“El caso Nobel”

El hecho insólito de que se suspendiera la entrega del Premio Nobel de Literatura en 2018 y se entregara a dos escritores en 2019 –a la no muy conocida polaca Olga Tokarczuk y al afamado austriaco Peter Handke–, es consecuencia de un escándalo que sacudió los cimientos de la Academia Sueca. La historia es recogida en L’affaire Nobel, volumen del excorresponsal en Suecia de Le Monde, Olivier Truc, recién aparecido en Francia. Este es el resumen del libro.

PARÍS (Proceso).- .- El pasado 10 de octubre Mats Malm, flamante secretario permanente de la Academia Sueca, cumplió cabalmente un rito secular: A las 13 horas en punto salió de su oficina ubicada en la antigua e imponente sede del Börshuset (Bolsa de Valores) en el corazón de Estocolomo y declaró en forma solemne  que el Premio Nobel de 2018 habia sido concedido a Olga Tokarczuk y que el de 2019 coronaba la obra de Peter Handke.

¿Será esa inédita doble premación el epílogo de una tragicomedia digna de figurar en el catálogo de Netflix que a lo largo de 63 semanas sacudió la venerable Fundación Nobel, amenazó la existencia misma de la Academia Sueca, causó pesadillas al rey Carlos XVI Gustavo, conmocionó el país y afectó la imagen del premio literario más famoso del mundo?

Quién sabe…

L’ affaire Nobel, título del libro que acaba de publicar en Francia Olivier Truc, excorresponsal del vespertino Le Monde en Suecia, empieza el 21 de noviembre de 2017, un mes después del inicio del escándalo de Harvey Weinstein en Estados Unidos y dos semanas antes de la majestuosa ceremonia de entrega del Nobel de Literatura al escritor británico Kazuo Ishiguro.

Ese día el diario Dagens Nyheter publicó en primera plana una investigación explosiva firmada por Matilda Gustavson, en la cual 18 mujeres acusaban a un kulturprofilen (personaje conocido del mundo cultural) de acoso sexual y violaciones. El reportaje fue galardonado en 2018 por el Stora journalistpriset, el premio mayor del periodismo sueco.

Los testimonios –bastante detallados– son terribles. Al cabo de pocos dias se destapa la identidad del kulturprofilen, Jean-Claude Arnault, un   setentón francés casado con Katarina Frostenson, una de las poetisas más célebres del país e integrante de la Academia Sueca desde 1992.

La noticia golpea a la opinión pública pero no sorprende a los círculos intelectuales y culturales de Estocolmo en los que el kulturprofilen tiene fama de “predador sexual” décadas atrás.

Nacido en Marsella en 1946, Arnault llega a Suecia a finales de 1968 con un certificado de electricista en el bolsillo, físico de galán de película y marcada tendencia a la mitomanía. A lo largo de 10 años apantalla a los suecos presentándose sucesivamente como héroe de la revuelta estudiantil gala de 1968, fotógrafo de renombre en su país, escenógrafo… Lo salva del rídículo su encuentro en 1978 con la hermosa y talentosa Katarina Frostenson, quien no resiste al encanto del french lover.

Ambos crean en 1989 el Forum-Nutidsplats för kultur, galería de arte contemporáneo informal que se convierte al filo de los años –y sobre todo a partir del ingreso de Katarina a la academia– en el espacio cultural a la vez más anticonformista y más elitista de Estcolmo, el cenáculo donde se hacen y deshacen las carreras artísticas.

Arnault es el gurú de ese mundo misterioso calificado por Olivier Truc de  “vanguardista, esotérico, decadente y snob” en el que se codean miembros de la Academia Sueca, jovenes talentos y artistas consagrados, escritores,  dramaturgos, periodistas, músicos…

Según sus víctimas es esencialmente en el Forum que el kulturprofilen caza y agrede a sus “presas”, amenazándolas con aniquilar sus carreras si resisten a su acoso.

“Quien vive desconectado de su líbido no puede aspirar a ser artista”, tal es el credo de ese personaje que hasta su caida estrepitosa se vanagloriaba de ser  la eminencia gris del mundo cultural sueco, condecorado en 2015 con la medalla de La Orden Real de la Estrella Polar, un honor reservado a la familia real y a extranjeros destacados.

En 1997, sin embargo, Arnault está a punto de ser desenmascarado: Dos de sus víctimas se atreven a denunciar ante Sture Allen, entonces secretario permanente de la institución, las  graves agresiones que les acaba de infligir el esposo de Frostenson. En balde. Reiteran sus acusaciones en las páginas del diario amarillista Expressen. No pasa nada.

*    *    *

Pero 20 años más tarde, en pleno nacimiento del movimiento #Me Too, y en la era de las redes sociales, la situación es radicalmente distinta. Ya no impera la ley del silencio.

Los medios de comunicación suecos se lanzan en la batalla y multiplican exclusivas demoladoras sobre “el predador”. Los altos mandos de la Fundación Nobel se apuran en anunciar que Jean-Claude Arnault será persona non grata el 10 de diciembre de 2017 en la ceremonia de entrega de los Nobel a la que asiste desde hace 25 años colgado del brazo de su renombrada esposa.

Sara Danius, feminista de armas tomar, catédratica de literatura y Secretaria Permanente de la institución desde 2015 –es la primera mujer en la historia en ocupar ese puesto– pide a un bufete de abogados que investigue discretamente” las acusaciones.

Al principio, salvo Katarina Frostenson, por razones obvias, todos los académicos aprueban esa inciativa. Pero al filo de las semanas crecen las tensiones internas y se multiplican los conflictos en el seno de la Academia. La crisis alcanza su climax a principios de abril de 2018 cuando los abogados entregan el resultado de sus pesquisas a Danius.

Sus conclusiones son tan demoledoras que recomiendan a la Secretaria Permanente trasladar todo el expediente a la policía y dejar que las autoridades competentes hagan su trabajo. Predican en el desierto. La mayoría de los académicos temen el escándalo y optan por lavar la ropa sucia en casa.

Es un error colosal, según explica Olivier Truc. En lugar de resolver esa crisis de manera digna y transparente, precipitan a la Academia en el caos.

La “noble asemblea” acaba dividiéndose en tres grupos: el primero denuncia “un complot” contra Arnault, se solidariza con Katarina Frostenson y pide la cabeza de Sara Danius; el segundo apoya a Danius y exige la cabeza de Frostenson; el tercero, neutro y aterrado, cuenta las balas que se disparan los beligerantes.

El 6 de abril tres “neutros”: Kjell Epsmark, Klas Östergeren y Peter Englund, todos personajes célebres, botan la toalla y se van.

Un día después la prensa publica amplios apartes de la investigación interna, supestamente secreta, pedida por Sara Danius.

Resulta que Arnault, además de aparecer como delincuente sexual, luce también como delincuente fiscal: acumula fraudes en la administración de Forum, cobra subsidios indebidos de la Fundación Nobel gracias a la complicidad de su esposa, goza como si fuera suyo de un elegante departamento en París que la Academia compró siguiendo sus “consejos”… Sigue la lista de delitos y abusos… Es larga.

Olivier Truc insiste en su libro sobre el estupor que provocaron estos hechos en todo el país.

“Los suecos descubren que la Academia es en realidad una asamblea secreta, totalmente opaca, riquísima, dotada de faculdades discrecionales, que no rinde cuentas a nadie. La ven ahora como una verruga fosilizada del Antiguo Régimen que aborrecen… En un país tan apegado a la transparencia, a la igualdad entre ciudadanos y a la racionalidad, esa revelación es terrible.”

Otra agravante, según subraya Truc, es que muchos suecos están convencidos de  que sin la Academia y la fama del Premio Nobel de Literatura casi nadie hablaría de su país en el mundo, y les avergüenza pensar en su prestigio manchado.

Se aceleran los acontecimientos.

Lars Heinkensten, director ejecutivo de la Fundación Nobel, anuncia    que cancela su apoyo financiero a Forum y que rompe definitivamente toda relación con su director.

El 15 de abril el “clan” opuesto a Sara Danius la acorrala para que abandone su puesto mientras que Katarina Frostenson y su marido se “exilian” en París.

Algo desquiciados, varios académicos que hasta entonces se enfrentaban a puertas cerradas en sus elegantes oficinas del Borshuset, empiezan a insultarse en las columnas de los principales diarios suecos.

El 19 de abril decenas de miles de mujeres se manifiestan ante la sede de la Academia Sueca proclamando su solidaridad con Danius, convertida en “víctima de la tiranía patriarcal sueca”. Varias ministras, incluyendo la de cultura que condecoró a Arnault, participan en la manifestación.

En ese país de escasos 10 millones de habitantes, una movilización  semejante es vivida como un tsunami que Camila Läckberg, reconocida autora  de novela policiaca y gran admiradora de Sara Danius, aprovecha oportunamente para lanzar una campaña en favor de la cancelación de la entrega del Premio Nobel 2018. Le obedecen como un solo hombre sus 200 mil followers de la redes sociales.

Exigen ademas la renuncia colectiva de los integrantes de la Academia y su remplazo por personajes del mundo intelectual y cultural dignos de respeto.

La junta directiva de la Fundación Nobel está al borde de la apoplejía. Ya  no puede tolerar más desprestigio nacional e internacional, que afecta no sólo al premio literario sino también a los de física, química y medicina entregados el mismo día que aquel,  y perjudica la memoria misma de su funddaor, Alfred Nobel.

Hienkensten convoca a una reunión de emergencia con los académicos, y según  el diario Dagens Nyheter, les ordena sospender la entrega del premio 2018.

El 3 de mayo la Academia Sueca anuncia por comunicado “su” decisión  de dar a conocer el nombre del ganador del premio Nobel 2018 junto con el de 2019.

*    *    *

Ese desenlace, sin embargo, no es el fin de la historia. Falta ahora poner orden en la Academia y asegurarse que podrá cumplir serenamente, con altura intelectual y ética, su exigente misión.

La tarea es sumamente difícil porque la institución lleva más de 200 años regida por el mismo reglamento interno.

Fundada en 1786 por el rey Gustav III sobre el modelo de su homóloga francesa, la Academia Sueca cuenta con 18 miembros que pertenecen al mundo de las letras: escritores, linguistas, filólogos, historiadores, filósofos, poetas, dramaturgos… Desde su creación  la institución es responsable del diccionario sueco, que va actualizando año tras año, y a partir de 1901 la Fundación Nobel   le confía la elección del ganador del Premio de Literatura.

La Academia dispone de un importante presupuesto que le garantiza una autonomía total. Sus integrantes son elegidos por cooptación y sus plazas son vitalicias. Los académicos son inamovibles: no pueden renunciar a su puesto, ni se les puede dar de baja. Se les permite dejar de asumir sus funciones, mas no  salirse de la institución.

De hecho, desde 1989, los fatídicos años 2017 y 2018 la Academia Sueca sólo contó con 15 miembros activos, ya que tres de sus integrantes abandonaron sus escaños en forma de protesta contra la “noble asamblea” que había rehusado condenar la fatwa (condena a muerte) lanzada contra el escritor Salam Rushdie por el Ayatolah Jomeini. Nunca reintegraron la Academia, y sus sillas permanecieron vacías.

Según el mismo protocolo interno elaborado bajo la égida de Gustavo III,  solo se requiere la presencia de 7 académicos para supervisar el funcionamiento diario de la institución, pero se impone la de un mínimo de 12 para tomar decisiones importantes, entre ellas la cooptación de un nuevo miembro para suceder a uno fallecido o la elección final del ganador del Premio Nobel.

La selección progresiva de los candidatos al galardón más cotizado del mundo le corresponde al Comité Nobel, integrado por cinco académicos que asumen esa responsabilidad durante 3 años.

El Comité inicia sus labores en febrero, y a principios de mayo dispone de una lista de cinco candidatos que somete a sus colegas. Estos tienen cuatro meses para leer y analizar las obras de los finalistas. A mediados de septiembre empiezan –y se multiplican– las  discusiones a puerta cerrada para designar al ganador. Sobra precisar que todo se lleva a cabo en el secreto mas absoluto. El 10 de octubre el secretario permanente de la Academia revela el nombre del premiado.

El 3 de mayo de 2018, cuando la Fundación Nobel obligó a la Academia a anunciar públicamente la cancelación del premio, no lo hizo solamente para evitar mayor desprestigio o porque la presión de la opinión pública fuera muy fuerte, sino porque  la institución ya no contaba con los doce académicos activos que necesita para funcionar.

Sólo quedan 9. Los demas ya no pisan el Borshuset.

En Suecia todo mundo se interroga sobre el porvenir de esa institución en estado de catalepsia. La situación es tan desastrosa que la Fundación Nobel amenaza con retirarle la atribución de la presea.

El rey Carlos XVI Gustavo, garante moral de la Academia, ha tomado por su parte una “decisión histórica”: acepta poner fin a la “inmortalidad” de los académicos autorizandoles a renunciar a sus puestos, lo que permite liberar escaños.

El monarca da  también su beneplácito a un largo proceso de modernización de la asamblea, que cuenta hoy con siete nuevos miembros, entre los que destacan Jila Mossaed, una poetisa irano-sueca, y Eric Runesson, un brillante jurista, hombre de confianza de la famila real y de los directivos de la Fundación.

La  primera medida que toman de común acuerdo y en forma urgente el rey y la Fundación es la más radical: Juntos imponen al Comité Nobel, que sigue estando integrado por cinco académicos, la obligación de trabajar en “estrecha colaboración” –en realidad bajo vigilancia– con un comité de expertos cuyos miembros están seleccionados fuera de la Academia.

Es ese Comité new look el cual trabajó durante un año a marchas forzadas para elegir a los dos premiados de 2018 y 2019, la polaca Olga Tokarczuk y el austriaco Peter Handke, respectivamente.

Cumplir esa misión después de tantos escándalos representa un tremendo desafío. Enfatiza Björn Wirman, coordinador de la sección cultural del diario  Dagens Nyheter:

“Poco importan en realidad la calidad de los trabajos o los méritos de los premiados de 2018 y 2019, siempre se les sospechará de haber sido seleccionados para servir de coartada cultural a una institución en busca de redención.”

El 3 de diciembre de 2018 la justicia sueca condenó a Jean-Claude Arnault a dos años y medio de carcel por dos crímenes de violación. Las demandas de la mayoría de las 18 mujeres que lo acusaron en Dagens Nyheter fueron desoídas por falta de pruebas o prescripción. Según su abogado, el  kulturprofilen pasa sus días prostrado en su celda.

El 18 de enero de 2019 Katarina Frostenson renunció definitivamente a su escaño de la Academia Sueca, al tiempo que publicó un libro enigmaticamente titulado K, en el que afirma haber sido “inmolada en el altar del puritanismo sueco”.   

Este reportaje se publicó el 13 de octubre de 2019 en la edición 2241 de la revista Proceso

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