“Rompe el alba”, el gran film de Óscar Chávez

El cantautor Óscar Chávez. Foto: Germán Canseco El cantautor Óscar Chávez. Foto: Germán Canseco

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Considerada como la mejor película que protagonizó el recientemente fallecido cantautor Óscar Chávez (20 de marzo de 1935-30 de abril de 2020), “Rompe el alba” (Break of Dawn, 1988) es una cinta histórica pero prácticamente desconocida por cinéfilos y críticos cinematográficos de nuestro país.

Al punto que el propio creador de “Por ti” debía explicar de qué trataba “Rompe el alba” (ópera prima dirigida en 1988 por Isaac Artenstein), pues los periodistas sólo exaltaban su trabajo en “Los Caifanes”:

“Fue una película que hice en Estados Unidos que me dio mucho gusto por el personaje mexicano muy atractivo en la frontera Tijuana-San Diego; la película se llamó en español ‘Rompe el alba’, en inglés ‘Break of Dawn’. Es un personaje que existió y tuve la suerte de conocer. El viejo se llamaba Pedro J. González, fue el pionero de la radio en español en el sur de Estados Unidos, específicamente Los Ángeles. Allí empezó como locutor y tuvo un éxito impresionante en los 30. Lo encarcelaron seis años en San Quentin…”

Profesor emérito de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), el historiador David Maciel fue coguionista de la cinta con Isaac Artenstein (nacido en 1954). A continuación presentamos fragmentos de la amplia charla con Maciel (El Paso, Texas, 1943), quien mantuvo “buena relación con Óscar Chávez siempre”. Telefónicamente desde Los Ángeles, el autor de “El bandolero, el pocho y la raza. Imágenes cinematográficas del chicano”, dice:

“Fui co-guionista de ‘Rompe el alba’ con el director chicano Isaac Artenstain, de Tijuana, porque él había realizado un documental del personaje histórico que fue Pedro J. González, primer locutor radiofónico de habla hispana en Estados Unidos. En cierto momento Alberto Isaac, quien fundó el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), vio ese documental y le propuso realizar un largometraje, con buen dinero que patrocinaría Imcine.”

Pedro José González Ramos (Chihuahua, 28 de abril de 1895-Lodi, California, 17 de marzo de 1995) era cantante y había reunido al grupo Los Madrugadores en su programa, que se escuchaba de cuatro a seis todas las mañanas en San Diego y en otros estados durante la Gran Depresión de los 30. Los Madrugadores y el activista González llegaron a ser el grupo más popular en la música México-americana en Estados Unidos.

Pedro J. González se parecía a Óscar Chávez. Poseía el carisma y una personalidad política muy afín al “Caifán mayor”, quien asimismo fue locutor en Radio UNAM.

–La esposa de Pedro, María Salcedo, fue protagonizada en la película por María Rojo, y se conocieron. Era la mujer que respondía a las cartas de las chicas que se enamoraban de don Pedro por sus canciones y su voz en la radio.

–Sí, cierto, de eso vamos a hablar luego…

“Los Madrugadores eran chicano-mexicanos, de California. Te estoy hablando de fines de los años 20 y principios de los 30. Pedro J. González había nacido en Chihuahua, era telegrafista de los Dorados de Pancho Villa, y cuando lo derrotan, hay mucha persecución a los villistas, y Pedro, como cientos de otros mexicanos, huyen; cruzan al otro lado de la frontera y él tenía un primo hermano aquí en Los Ángeles; entonces se viene Pedro J. González con su esposa María Salcedo, ya se habían casado, se establecen en Los Ángeles con el primo, y después poco a poco emerge en la radio comercial norteamericana.”

Como Artenstein, a decir de Maciel, no estaba tan familiarizado con el cine mexicano de entonces, él le propuso a la famosa actriz María Rojo para el papel de la esposa de Pedro, llamada también María (Salcedo). Ambas se conocieron durante el rodaje en California.

“Para esas fechas ya había escrito yo sobre el cine nacional. María Rojo y tu servidor nos hicimos muy muy amigos, yo agendé una comida entre los tres para presentársela al director, por Coyoacán allá en la capital, y María Rojo aceptó. En una primera reunión le presentamos una copia del guión. Como sabes, Óscar Chávez estuvo perfecto en el papel, pues además cantaba, le quedó genial, si bien tuve que convencer a María Rojo, pues ella no quería participar por no saber inglés y ser muy anti-Hollywood; así que yo le prometí que diría los diálogos en español y aquellos pocos que tuviera que aprender en inglés yo se los deletrearía despacito.”

Buenos, malos y feos

Alberto Isaac patrocinó la película que se filmaría en San Diego y Tijuana, prosigue, “nomás que hubo un problema ahí muy grande, porque a la mitad de la producción Alberto Isaac renunció a Imcine y nombraron en su lugar a un político de quinta, Enrique Soto Izquierdo, quien hizo una gestión de corrupción tremenda con el presupuesto de ‘Rompe el alba’; pero bueno, esa es otra historia…”

–No, no, señor Maciel, ¡cuéntenosla, por favor!…

–El pobre de Isaac Artenstein ya no recibió el total del presupuesto prometido, por ello la escena final deja mucho que desear en ‘Rompe el alba,’ pues estaba pensada muy diferente. El que entró a dirigir Imcine se clavó la mitad del presupuesto para ‘Rompe el alba’. Enrique Soto Izquierdo, se llamaba este infame pillo. Entonces Artenstein tuvo que hacer milagros para terminar la película.

–De alguna manera echó a perder el final de una producción de época excelente. Usted tampoco aparece como coguionista con Artenstein.

–Bueno, casi, pero en efecto, no aparezco en los créditos como co-guionista. Aunque te digo, como era tema histórico y yo soy historiador de formación, conozco y enseño la historia de los mexicanos acá, pues yo le ayudé mucho a Artenstein para escribir el guión porque tenía mucho que ver con el tema de nosotros en los años 20, en la Gran Depresión.

“Porque como te acuerdas, en la película, para callar a Óscar, o sea, a Pedro J. González, quien se convierte en un líder de la comunidad y personaje célebre, empiezan a deportar a miles de mexicanos. Él habla en contra de ellos en su programa y los gringos le tienden una trampa con un juicio injusto, lo meten a la cárcel…”

–Sí, primero quieren cooptarlo y luego lo acusan de violar a una menor de edad, quien era una admiradora suya y a quien Pedro había ayudado.

–Era una acusación totalmente falsa. Pero lo que querían era callarlo.

“Cuando Isaac Artenstein me mostró el guión para el proyecto de la película pues sí, vi que necesitaba ciertos arreglos de los acontecimientos reales y dar el trasfondo histórico, tanto de los personajes como de algunos de los diálogos, entonces esas fueron mis contribuciones.

“Por ejemplo, la participación del cónsul mexicano que jugaría un papel muy importante en la película, hay un diálogo de él donde dice: ‘Pues esta no es la primera vez que nos deportan a los mexicanos’, y Artenstein, al no ser historiador, pues no sabía que un poquito después de la Revolución Mexicana, también en los años 20, había habido una oleada de deportaciones. No tan grande como en la Depresión, pero sí se les dio a los gringos esa costumbre de repatriar a mexicanos cuando había momentos de crisis económica y se dieron varias redadas en contra nuestra en Estados Unidos. En ese tipo de cosas ayudé, para afianzar un poquito el guión.”

María Rojo había conocido a Óscar Chávez desde el movimiento estudiantil del 68 en la Universidad Veracruzana de Xalapa.

–¿Cómo fue la filmación de “Rompe el alba”?

–Genial, aunque María estaba indecisa, ‘Yo no sé inglés’, decía. Y yo ahí sí le dije, muy serio: ‘Oye, no friegues, María, siempre me has dicho que quieres saber más de los chicanos y que quieres colaborar con nosotros, ¡aquí está tu oportunidad, qué mejor que colabores en una película muy digna, una historia muy padre de nuestra cultura, nuestra sociedad, la discriminación que sufrimos!’ Fonéticamente le enseñé los diálogos, que era a lo que más le temía ella.
María Rojo declaró a este reportero la enorme tristeza que sintió al enterarse de la muerte de Óscar Chávez, con quien trabajó en otras cintas como “María de mi corazón” (1979), de Jaime Humberto Hermosillo.

–Estoy deshecha. Podría platicarte muchas cosas de Óscar, pues lo conocí bastante bien y platicábamos mucho acerca de nuestras vidas personales, sólo que no puedo decirte nada, ya que voy a ponerme a llorar… Sólo te diré que mientras filmábamos, creo que, en San Francisco, en los descansos a él lo visitaban muchos admiradores y chiquillas para pedirle su autógrafo o tomarle fotos, y yo por más que le suplicaba: ‘Ándale, acompáñame a Tijuana que se me antojan unos ricos tacos y aquí la comida no me sabe a nada’, él se negaba: ‘¿A Tijuana? Si aquí no les correspondo a mis ‘fans’ el día que yo quiera que me pidan un autógrafo no van a corresponderme a mí, ¡vete sola a Tijuana, María, acá estoy yo requete bien!’.

El corrido de Pedro González

“La película se filmó en San Diego –corrige David Maciel–, no sé si María Rojo no recuerda ya bien, porque el trauma de la muerte de Óscar debió pegarle duro; pero fue así porque Isaac Arsenstein tenía muchas amistades allá en San Diego, claro, recrearon Los Ángeles magníficamente, que fue donde transcurrió la historia verdadera.

Y para reducir los costos, además de algunas locaciones en Tijuana, como cuando cruza la frontera Pedro González al comienzo de la cinta, para establecerse en Los Ángeles con su primo hermano que tenía por acá.

“Yo recuerdo a Óscar Chávez con un cariño enorme, porque no nomás se apasionó de la historia y del personaje, sino que luego grabó un disco que por más que lo he buscado está agotado. Todo un álbum de ‘Corridos de la Frontera’, nunca he entendido por qué no se reeditó. Óscar me mostró aquel disco LP en su casa y ya no lo pude jamás conseguir, porque el director había alquilado una casa en la capital para la filmación y allí se quedó a vivir Óscar, por Coyoacán. Se encariñó mucho con nuestras historias, yo le regalé varios libros nomás así de curiosidad, sobre la historia de los chicanos mexicanos en Estados Unidos. Platicábamos mucho y con Isaac Artenstein también, pues él es parte de mi pueblo, se crió y estudió en San Diego, y en la UCLA, le contábamos ambos mucho de nuestras vivencias y desgracias.”

–¿Era conocido Óscar Chávez en California?

–Fíjate que sí. Bueno, no tanto cuando fue; porque tú te acuerdas que desde los años 70, acá también hubo mucha música de protesta y alguien primordial era Óscar Chávez. Sí se escuchaban sus canciones, particularmente en círculos latinos y más que nada en la frontera. En ese entonces no nos habíamos expandido como ahora que estamos desde Nueva York a San Francisco y andábamos más concentrados en el suroeste y en Chicago.”

–Óscar tenía sus ‘fans’ mujeres como Pedro, ¿verdad?

–Fíjate que te voy a contar –Maciel suelta la carcajada–… Tanto se encariñó Óscar Chávez con nosotros que varios años después, Óscar vino unas cinco veces acá, pues la proyectamos en la Universidad de Nuevo México, en Alburquerque, donde yo hice gran parte de mi carrera y di clases 19 años; presentamos ‘Rompe el alba’ y le ofrecí una cena con académicos y colegas de los medios, de Univisión… Entonces fíjate de lo lindo, lo generoso de Óscar, quien dijo: ‘Oigan, pues si a ustedes les interesa les ofrezco un concierto gratuito con mi grupo’. Y estuvo padrísimo el concierto en un auditorio gigante de Alburquerque.
“¡Gratis! Nunca habló de cobrar un quinto y me acuerdo que después obviamente se le acercaron a su camerino varias chicanas y americanas guapas, mujeres de todas las edades se le acercaron, pues les encantó la música y las letras de Óscar Chávez. Como te digo, se empapó de su papel como Pedro J. González, sus sensibilidades eran muy similares. No hizo muchas películas Óscar y es una lástima, pues debutó muy joven con ‘Los Caifanes’, que fue del 65.”
Malinchismo del mexicano

–Es triste y nada comprensible que poca gente en México hable de “Rompe el alba”, cuando es un clásico cinematográfico de la frontera musical norte para nuestro país. ¿Considera que fue malinchismo?

–Es muy buena esa pregunta tuya. Yo diría que la película ‘Rompe el alba’, ‘Break of Dawn’, se ha exhibido mucho más en Estados Unidos y se ha difundido acá, pero no en México.

“Sé que sí hubo DVDs profesionales de la cinta, yo la vi en la Librería Gandhi por un tiempo, luego desapareció y ya nunca la he vuelto a ver. Pero aquí a todos los públicos a los cuales proyecté la cinta en Nuevo México y California les encantó; siempre traje a Óscar Chávez para presentarla y platicar con las personas al terminar cada función. Mucha gente vino y siempre los comentarios fueron extremadamente favorables. Y te digo, cuando yo comento la película inclusive con periodistas, nada saben, ¡ni la conocen!; poquísima gente conoce de lo que hablo, casi nadie en el resto del país está informado de la tremenda lucha y la hermosa música que legó don Pedro J. González. Porque acá en la Alta y Baja California no sólo salió en DVD, sino que la mostró la televisión pública de Estados Unidos PBS, el canal educativo gabacho. Compró los derechos y la exhibió de costa a costa y de frontera a frontera PBS. Los gringos saben cuidar su cultura, pero…

“Es una lástima que en México no les haya interesado conocer esta parte tan importante de la historia y de un personaje tan noble como fue Pedro J. González.”

La última vez que se exhibió en México fue a pocos días de fallecer Óscar Chávez, a través de Canal 22. Y en cuanto al disco LP que grabó Óscar Chávez sobre los ‘Corridos de la frontera’, el reportero preguntó qué había sido de aquella grabación, a Modesto López, quien con su esposa Martha De Cea representaron a Óscar Chávez, grabando sus discos en Pentagrama Ediciones desde la década de 1990 hasta su muerte. Dijo Modesto López:

“Nosotros le grabamos un disco de corridos norteños en Monterrey, pero aquel disco que grabó de corridos en la frontera fue anterior, seguramente lo hizo con Polygram o Polydor, pero no hemos podido rescatarlo. Es una joya perdida que hay que volver a hacerla brillar, como su película ‘Rompe el alba’. La película tuvo muchos problemas para exhibirse en nuestro país, creo que debido al sindicato fílmico o por los de Imcine, no sé…”

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