Polarización introspectiva

Alfaro, López y Krauze. Fotos: Rafael del Río / Procesofoto / Octavio Gómez y J. Raúl Pérez Alfaro, López y Krauze. Fotos: Rafael del Río / Procesofoto / Octavio Gómez y J. Raúl Pérez

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El emplazamiento a la definición que hizo el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, el viernes pasado, se ha leído como una intimidación a sus opositores, pero otra probable lectura es que tal mensaje se dirige en realidad a sus propios seguidores. Se trataría entonces de una polarización introspectiva y de una táctica a la defensiva mediante la que López Obrador intenta mantener el orden en las filas de su movimiento.

El contexto, caracterizado por la desesperación del Ejecutivo ante la emergencia sanitaria y la crisis económica, que colocaron en la picota su proyecto (“tan bien que íbamos”, dijo hace un par de semanas), así como los recrudecidos ataques en contra de la prensa, de Enrique Krauze y del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, reforzarían la primera de las interpretaciones. Pero otros acontecimientos recientes posibilitan una lectura alternativa, la que mostraría a un presidente preocupado por el frente interno de su movimiento más que por la agenda nacional. Veamos:

· En pleno ascenso de la epidemia, ignorando la propia información oficial, el presidente dispuso el final de la Jornada de Sana Distancia y salió de Palacio Nacional urgido por recuperar el protagonismo de las giras y las inauguraciones.

· Trascendió que legisladores, altos funcionarios y hasta gobernadores de Morena han pedido con discreción que se corrijan las medidas que el gobierno federal ha tomado para enfrentar la emergencia sanitaria y la crisis económica, particularmente la política de austeridad que causó la parálisis de las dependencias públicas y en la exacción de variados fideicomisos públicos.

· El 2 de junio, el afamado actor Damián Alcázar publicó un video para ratificar su apoyo en los siguientes términos: “A mí no me metan en sus cosas, yo voté por Andrés Manuel López Obrador y sigo pensando que ha sido el mejor presidente en muchísimos años”, mensaje nítidamente dirigido a quienes se han arrepentido de votar por el tabasqueño. En forma evidentemente planeada, éste lo agradeció para darle mayor repercusión.

· El 3 de junio, en su participación en un foro organizado por la iniciativa privada, Cuauhtémoc Cárdenas declaró que el gobierno federal debe buscar todos los recursos posibles para el combate al coronavirus, aunque esto signifique abandonar los megaproyectos y utilizar sus recursos para frenar los contagios de covid-19, en referencia explícita al Tren Maya y la refinería de Dos Bocas.

· En el mismo foro, el dirigente interino de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar reconoció que hay un foco rojo en los ingresos federales, originado por la caída del precio del petróleo, la crisis económica y la consecuente baja recaudación de impuestos, por lo que se manifestó en favor del endeudamiento y de atender la “tragedia del desempleo”, discrepando en varios puntos de la línea oficial.

En su conferencia matutina del 5 de junio, el presidente instó a la definición en favor o en contra de su proyecto, y lo hizo en estos términos: “están a favor o en contra de la transformación. No es tiempo de simulaciones: o somos conservadores o somos liberales, no hay medias tintas”. Por su formulación y por la trama de los hechos, se ve que los destinatarios de esta presión no son sus adversarios, que están firmemente en la oposición, sino quienes tienen una postura indefinida y, más precisamente, aquellos que apoyaron a la 4T, pero que hoy dudan de su decisión a raíz de los precarios resultados que ofrece esta administración.

La respuesta al emplazamiento presidencial que la secretaria general de Morena publicó el 8 de junio es indicativa de esta segunda hipótesis: presurosa ratificó su respaldo “irrestricto” al presidente y a su proyecto de nación, al tiempo que delató como desleal al dirigente nacional de su propio partido.

La hipótesis de que son sus partidarios los verdaderos destinatarios de aquello de que “llegó la hora de las definiciones”, no muestra a un presidente fortalecido sino debilitado, no a un líder emprendedor sino uno a la defensiva, más preocupado por el frente interno de su movimiento que por la solución de los grandes problemas nacionales.

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