Cala el frío en el Cervantino

sábado, 6 de noviembre de 2010

GUANAJUATO, Gto., 6 de noviembre (Apro).- Caló el frío en los espectadores del Festival Internacional Cervantino con las funciones de la compañía inglesa Periplum, que pretendió plantear los dilemas entre la guerra y la paz en un esforzado montaje, ante un público que todos los días vive en las calles del país una violencia sin sentido y miles de muertes por esta causa.

Acostumbrados a los despliegues espectaculares de tecnología y performance de las compañías de teatro de calle que el Festival Internacional Cervantino presenta en la Plaza de las Ranas, los asistentes al espectáculo de los ingleses este último fin de semana cervantino fueron casi indiferentes y escasos en número, en comparación con las multitudinarias asistencias que usualmente se registran para esta plaza.

Difícil de superar es el precedente sentado por la compañía francesa Transe Express, con la fantástica araña musical gigante que voló y giró en el cielo guanajuatense en los primeros días del FIC, que cierra este domingo con el esperado concierto de Carlos Prieto en el templo de la Valenciana; la reaparición de la Compañía La Trouppé –después de muchos años de ausencia del Cervantino- en el Teatro Cervantes, y por la noche, la clausura a cargo de la Orquesta de Juan Formell y uno de los grupos clásicos de la música cubana: Los Van Van, en la explanada de la Alhóndiga.

 En Los Pastitos, Periplum preparó un espectáculo especialmente encargado para la programación del Cervantino dedicada a la conmemoración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, titulado “Campana”. De acuerdo con la información del programa, se trata de un montaje creado por Claire Raftery y Damian Wright, comisionado por varios organismos –Fundación Anglo-Mexicana, English National Theatre y Arts Council England entre otros- e inspirado en cintas de los directores de cine Akira Kurosawa –Ran- y del ruso Andrei Tarkovsky -Andrei Rublev-.

Con una extraordinaria voz femenina de fondo y efectos musicales de dramatismo puro; el uso de la pirotecnia, el fuego, banderines rojos y unas estructuras con ruedas en las que los actores se desplazan a lo largo de la plaza, se plantea la historia de un clan de guerreros con rostros ensangrentados que deben escoger entre la venganza o la paz, luego del ataque de un grupo enemigo –caracterizado a la manera de los guerreros negros de Kurosawa-, y quienes optan por convocar a los presentes a unirse para trabajar en la fundición de una campana que servirá para llamar a la paz.

Algunos problemas de audio, la baja temperatura y otras complicaciones de desplazamiento impidieron apreciar a cabalidad esta obra, aunque los diálogos de los actores encontraron en los espectadores –en su mayoría, los jóvenes que no entran a los teatros del Cervantino- el reflejo de una realidad cercana y temida: “En esta guerra, la muerte es la única presea…si no recuerdas por qué luchas, lucha para recordar…son muertos para nada en esta guerra de hombres muertos…”.

Cualquier parecido con la realidad es el México de hoy.

 

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