Confirman la detención del presunto autor de la masacre de Salvárcar

Villas de Salvárcar. Foto: Ricardo Ruíz Villas de Salvárcar. Foto: Ricardo Ruíz

CIUDAD DE MÉXICO (apro). – La Fiscalía General de la República (FGR) confirmó hoy la captura con fines de extradición a Estados Unidos de Luis Gerardo Méndez, presunto líder de la organización criminal “Barrio Azteca” de Chihuahua, y a quien se le relaciona con la masacre en Villas de Salvárcar del 31 de enero del 2010, donde fueron asesinados 15 estudiantes, y con el asesinato de tres empleados del consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez.

A Luis Méndez, también conocido como “Alex” y “Luis Estevaney”, se le considera, junto con otras personas implicadas, como probable responsable de llevar a cabo la planeación y ejecución del homicidio de trabajadores del Consulado.

La detención ocurrió el pasado fin de semana en la colonia Acapantzingo, en Cuernavaca, Morelos, en cumplimento a una solicitud de extradición formulada por el gobierno de los Estados Unidos a su contraparte mexicana, con fundamento en el Tratado de Extradición suscrito entre ambos países.

Esta persona cuenta con una orden de aprehensión dictada por la Corte Federal de Distrito para el Distrito Oeste de Texas, por su probable responsabilidad en los delitos de asociación delictuosa, homicidio calificado y portación de arma de fuego.

Los agentes de la Policía Federal Ministerial (PFM), adscritos a la Dirección General de Asuntos Policiales Internacionales e INTERPOL de la Coordinación de Métodos de Investigación, ejecutaron dicha detención provisional con fines de extradición al interior del Centro Federal de Readaptación Social 12 “Guanajuato”.

A continuación, se reproduce un extracto de la masacre de Salvárcar, publicada en el semanario Proceso el 7 de febrero de 2010.

Brenda Escamilla tenía 17 años cuando concluyó el sexto semestre en el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (Cbtis) 128 y era alumna destacada del grupo de ecología. Quería ser doctora.

El sábado 30 de enero se reunió con un grupo de amigos en la casa de la calle Villa del Portal 1308, colonia Villas de Salvárcar, para celebrar el cumpleaños de Jesús Enríquez, uno de sus compañeros de estudios. Con Brenda fue Rodrigo Cadena, su novio, de la misma escuela, que era buen estudiante y, dicen, un excelente jugador de Los Jaguares, el equipo de futbol americano de la Liga Juvenil AA.

En la fiestecita todo iba bien. Había música, carne asada, botanas y refrescos. A las 11:30 de la noche, el señor Jaime Rosales salió de su casa, ubicada en el 1311, enfrente de donde los jóvenes festejaban. Iba a meter su auto cuando vio que varias camionetas se atravesaron para cerrar la calle y de ellas bajaron hombres armados.

Le dijo a su esposa que no saliera para nada y corrió al 1308 porque su hijo estaba en la fiesta. Ya estaba cerca de él cuando los sicarios dispararon. Lo acribillaron por la espalda. Murió, pero logró salvar a su hijo. En unos cuantos segundos murieron 15 personas. Diez quedaron heridas.

Atropellados relatos, como el de Luz María Dávila, dan forma a la historia: “Una semana antes, Marcos, mi hijo mayor, me platicó que estaba organizando el festejo de su amigo Jesús. El día de la fiesta me dijo: ‘Mamá, me voy a rasurar para irme’. Le dije que para qué se arreglaba tanto y me contestó que iban a invitar a unas amigas. Compraron carne para asar. Se fue a las ocho de la noche. Lo acompañó su hermano menor, José Luis. Siempre andaban juntos. Me puse a ver tele para esperarlos. Era mi costumbre ¡Ninguno lo presentimos!”

Marcos tenía 19 años, cursaba el tercer semestre de la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Chihuahua, en Ciudad Juárez. José Luis, de 16, acudía al Colegio de Bachilleres 9. Mientras velaba el cuerpo de Marcos y esperaba la llegada de su hermano, Luz María siguió recordando:

“Oí balazos. Salí corriendo. En la calle la gente gritaba. De pronto alguien decía: ‘¡Ahí vienen otra vez!’, y nos agachábamos debajo de un carro. Cuando entré a la casa, al primero que encontré fue al grande, boca abajo.

Muerto… Más adelante vi a mi otro niño: aún respiraba. Mi esposo lo cargó y en la camioneta lo llevamos a la Clínica 66 del IMSS, pero no quisieron atenderlo y nos mandaron a la 35. Al día siguiente falleció” Pese a las llamadas telefónicas, nunca llegaron ambulancias. Padres y vecinos trasladaron en sus autos a los sobrevivientes.

Publicado en el semanario Proceso el 21 de marzo de ese 2010, el ataque a los empleados del consulado no fue fortuito:

El detonante del ataque fue que, el 24 de febrero, The Washington Post publicó una nota según la cual agentes federales de Estados Unidos se preparaban para operar en Ciudad Juárez con el fin de reforzar el combate a los cárteles del narcotráfico: “funcionarios de las diferentes agencias federales de México y Estados Unidos –precisaba la información– sostienen reuniones a puerta cerrada en El Paso y afinan detalles de cómo operará el programa”. La nota, firmada por el periodista William Booth, establecía que los agentes de Estados Unidos quedarían ubicados en un centro de comando en Ciudad Juárez, con el fin de “compartir inteligencia del narco obtenida de informantes y comunicaciones interceptadas”

El martes 9 de marzo, la sede diplomática estadunidense sufrió una de las primeras advertencias: El cónsul Raymond McGrath reportó a la Operación Coordinada Chihuahua (Occh) la amenaza de que estallaría un “artefacto explosivo” en la sede diplomática.

Tres días más tarde, el viernes 12, el cónsul emitió un comunicado interno que hizo circular entre sus empleados con la advertencia de que El Reco Bar estaba “fuera de nuestros límites” debido a las “preocupaciones de seguridad”, por lo que instaba a los ciudadanos estadunidenses a no visitarlo.

Ubicado en la Plaza Nicole, al sur del Consulado General, El Reco Bar ubicado en la Plaza Nicole –de acuerdo con los registros revisados por Proceso– aparece a nombre de la inmobiliaria Perjoza, propiedad de Pedro y Jorge Zaragoza Fuentes.

Pedro Zaragoza Fuentes, cabeza del Grupo Agroindustrial Zaragoza, es concesionario de la cerveza Corona, propietario de dos estadios, de centros de diversión fronterizos y de más de 80 gasolinerías, sólo en Ciudad Juárez. Fue investigado por defraudación fiscal por 2.2 millones de dólares durante el gobierno de Carlos Salinas, cuando la PGR lo vinculó familiarmente con el cártel de Juárez, con los narcotraficantes Rafael Aguilar Guajardo y Rafael Muñoz Talavera, fundadores de la organización.

Al día siguiente varios de los empleados consulares asistieron a un cumpleaños en el salón para fiestas infantiles El Barquito de Papel. A eso de las dos de la tarde, Jorge Salcido Ceniceros, esposo de Hilda Antillano –empleada del consulado–, y Lesley Enríquez –esposa de Arthur Haycock Redelfs, alguacil de la cárcel de El Paso–, junto y sus hijos, dejaron la fiesta.

Por separado, en sus vehículos, se dirigían a sus domicilios particulares de El Paso cuando, a unos metros del puente internacional Santa Fe y a escasos 50 metros de la Presidencia Municipal, fueron interceptados y ejecutados por un comando.

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