A un año de la mariguana recreativa legal en Canadá: calma social, pero el mercado negro resiste

Después de Uruguay, Canadá es el segundo país en legalizar el consumo recreativo de la mariguana. Foto: Miguel Dimayuga Después de Uruguay, Canadá es el segundo país en legalizar el consumo recreativo de la mariguana. Foto: Miguel Dimayuga

 MONTREAL, Canadá (apro).- Se ha cumplido un año de la legalización canadiense del cannabis recreativo (el de uso terapéutico está autorizado desde 2001). Canadá fue el segundo país –después de Uruguay- en insertar en el marco legal la mariguana con fines lúdicos, pero ha sido hasta el momento el único miembro del G20 en llevar a cabo una medida de ese calado en todo su territorio. “La legalización protegerá a los jóvenes y golpeará a los grupos criminales”, afirmó el primer ministro Justin Trudeau el 17 de octubre de 2018, día de su entrada en vigor.

Según las encuestas, el 70% de la población respaldaba en esos días la medida de Trudeau. No obstante, políticos conservadores y algunos medios de comunicación expresaron que la legalización causaría todo un cúmulo de problemas.

“El escenario negativo tan publicitado simplemente no ocurrió. Se temía un aumento del consumo y consecuencias en la esfera laboral. También se imaginaban salas de urgencias saturadas. La legalización entró en vigor, va avanzando y refleja que es mejor que la prohibición. Por supuesto que está el tema del mercado negro. Aún es muy grande, pero tomará tiempo para que se reduzca significativamente”, comenta a Proceso Jean-Sébastien Fallu, profesor de psicoeducación en la Universidad de Montreal e investigador en el Instituto Universitario sobre las adicciones.

“Es importante evitar una banalización de los riesgos potenciales del cannabis, pero sin caer en el alarmismo. Las campañas de información ayudan, a condición de que se basen en la ciencia y no en asuntos políticos o en visiones moralistas”, señala Fallu. “La legalización se dio, pero mantiene un espíritu muy restrictivo en comparación con otros productos, como el alcohol”, añade. En los primeros días en que la mariguana pasó a la esfera legal en Canadá, las imágenes proyectadas en diversos países mostraban entusiastas filas de clientes en las tiendas autorizadas. Este ambiente se vio después eclipsado por periodos de escasez, Varios establecimientos tuvieron que reducir sus horas de apertura y presentaron anaqueles semivacíos. La situación ha mejorado, pero el mercado negro se beneficia aún de trabas burocráticas, altos precios, problemas de suministro y otros puntos que afectan a productores y vendedores autorizados.

La legalización canadiense tiene sus bases en reglamentaciones relativas a la producción, venta y consumo. La hierba es cultivada por compañías privadas bajo licencia federal. Los gobiernos provinciales deciden si la venden –en internet o en tiendas- por medio de firmas privadas o públicas; también imponen la edad mínima de compra (18 años en Alberta y Quebec; 19 en el resto del país). Se permite el cultivo doméstico hasta un máximo de cuatro plantas. La posesión individual no debe exceder los 30 gramos. La publicidad está prohibida. Los productos disponibles en la esfera legal hasta el momento son flores secas, aceites, pastillas y cigarrillos liados. Asimismo, el 75% del dinero recabado en impuestos es para las provincias y el 25% restante va a las arcas federales.

La crisis social que no ocurrió

Estadísticas Canadá publicó un informe en agosto sobre los canadienses y el cannabis. Según el documento, 4.9 millones de personas mayores de 15 años (el 15% de la población) declararon haberlo consumido en el segundo trimestre de 2019. En el mismo trimestre de 2018 –es decir, antes de la legalización-, la cifra fue de 4.6 millones. Sin embargo, los expertos señalan que conviene tomar en cuenta el aumento de la población en estos 12 meses, por lo que la relación de los canadienses con la mariguana se mantuvo estable. También fue el caso del consumo de los individuos entre 15 y 24 años de edad, los que recurren más a la hierba recreativa. Colorado, estado del país vecino que la legalizó en 2014, presentó números muy parecidos.

Pocas semanas antes de la legalización, la firma de recursos humanos ADP levantó una encuesta en varias ciudades de Canadá. 46% de los consultados temía que la mariguana tuviera un impacto negativo en la productividad empresarial. Un año después, con la hierba ya insertada en la legalidad, otro sondeo situó esta preocupación en un 27%. El gobierno de Trudeau no efectuó cambios en el código laboral. Más bien, optó por permitir que cada empresa fijara sus propias políticas relacionadas con el cannabis.

“El uso de la mariguana es muy alto en Canadá desde hace años, a pesar de las estrategias basadas en prohibir y perseguir. Es importante que se haya reglamentado un producto que no es nuevo y que ahora está a la venta en los establecimientos legales bajo controles de calidad, a modo de reducir los riesgos para la salud”, expresa al teléfono Bastien Quirion, profesor de criminología en la Universidad de Ottawa. El informe mundial de drogas de la ONU situó en su edición de 2018 a Canadá como el cuarto consumidor per cápita del orbe.

Otro tema que ha inquietado es la seguridad vial. Entre enero y septiembre de este año, la policía de Toronto arrestó a 700 personas por conducir alcoholizadas, mientras que 11 detenciones fueron por mariguana. Los expertos señalan que las pruebas de detección deben mejorar, ya que las actuales pueden arrojar un resultado positivo incluso si la persona consumió cannabis días atrás. Estadísticas Canadá publicó que el 14% de los usuarios reconoció haber manejado al menos una vez –en los últimos tres meses- en las primeras dos horas de consumo de la hierba.

Dólares y mercado negro

Según Cannabis Benchmarks, las ventas legales de mariguana en el primer año del nuevo marco regulatorio alcanzaron los mil 100 millones de dólares canadienses (unos 830 millones estadunidenses). Pese a los marcados problemas de suministro al inicio de la legalización, las operaciones en los establecimientos autorizados han aumentado paulatinamente. El gobierno de Trudeau se había fijado como objetivo reducir en un 50% el mercado negro al término del primer año de la legalización. Sin embargo, Estadísticas Canadá publicó recientemente que el cannabis ilegal representa el 61% de las ventas; 71% de acuerdo a economistas de Scotiabank. Los cálculos más optimistas indican que el mercado negro representará el 20% del total en 2024.

William, electricista de profesión, acaba de adquirir 3.5 gramos de mariguana en la sucursal que la Sociedad Quebequense del Cannabis (SQDC) tiene en la calle St-Hubert de Montreal. “Es lo que compro cada dos semanas o tres semanas. Me preocupa más que haya pasado controles de calidad que el precio que pago”, señala a esta revista.

“Hay que subrayar que el 15% de los consumidores en Canadá compra el 80% de la hierba. Para ellos, el precio es muy importante, a diferencia de las personas que la adquieren esporádicamente”, precisa Fallu. En promedio, un gramo de cannabis legal cuesta actualmente 10.20 dólares (40 centavos menos que hace tres meses), mientras que el que se adquiere por otras vías ronda los 5.50 dólares. En los primeros días de la legalización, el gramo en el mercado negro costaba 6.50.

El día de la entrada en vigor de la legalización, había 117 productores autorizados. Un año después, la cifra es de 221. El gobierno federal ha señalado que emitirá nuevas licencias. No obstante, grupos que militaron durante décadas por cambios en las leyes respecto al cannabis y expertos en agroindustria señalan que el sistema actual es muy restrictivo para satisfacer la demanda. “Miles de personas que han trabajado en esta industria desde hace años no fueron insertadas en el nuevo marco. Fue un error”, añade Jean-Sébastien Fallu.

Cabe precisar que un puñado de empresas controla la mayoría de la producción legal. Canopy Growth es la firma de cannabis más grande del mundo; también Cronos y Aurora son jugadoras de peso. En las vísperas de la legalización, el valor bursátil de estas firmas aumentó considerablemente por las proyecciones que señalaban ingresos sumamente altos en poco tiempo, pero fue menguando. Las ventas esperadas no ocurrieron por los problemas de suministro; también el limitado número de tiendas abiertas representó otro obstáculo de importancia. No obstante, la industria canadiense del cannabis divisa un panorama más positivo gracias a la llegada de nuevos productos y a la futura participación en otros mercados, conforme las regulaciones en otros países se vayan relajando.

Asignaturas pendientes

El gobierno de Canadá autorizará en diciembre la venta de comestibles y otros derivados del cannabis (resinas, cremas, líquidos para vaporizadores). Se espera con ello asestar un nuevo golpe al mercado negro. Sin embargo, hay aspectos que preocupan por esta nueva etapa de la legalización. “Una gran gama de productos puede permitir a la industria atraer a un número importante de nuevos consumidores. La venta de vaporizadores por parte de la industria tabacalera es un buen ejemplo. Primero está la salud y después los beneficios económicos. Además, no conocemos de forma profunda los efectos de los productos derivados del cannabis. Es mejor guiarnos por la precaución”, afirma a Proceso Marianne Dessureault, portavoz de la Asociación para la salud pública de Quebec.

Otro tema de interés es la intención del gobierno de Quebec (donde vive el 23% de la población canadiense) de cambiar la edad mínima de compra de mariguana legal: 21 años en vez de los 18 en vigor. François Legault, primer ministro quebequense, ha dicho que el objetivo es “proteger a los jóvenes de los peligros reales del cannabis”. Antes de la entrada en vigor de la legalización, la Asociación Médica Canadiense había sugerido al gobierno federal 21 años como edad mínima, evocando los riesgos del THC (el principal psicoativo de la planta) en el desarrollo cognitivo.

Aunque varios organismos critican la iniciativa de Legault. “El proyecto es incoherente. Excluir a las personas de entre 18 y 20 años va a provocar que lo compren únicamente en el mercado negro, con los riesgos para la salud que esto conlleva. La iniciativa envía un mensaje sorprendente: pueden adquirir legalmente tabaco y alcohol, dos productos con riesgos, pero no podrán tomar la misma decisión respecto al cannabis”, comenta Dessureault.

“El federalismo canadiense ha tenido un impacto mayor en la legalización. No han sido exageradas las críticas respecto a que el nuevo marco legal llegó muy pronto. Es un tema importante para otros países que quieran poner en marcha medidas similares. El gobierno federal se encargó de modificar leyes criminales y aprueba licencias de producción, pero las provincias tienen a su cargo la venta y los reglamentos de consumo. La discusión sobre la edad mínima en Quebec refleja que habría sido mejor un modelo canadiense más uniforme”, afirma Bastien Quirion.

Los expertos señalan que, para golpear con más fuerza al mercado negro, es necesario reducir el precio legal del cannabis, emitir licencias suplementarias de producción con mayor rapidez y vigilar de forma más estricta los permisos individuales de marihuana terapéutica, ya que parte de esa hierba se vende en las calles. También mencionan el discreto número de establecimientos legales abiertos hasta el momento.

“Vivo muy cerca de esta tienda, pero muchas personas deben recorrer grandes distancias para comprar mariguana legal. No todos quieren hacerlo por internet”, dice William frente a la sucursal de la SQDC. Ontario, la provincia más poblada del país, tiene actualmente 25 tiendas autorizadas; Quebec, la segunda, cuenta con 22.

Los liberales de Trudeau consiguieron la reelección en las urnas el 21 de octubre. Durante la campaña, los demás partidos no plantearon anular la legalización. De hecho, la única fuerza que sacó el tema cannábico a colación fue el Partido Verde: propuso reducir con premura el precio de la mariguana en las tiendas. La legalización del cannabis, considerado uno de los grandes logros de Trudeau en el poder, seguirá sin amenazas políticas. No obstante, los especialistas recomiendan modificaciones para combatir más al mercado negro y así ofrecer al mayor número de consumidores un producto menos riesgoso que, además, genere beneficios dentro de la legalidad.

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