Copiar y pegar

En esta imagen de los años 70 proporcionada por Xerox PARC, Larry Tesler utiliza su propia computadora personal. El pionero de Silicon Valley, creador del comando para copiar y pegar texto, murió a los 74 años. Foto: AP En esta imagen de los años 70 proporcionada por Xerox PARC, Larry Tesler utiliza su propia computadora personal. El pionero de Silicon Valley, creador del comando para copiar y pegar texto, murió a los 74 años. Foto: AP

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hoy en día ya casi nadie se acuerda, pero la primera generación de iPhone que llegó a nuestro país en 2008, la llamada 3G, carecía de la indispensable función de “copy and paste” (copiar y pegar).

Todavía tuvo que pasar un año para que esa herramienta fuera incorporada al sistema operativo iPhone OS 3, lanzado en junio de 2009. Y no era precisamente el mejor ejemplo de practicidad. De hecho, tuvieron que transcurrir nuevas actualizaciones para irse perfeccionando.

Resultaba increíble que una utilidad de texto tan básica no estuviera presente en lo que se suponía era un invento revolucionario. Máxime cuando su mayor competencia entonces era el popular Blackberry, dispositivo ideado para llevar a todos lados el trabajo de oficina.

Pero resulta aún más extraña esa ausencia si se considera el lazo que alguna vez hubo entre el fundador de Apple, Steve Jobs, y el creador del copy and paste, Lawrence Gordon Tesler, fallecido el pasado 16 de febrero.

Pegar y copiar

Como informaron las notas periodísticas del pasado jueves que dieron cuenta de su muerte a los 74 años de edad, Larry Tesler fue un científico computacional que trabajó para varias de las más famosas firmas del sector, entre ellas la propia Apple.

Sin embargo, sus contribuciones más relevantes las desarrolló durante su paso por la compañía Xerox. Si bien es cierto que esa marca suele evocar más bien a los armatostes que sirven para sacar fotocopias, en los 70 fue laboratorio de revolucionarias innovaciones.

Así lo recuerda Walter Isaacson en su biografía de Steve Jobs. En un pasaje detalla cómo la corporación Xerox fundó en 1970 un centro de investigación en Palo Alto, California (Xerox PARC, por sus siglas en inglés). En él participaba el científico Alan Kay, seguidor de la máxima de que “la mejor forma de predecir el futuro es inventarlo”.

Su inteligencia no era extraordinaria, pero…

Kay fue un defensor de que las entonces incipientes computadoras personales fueran tan sencillas que incluso un niño pudiera utilizarlas. Y con esa convicción surgió la idea de desarrollar una interfaz gráfica que fuera alternativa a las horrendas pantallas monocromáticas del sistema DOS de Microsoft.

Así surgieron las pantallas que simulaban ser un escritorio de trabajo, en la que los documentos se guardan en carpetas y se desechan en un bote de basura virtual. Aquella metáfora no fue lo único que se le ocurrió a Xerox. También ahí desarrollaron la tecnología de mapa de bits que podía construir aquel ambiente de trabajo tan visionario como amigable.

“Los artistas buenos copian, los geniales roban”

El resto de la historia es muy conocida: Steve Jobs se empeñó en conocer lo que estaba haciendo Xerox, y le tocó a Larry Tesler ser uno de los encargados de preparar la presentación para el fundador de Apple.

Como narra Isaacson, fue estimulante para Tesler poder presumir una tecnología que no fue lo suficientemente apreciada por los directivos de la sede central de Xerox que despachaban a cinco mil kilómetros de Palo Alto, en Connecticut.

Y fue al propio Tesler al que le correspondió mostrarle a Jobs todo lo que Xerox PARC había creado, pese a los celos de algunos de sus integrantes. Es famosa la exclamación del empresario frente a lo que se le mostraba: “Están sentados sobre una mina de oro. No puedo creer que Xerox no esté aprovechando esa tecnología”.

Fue Jobs el que la aprovechó e incorporó a la computadora Macintosh, en lo que –dice Isaacson- se recuerda como uno de los mayores atracos industriales de la historia. Pero de aquel episodio perviven dos frases de Jobs.

Una, referida a los ejecutivos de Xerox, a quienes calificó de “autómatas copiadores que no tenían ni idea de lo que podía hacer una computadora”.

Y la segunda, más célebre, copiada de Picasso: “Los artistas buenos copian y los artistas geniales roban”, con el añadido: “y nosotros nunca hemos tenido reparo alguno en robar ideas geniales”.

Copiar y robar

Tesler dejó Xerox y se fue a trabajar para Jobs, con quien colaboró en su célebre computadora Lisa. Pero fue la primera que se encargó de difundir al mundo la noticia de la muerte del innovador.

Lo hizo mediante un tuit que dice: “el inventor del cortar, copiar y pegar, buscar y reemplazar fue Larry Tesler. Tu día de trabajo es más fácil gracias a sus ideas revolucionarias”.

En realidad, se quedó corto. Cientos, miles, quizá millones de textos no hubieran visto la luz gracias a su particular ingenio, que él mismo detalla en el artículo “A personal history of modeless text editing and cut/copy-paste”.

Y a su talento, por desgracia, se deben cientos de miles de tareas escolares completadas en minutos. Y toda suerte de tesis, artículos, reseñas y tantos textos que aprovecharon la tecnología creada por Tesler para seguir la cínica filosofía de Jobs sobre copiar y robar.

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