Toma feminista de la Facultad de Filosofía: “Que arda todo lo que tenga que arder”

Toma de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Foto: Octavio Gómez Toma de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Foto: Octavio Gómez

Ante lo que considera el incumplimiento de las demandas que ha planteado desde hace al menos tres años, el colectivo de estudiantes feministas que mantiene tomada la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM radicalizó su protesta. Entre otras cosas, reprocha a la autoridad que esté más interesada en terminar con la toma de las instalaciones que por resolver los 11 puntos de su pliego petitorio, pues ni siquiera han destituido a los funcionarios que señalan como agresores. Esto, sumado a los amagos de grupos porriles y otras formas de asedio, fortaleció su decisión de llevar sus acciones hasta donde sea necesario para que la facultad sea “un espacio seguro para estudiar”.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La toma feminista y separatista de más de 75 días de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en contra de violencia de género, la más larga de una escuela universitaria, está lejos de terminar.

Después de al menos tres años de organizarse en asambleas feministas y alzar la voz contra las violencias que las afectan, de realizar paros ante la falta de empatía de las autoridades universitarias y luego de sumarse al movimiento #MeToo para visibilizar el acoso y el abuso sexual con 72 denuncias anónimas en las redes sociales, estudiantes hoy agrupadas en el colectivo Mujeres Organizadas de la Facultad de Filosofía y Letras escalaron sus acciones y tomaron las instalaciones desde el pasado 4 de noviembre, hasta que la dirección y Rectoría de la UNAM den solución a 11 demandas de seguridad y justicia por los casos de acoso y abusos.

Se trata de la modificación de los artículos 95, 98 y 99 del Estatuto General de la UNAM para reconocer la violencia de género como una falta grave; la destitución de Ricardo García Arteaga, quien fue denunciado en el #MeTooFFyL y renunció a su cargo como secretario de la facultad hace una semana, pero sigue dando clases; así como el cese del abogado general, Jesús Juárez, a quien acusan de obstruir los casos y quien fue reubicado de plantel.

También exigen la reapertura de casos de violencia de género que fueron insatisfactorios para las víctimas, además de transparencia en las denuncias, una Comisión Tripartita y la Unidad de Atención a la Violencia de Género, talleres con perspectiva de género y feminista, cursos de género en los planes de estudio para las licenciaturas en sus distintas modalidades y acompañamiento psicológico a las estudiantes.

Además, pugnan para que no se criminalice la manifestación gráfica y se ofrezca una disculpa pública a la familia de la alumna Mariela Vanessa Díaz Valverde, desaparecida desde el 27 de abril de 2018, por entorpecer las investigaciones al no aportar elementos inmediatos para su búsqueda y espacios dentro de la facultad para la organización de mujeres y disidencias.

Integrantes de la comisión de comunicación de Mujeres Organizadas de la FFyL informan que el primer problema al que se han enfrentado en los diferentes diálogos con la dirección, encabezada por el doctor Jorge Linares Salgado, es que la autoridad está más preocupada por terminar con la toma que por ofrecerles espacios seguros para estudiar.

“Lxs directivos de la facultad no han respondido satisfactoriamente a las 11 demandas que están en el pliego petitorio, a pesar de todos los diálogos que se han tenido con ellxs. Justamente el diálogo de hoy, miércoles 15 de enero, demuestra que aún hay cosas específicas que tienen que resolver para darle solución a la problemática de las diferentes violencias que viven las mujeres dentro de la Facultad de Filosofía; contrario a lo que creen lxs directivxs, en donde la problemática para ellxs es la toma, lo cual demuestra una falta de conocimiento y sensibilidad de su parte”, dicen bajo condición de anonimato.

“Mientras no se resuelvan las demandas, la resistencia sigue. Nosotras no queremos volver a una normalidad, dado que en ésta se seguirían replicando las diferentes violencias que hemos vivido y denunciado por años, estamos aquí para construir un futuro más digno”, añaden.

El director de la facultad desde 2017, Linares Salgado, asegura en entrevista por escrito que las autoridades han respondido con propuestas en el marco de sus atribuciones, pero que reconocen sus errores y desean mejorar el sistema de atención a los casos de violencia de género.

“Las demandas se sustentan en que el problema de la violencia de género en la UNAM, y en particular en nuestra facultad, debe tener una solución efectiva hasta ser erradicada. Hemos reconocido que hemos fallado y que es ineludible reorganizarnos para actuar, tanto la administración como la comunidad, de manera más eficiente y cooperativa en la prevención y la atención a denuncias por violencia de género”, comenta.

“Una de las demandas más sustentadas es incorporar cursos con contenidos sobre equidad de género y sobre el problema de la violencia de género, en todas las licenciaturas. De hecho, ya tenemos cursos optativos y cátedras extraordinarias sobre dichos temas. Asimismo, que sean obligatorios para estudiantes y profesores los cursos o talleres de prevención de la violencia de género”, explica.

Radicalización

El 8 de diciembre de 2019 se radicalizó la toma de la Facultad de Filosofía y Letras. Luego de denunciar en semanas previas, en comunicados y redes sociales, una serie de actos de hostigamiento, intimidación y amenazas contra ellas, como la presencia de presuntos grupos porriles rodeando la facultad por las noches y el encendido de las alarmas de la biblioteca Samuel Ramos de la FFyL durante la madrugada mientras dormían, las Mujeres Organizadas se encapucharon por primera vez y grabaron un video en el que endurecieron sus exigencias.

Sosteniendo una computadora en la que se veía la ficha de búsqueda de Mariela Vanessa Díaz Valverde, una a una, cada encapuchada leyó un fragmento de su pliego petitorio, en el que reprocharon la “poca disposición del director” para resolver la demanda de la destitución de Ricardo García Arteaga bajo el argumento de que no existen denuncias formales en su contra.

“Cuando esta misma (dirección) no da las herramientas necesarias para implementar las denuncias de manera formal, sin embargo, atendieron a la demanda de la destitución de la psicóloga, aunque tampoco se expresaron denuncias formales. Exigimos que no se use un argumento que los mismos directivos de la facultad ignoran cuando es conveniente mantener sus relaciones personales y sus intereses políticos intactos.

“Ya nos daremos vuelta atrás, sus respuestas que obedecen a sistemas patriarcales coloniales y capitalistas nunca han sido suficientes para preservar nuestra vida digna en estos espacios y en ese sentido ahora que prendemos la hoguera, que arda todo lo que tenga que arder”, finalizaron.

Cintia Martínez, profesora de la FFyL, quien actualmente realiza una estancia posdoctoral en Northwestern, y escribió con el doctor en filosofía por la facultad Yankel Peralta una reflexión sobre el paro, dice en entrevista que las Mujeres Organizadas de la FFyL tuvieron la necesidad de subir el tono del movimiento porque no eran escuchadas.

“Creemos que esta toma se puede entender más como un gesto de impotencia; usualmente se juzga a las alumnas porque dicen que están generando caos y están generando una injusticia, pero lo que intentamos ver es que cuando incluso se está generando caos o un daño colateral, todo esto es resultado del poco valor que tienen sus palabras, la impotencia desde la que están hablando”, comenta en entrevista.

De hecho, el paro se convirtió en una toma indefinida luego de que el 6 de noviembre, en el primer intento de diálogo entre la dirección de la facultad y las estudiantes, apareció en el lugar uno de los señalados como agresor, Ricardo García Arteaga, pese a que pidieron que no fueran convocados los presuntos agresores.

Aulas inseguras

“Si no ha quedado claro, no estamos dispuestas a compartir las aulas con nuestros agresores”, manifestó una mujer encapuchada el miércoles 15 durante la mesa de diálogo en la zona de pilares de la facultad, convocada por las estudiantes para intentar avanzar en sus demandas.

Se referían a una de las exigencias que podría trabar el conflicto por más tiempo, la destitución de García Arteaga como profesor en la facultad y del abogado general Jesús Juárez, pues consideran que al renunciar el primero como secretario general y reubicar al segundo, la facultad no asumió su responsabilidad.

Las autoridades insisten en que no hay denuncias formales y no pueden pasar por encima de los derechos laborales del profesor, pero ellas no dan un paso atrás y aseguran que es una demanda irrenunciable para liberar el plantel. Por lo pronto, aseguran, interpusieron una queja ante la CNDH contra Juárez por su presunta obstrucción de la justicia en los casos de violencia de género.

Apenas el pasado 13 de diciembre las alumnas escrachearon a García Arteaga. En un video que compartieron Mujeres Organizadas de FFyL en su página de Facebook se ve que García Arteaga baja de su auto; un grupo de mujeres lo intercepta y le grita: “Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, ese no es secretario, es un fascista, macho burgués”.

Durante varios minutos, el grupo de mujeres de negro, encapuchadas, con pañuelos verdes amarrados al cuello, lo persigue mientras le sigue gritando: “Porque no, dije que no, mi cuerpo es mío, tengo autonomía”… “acosador”.

“Es necesario aclarar que estas renuncias no resuelven en su totalidad el problema, dado que su raigambre se encuentra en toda la estructura de la UNAM”, dicen en entrevista las estudiantes encapuchadas.

Por ello, consideran también indispensable el cumplimiento de sus otras demandas, a lo que ya se comprometieron las autoridades universitarias, como subir al Consejo Universitario la propuesta para que el pleno del Consejo modifique los estatutos de la UNAM sobre violencia de género, publicar un avance actualizado mensualmente de casos de violencia de género a partir de enero de 2020, la creación de una Comisión Tripartita y Unidad de Atención a la Violencia de Género en la facultad y talleres con perspectiva de género y feministas.

Redes de apoyo y críticas

Las alumnas han podido resistir durante más de dos meses la toma de la facultad gracias a las redes de apoyo que se generaron desde su propia facultad, pero también desde otras facultades y espacios en el que mujeres les mandan cobijas y ropa para el frío, como calcetas, gorras, bufandas, además de víveres y hasta comida vegana.

En una carta de agradecimiento publicada el martes 7 dicen que sin estas redes de apoyo no habrían podido soportar tanto tiempo.

“Resistir en este espacio ha sido difícil porque la facultad no está hecha para vivir aquí, de hecho no tendríamos la necesidad de estar aquí, sin embargo, entre todas hemos hecho de esta una espacia segura y habitable. Sentimos que no hay palabras suficientes para expresarles lo agradecidas que estamos por todo el apoyo que nos han brindado, apoyo que viene de lugares que en algún momento no imaginamos, que el eco de nuestras voces pudiera llegar a los oídos de otras mujeres en nuestra lucha”, manifestaron.

Pero no todo han sido voces de apoyo, también alumnos, alumnas y personal académico, hombres y mujeres, han manifestado su molestia por la situación y exigen regresar a sus aulas.

En columnas de opinión y en redes sociales, profesores han cuestionado la legitimidad de la toma, asegurando que se trata de una “minoría” que pretende imponerse, como el profesor de la facultad Ignacio Sosa, publicada en Proceso, o el tuit del profesor Gustavo Ortiz Millán, quien aseguró que tras el diálogo del miércoles 15 tenía la “sensación de que estamos perdiendo la Fac ante un grupo minoritario que nunca se va dar por satisfecho por más que hagan las autoridades”.

Pero mujeres estudiantes de la facultad entrevistadas por Proceso aseguran que apoyan a sus compañeras encapuchadas, como Camila, del primer semestre del Colegio de Filosofía: “Mi amor a la toma. Esta toma es tanto un mensaje como un acto de valentía”, o Areli Mendoza, estudiante de tercer semestre, quien cuestiona que sus compañeros quieran regresar a las aulas sin un cambio: “Quieren que abran las puertas de la facultad para regresar a su normalidad, pero su normalidad es una basura, es violenta para todas nosotras. Somos la mayoría las que dijimos ya basta”.

Este reportaje se publicó el 19 de enero de 2020 en la edición 2255 de la revista Proceso

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