Exguerrilleros exigen el reconocimiento de su lucha, amnistía total y castigo a expresidentes

Operativo judicial. Cacería de guerrilleros. Foto: Archivo Proceso

Quienes en los setenta y ochenta militaron en grupos subversivos consideran necesario el reconocimiento del rol de la guerrilla,“porque permitió el avance de la construcción de la democracia”. A propósito de la polémica sobre el homicidio del empresario Eugenio Garza Sada causada por el historiador Pedro Salmerón, los entrevistados aclaran que no piden vanagloriar la violencia, sino establecer “una visión equilibrada de lo que significó el movimiento para quienes consideraron que no tenían otra alternativa que levantarse en armas”.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- “Valientes”, llamó Pedro Salmerón el martes 17 a quienes participaron en el movimiento guerrillero que intentó secuestrar a Eugenio Garza Sada. Bastó ese adjetivo del exdirector del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) para que empresarios y miembros del PAN reaccionaran acusando al gobierno de apología de la violencia y exigieran la renuncia del historiador.

Entrevistados, exmilitantes de varios grupos guerrilleros señalan que se tergiversó el sentido de lo escrito por el funcionario y, al contrario de las críticas, aseguran que es tiempo de que se reconozca el papel histórico del movimiento guerrillero para avanzar en el proceso democrático, así como la responsabilidad del Estado en la llamada Guerra Sucia como parte de la pacificación del país.

Incluso reconocen que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador muestra la voluntad política que otros presidentes no tuvieron, de disculparse en nombre del Estado por los delitos cometidos contra quienes participaron en el movimiento guerrillero.

Pero piden que no se quede sólo en la disculpa y que se amplíe la Ley de Amnistía propuesta por el presidente para que se incluya a quienes fueron acusados del delito de rebelión, así como crear una Comisión de la Verdad que investigue y castigue a los responsables: mandos policiacos, militares y expresidentes de la República.

“Estos son los primeros pasos encaminados a algo necesario, la construcción de la paz, no sólo en relación con la violencia generada por el crimen, sino también con quienes empujaron para que en México existieran las transformaciones actuales”, señala Felipe Edgardo Canseco, exintegrante del Partido de los Pobres.

Y plantea: “Creo que debe esclarecerse la verdad de la historia contemporánea a partir de la polémica que hubo con Pedro Salmerón y, más allá de las banderas políticas de la derecha y de la izquierda, recuperar y desbrozar esa parte de la historia en la que hubo una guerra sucia con bajas de muchos lados, desde luego de quienes fueron secuestrados y de los cientos o miles de guerrilleros muertos y desaparecidos. Pero para que no se repitan esos crímenes del Estado mexicano”.

Los valientes

El historiador Pedro Salmerón recordó el intento de secuestro del empresario neoleonés el 17 de septiembre de 1973, en el cual murieron Garza Sada, sus dos escoltas y dos guerrilleros de la Liga Comunista 23 de Septiembre.

El lunes 23, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, en nombre del Estado mexicano ofrecieron una disculpa pública a Martha Camacho Loaiza, quien en 1977 fue secuestrada y torturada 49 días junto con su esposo en instalaciones militares durante la Guerra Sucia.

Estos dos hechos agitaron nuevamente las posiciones en favor y en contra de la legitimidad de los movimientos guerrilleros que actuaron entre los sesenta y ochenta del siglo pasado. Hubo conatos de enfrentamiento en la Cámara de Diputados entre el legislador de Morena, Gerardo Fernández Noroña, y un grupo de panistas; mientras que el Congreso de Nuevo León declaró “persona non grata” a ese diputado y a Salmerón, quien tuvo que renunciar a la dirección del INEHRM.

Jaime Laguna, exmiembro de la Liga Comunista 23 de Septiembre y expreso político, considera que tanto la disculpa a Martha Camacho como lo escrito por el historiador forman parte del reconocimiento al papel histórico que tiene el movimiento guerrillero en los procesos de cambios políticos y sociales del país.

“Definitivamente no se trata de vanagloriar la violencia, un gobierno democrático no puede aplaudirla, lo que hace es condenar la violencia más peligrosa, que es la que viene del Estado, esa es la que más daño causó porque quedó impune. Entonces no fue un reconocimiento, sino una disculpa por parte del Estado, admitiendo que se extralimitó en sus funciones de contención contra la guerrilla.”

Editor del periódico electrónico Cuartel Madera, Laguna reitera que la disculpa pública a Martha Camacho no es un aplauso a la guerrilla, sino la admisión de que el Estado se excedió en sus funciones.

Pero aclara que, más que una señal de pacificación con fuerzas beligerantes, se trata de un proceso de rectificación sobre la participación del Estado en actos represivos.

Muertos, desaparecidos 
y encarcelados

Hasta ahora se desconoce el número de desaparecidos y muertos durante la Guerra Sucia. Según la fuente, los datos contrastan; por ejemplo, la cifra de denuncias recibidas por la ONU relacionadas con crímenes de Estado es de 374; el Comité Eureka, encabezado por Rosario Ibarra, maneja 557 desaparecidos entre 1969 y 2001. A su vez, la Fiscalía Especial para Delitos del Pasado, que encabezó Ignacio Carrillo Prieto, consideró que hubo mil 500 casos. En tanto que para la Comisión Nacional de los Derechos Humanos hay 275.

En la actualidad un grupo de exmilitantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre, una de la más perseguidas y castigadas de las 29 agrupaciones rebeldes que surgieron en esos años, realiza un registro minucioso de desaparecidos, muertos y encarcelados, de acuerdo con los expedientes que han podido consultar en el Archivo General de la Nación.

Laguna, quien estuvo seis años preso en Santa Martha, afirma que después de tres años de trabajo han podido confirmar 800 casos por asesinato y desaparición, sólo de la Liga Comunista 23 de Septiembre.

Considera que las reformas político-electorales de los últimos 40 años, la participación de las organizaciones sociales en la vida democrática y la llegada de López Obrador a la Presidencia, tienen que ver con el movimiento guerrillero del siglo pasado: “Sin la fuerza política de un grupo que empujó desde los partidos y el movimiento armado, de manera combinada, no se hubiera dado la reforma política. Esto es parte de la historia que ha generado los cambios que hay hasta ahora. No se puede negar que este gobierno es producto de la tenacidad de Andrés Manuel López Obrador, pero también es por la suma de todas esas luchas”.

Luego de estimar que las reacciones de los empresarios y de la derecha a lo que dijo Salmerón son un discurso demagógico y una oportunidad de atacar a López Obrador, rechaza que se esté reivindicando la violencia o que se aplauda a los asesinos. “Lo que está haciendo el gobierno es una muestra de congruencia, de reconocer el valor histórico que tiene para la construcción del presente la lucha que se dio y que es un detonante para lo que es México en el presente. Más que satanizarla hay que reconocerla”, sostiene.

Por su parte, Jesús Morales Hernández, también exintegrante de esa organización guerrillera fundada en Guadalajara el 15 de marzo de 1973, defiende el término de “valientes” usado por Salmerón.

“Claro que fuimos valientes para enfrentarnos a una estructura salvaje; eso es valentía. Ponen el grito en el cielo cuando se reconoce esa valentía, sin tomar en cuenta que el propio derecho internacional, la Convención de Ginebra, reconoce el derecho de exigir un cambio a un régimen autoritario.”

Morales aprecia que el perdón otorgado a Martha Camacho “es un buen signo de civilidad del presidente, que reconoce que hubo una guerra sucia, periodo en el que cada casa era un panteón y las madres enloquecieron por sus desaparecidos porque les mutilaron el alma”.

No obstante, advierte que aún falta mucho camino por recorrer: reconocer a los cientos de desaparecidos y no sólo ofrecer disculpas, sino también indemnizar a las familias y, sobre todo, investigar y juzgar a los responsables, como se hizo en Argentina y Guatemala.

Parteaguas

David Cilia Olmos, quien fue responsable de la Liga Comunista 23 de Septiembre en el sur de Sonora, califica la disculpa del gobierno de López Obrador de hecho trascendente, un hito en la historia y un punto y aparte en comparación con los anteriores gobiernos.

“Porque el hecho de que el Estado reconozca los crímenes que se cometieron en el pasado por otros gobiernos significa que hay posibilidades de encontrar un camino verdadero para la paz. No se puede construir un país en paz si no se reconocen las deudas del pasado, principalmente la existencia de los desaparecidos y la existencia de los movimientos armados”..

Insiste: “Es un parteaguas, es indicador de un cambio democrático. Ningún gobierno lo había hecho. Con Salinas se instauró la CNDH, pero los encargados eran los responsables de la Dirección Federal de Seguridad, es decir, los mismos que habían ejecutado las desapariciones ahora se encargaban de buscar a los desaparecidos.

“Luego Fox se hizo cargo del tema y en lugar de establecer la comisión de la verdad, como lo prometió en su campaña, formó una fiscalía especial que sólo encapsuló jurídicamente los casos y se archivaron sin que se investigara.”

Cilia aprecia que este gesto del gobierno de López Obrador es un nuevo planteamiento para revalorar el papel de los grupos guerrilleros, así como de los muertos y desaparecidos de la Guerra Sucia. No obstante, aclara que hay que dar otros pasos que vayan más allá de la integración de una comisión de atención de víctimas.

Señala tres objetivos que debería tener la comisión de la verdad: reconocer a las víctimas y reparar el daño; castigar a los responsables para que no se repitan los hechos y no haya impunidad; y que se investigue a todos los desaparecidos tanto de la Guerra Sucia como de la guerra contra el narco, porque son los mismos mandos policiacos y militares.

“Estos responsables están bien identificados, son los comandantes de la policía, del Ejército, de la Dirección Federal de Seguridad que desaparecieron a nuestros compañeros y que ahora comandan a los grupos del crimen organizado que se dedican a hacer lo mismo, las desapariciones forzadas, aunque con otros motivos.”

Felipe Canseco Ruiz, exintegrante del Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo, preso de 1990 a 1994, se ha dedicado al litigio de casos y asesoría jurídica a pueblos y comunidades; considera que no se puede soslayar ni esconder debajo de la alfombra una parte de la historia del país.

“Tiene que haber una visión equilibrada de lo que significó el movimiento de miles de personas que consideraron que no tenían otra alternativa que levantarse en armas contra un régimen que actuaba con la represión, encarcelamientos y masacres.”

En ese contexto, considera que hay que valorar la conveniencia de ampliar la ley de amnistía que propone López Obrador para que se considere a quienes fueron acusados de los delitos de sedición, como parte de un proceso de reconciliación y de construcción de paz.

“Hay que avanzar en ese proceso de reconstrucción de paz, en el que debe haber los factores que a nivel internacional se consideran dentro de la justicia transicional: que se sepa qué paso, que haya verdad, justicia y garantía de no repetición, lo cual sólo se podrá hacer con un régimen democrático y redistribuyendo la riqueza en el país. Finalmente, que haya reparación de daños.”

Manifiesta que ese es el proceso en el cual está el gobierno de López Obrador y en el que se ubica el proyecto de amnistía que incluye tímidamente el delito de sedición como uno de los aspectos que se tienen que considerar.

Estas entrevistas se publicaron el 29 de septiembre de 2019 en la edición 2239 de la revista Proceso

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José Gil Olmos, reportero desde 1998. Colaboró en el periódico El Nacional y en el diario La Jornada. Desde el 2001 es reportero de la revista Proceso. Es autor de Los Brujos del Poder, La Santa Muerte la virgen de los olvidados, Los reporteros mexicanos en la guerra de Chiapas y Batallas de Michoacán.

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