiempo, el ‘elefante en la sala’. Mientras que Estados como el Reino Unido son justamente perseguidos ante los tribunales por sus irresponsables acuerdos comerciales sobre armas, las empresas que se benefician de suministrar armas a los países implicados en estos conflictos se han librado en gran medida del escrutinio”, declaró en el reporte Patrick Wilcken, investigador de AI sobre Control de Armas.

“Ninguna de las empresas con las que contactamos pudo demostrar que ejerce la diligencia debida en materia de derechos humanos. Esto no sólo demuestra una alarmante indiferencia por el coste humano de sus transacciones, sino que puede exponer a estas empresas y a sus directivos a enjuiciamiento por complicidad en crímenes de guerra”, agregó.

AI investigó a 22 empresas de armas de 11 países, entre ellas Airbus (Países Bajos), Arquus (Francia), Boeing (Estados Unidos), BAE Systems (Reino Unido), Leonardo (Italia), Lockheed Martin (Reino Unido), Raytheon (Estados Unidos), Rosoboronexport (Rusia), Thales (Francia) y Zastava (Serbia).

Si bien las obligaciones de derechos humanos de los Estados de regular el comercio internacional de armas ya están claramente definidas en el Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas, así como en legislación nacional y regional, “el papel fundamental de las empresas en el suministro de artículos y servicios militares se suele pasar por alto, a pesar de que sus transacciones y productos son a menudo intrínsecamente peligrosos”, concluyó.

Las autoridades de la feria DSEI también le negaron la acreditación de prensa a varios periodistas británicos que buscaban cubrir el evento, hecho que llevó al Índice de Censura y al Sindicato Británico de Periodistas a calificar la medida “como una siniestra violación a la libertad de prensa”.

Repudio generalizado

Los días previos y durante el evento, manifestantes antiguerra, vecinos, organizaciones en defensa de los derechos del colectivo LGBTQ y grupos religiosos se manifestaron fuera del Centro ExCel, con el fin de impedir que enormes tanques con acoplados ingresaran al predio transportando jets de guerra, helicópteros y armas mortíferas.

La policía de Londres confirmó haber arrestado a un centenar de personas por el bloqueo de calles o por intentar ingresar sin permiso al predio. En tanto, en el sur de la capital, una exposición de obras artísticas titulada “Arte contra la Feria de Armas” recaudó dinero para grupos antiguerra gracias a la donación de obras de artistas internacionales como Anish Kapoor, Hito Steyerl y Shepard Fairey.

“Las guerras y el comercio de armas, que se benefician de la muerte de personas, están totalmente en contra de los derechos humanos y la protección de la vida humana”, afirmó Oliver Robertson, líder de los cuáqueros en el Gran Bretaña, y que participó de las protestas.

Robertson, que se manifestó afuera del Centro Excel junto a una delegación multirreligiosa de musulmanes, krishnas y cuáqueros, organizó un plantón silencioso para impedir el acceso de vehículos que llevaban armas y otros equipos de defensa al predio.

“No creemos para nada que las ferias de armas y la promoción de ventas de armas sea algo ético o humano. Ni este centro de convenciones ni nuestro gobierno británico deberían apoyar o permitir este tipo de comercio espantoso. Es una verdadera tragedia que afecta a millones de personas inocentes en todo el mundo”, concluyó el activist

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