Turquía inicia la invasión del norte de Siria

Un incendio en Siria causado por un ataque de artillería turca. Foto: Lefteris Pitarakis/AP Un incendio en Siria causado por un ataque de artillería turca. Foto: Lefteris Pitarakis/AP

ESTAMBUL (apro).- Turquía inició este miércoles la invasión del territorio del norte de Siria, controlado por las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), una coalición liderada por las milicias kurdas a las que el gobierno de Ankara considera terrorista.

A las 16:00 hora local, los cazas turcos recibieron la orden de atacar. Sobrevolaron las posiciones kurdas y, desde el aire, descargaron sus bombas sobre bases militares, depósitos de armamento y posiciones artilladas.

Los tanques, cañones y lanzacohetes turcos también iniciaron sus operaciones, sometiendo a las localidades sirias junto a la frontera a un intenso fuego de artillería durante horas, lo que provocó una oleada de desplazados civiles.

Seis horas más tarde, las fuerzas especiales turcas y combatientes de facciones rebeldes sirias leales a Ankara iniciaron la fase terrestre de la operación, penetrando en territorio sirio por al menos tres puntos al este del río Éufrates.

Estas fuerzas rebeldes han movilizado a 14 mil combatientes para la operación turca, frente a los 65 mil milicianos con los que cuentan las SDF. El Ejército turco, por su parte, es el segundo más numeroso de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), con más de 300 mil militares, y en la última década ha llevado a cabo una remodelación y modernización de sus sistemas de armamento, por lo que las milicias kurdas –aunque han recibido de Estados Unidos modernos sistemas antiaéreos y antitanque– no tienen demasiadas posibilidades de resistir. Especialmente porque luchan en un territorio llano y no disponen del apoyo de aviones militares del que sí se beneficia Turquía.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, llevaba meses amenazando con una operación militar contra esta zona, alegando que las milicias SDF son una mera extensión del PKK, grupo armado que mantiene una guerra contra las fuerzas de seguridad turcas desde la década de los ochenta.

“Nuestra misión es impedir que se establezca un corredor terrorista a lo largo de nuestra frontera meridional”, anunció Erdogan en un tuit. Y el mandatario de Turquía no ha dudado en utilizar las vacilaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuyos militares desplegados en la frontera eran lo único que, hasta ahora, detenía la invasión turca.

“La diferencia es que los turcos al final hacen lo que dicen, mientras nuestra administración es actualmente un caos”, afirma, en declaraciones a Proceso, Aaron Stein, director del programa de Oriente Medio en el Foreign Policy Research Institute de Estados Unidos: “Nadie esperaba la dirección tomada por Trump”. Tal decisión se produjo el domingo, durante una conversación telefónica entre ambos líderes. Al día siguiente, Trump ordenaba a sus militares estacionados en la frontera replegarse hacia el sur y el este, y aunque luego la Casa Blanca y el Pentágono matizaron que eso no significaba dar luz verde a la invasión turca, Erdogan vio el farol de la administración Trump y ordenó el ataque.

En la parte turca de la frontera, las autoridades han declarado zonas de seguridad especial y en varias provincias se han suspendido las clases para permitir las operaciones. Además, en varias ciudades han caído proyectiles disparados por las SDF desde Siria. Algunos han dañado hogares civiles, pero no se han registrado víctimas. En cambio, en el otro lado, los bombardeos turcos han causado al menos cinco muertes civiles y un número indeterminado de bajas entre los combatientes.

Las televisiones turcas mostraron imágenes de explosiones y columnas de humo elevándose sobre varias localidades. Varios de los objetivos kurdos atacados se hallan en zonas urbanas. De ahí que los civiles hayan comenzado a huir en masa de las localidades fronterizas, hacia el interior de Siria. Hay un ambiente de “pánico” entre los civiles, aseguraron las SDF en un comunicado.

La Unión Europea y varios de sus estados miembros, como Francia, Alemania y Reino Unido, han exigido que Turquía detenga las operaciones y han convocado a una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). “La solución en Siria no será a través de medios militares sino por la transformación política aplicada mediante decisiones de Naciones Unidas”, dijo la portavoz de la Comisión Europea, Maja Kocinjancic.

Otras potencias regionales como Irán y la mayoría de países árabes han criticado duramente la intervención turca. Rusia, en cambio, se ha mantenido más ambigua: en los últimos años Erdogan se ha acercado a Putin, y Moscú ve con deleite como el manejo de la situación por parte de Trump provoca una ruptura de la alianza entre Estados Unidos y las milicias kurdas. Una alianza que en los últimos años de guerra ha llegado a controlar alrededor del 25 % del territorio sirio tras liberar buena parte del territorio bajo control yihadista.

El temor, además del daño a los civiles, es que la intervención turca desestabilice aún más un país que lleva ocho años de una guerra en la que se multiplican los frentes. Y, además, que el ataque afecte negativamente a la lucha contra el Estado Islámico (ISIS). “El ISIS no ha sido derrotado, sus células continúan presentes, no hay estabilidad en la región, ni una solución política. Estados Unidos no ha mantenido sus promesas y se está retirando”, criticó Salih Muslim, el portavoz del PYD, la principal formación kurdosiria.

De hecho, las milicias kurdas han anunciado que detienen sus operaciones con las células durmientes yihadistas –pese a que en los últimos días éstas han llevado varios ataques mortales en diversas localidades–, pues deben desviar sus fuerzas hacia la frontera turca para defenderse.

Sin embargo, al gobierno turco no le afectan las críticas internacionales. “Algunos preguntan qué hace Turquía allí. Lo que vamos a hacer es limpiar la zona del PKK y regresar en breve”, afirmó el ministro de Interior, Süleyman Soylu, en una entrevista con la cadena CNN-Türk.

En Turquía, de hecho, el ambiente es de furor jingoísta. El gobierno cuenta con el apoyo de la mayor parte de la oposición y Erdogan quiere ganar puntos en un momento en que su popularidad está en los niveles más bajos de los últimos años, debido a las dificultades económicas que atraviesa el país. No en vano, la Presidencia de Asuntos Religiosos, dependiente del gobierno, ha ordenado que en la mañana del jueves todas las mezquitas del país reciten la llamada “oración de la Conquista” en apoyo a los soldados turcos.

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