Familia tortuga

jueves, 25 de febrero de 2010

MÉXICO, D.F., 25 de febrero (Proceso).- Con el hueco que deja la anulación súbita, majadera, imperdonable por parte de Cinemex del Festival Internacional de Cine de la Ciudad de México (Ficco), la cartelera queda casi por completo a merced del cine chatarra de Hollywood enganchando al público mexicano, quizá para siempre, a la llamada carrera de los Oscar (que ahora duplica sus carriles).

El golpe mortal a lo que fue el ambicioso proyecto de Paula Astorga –formar un público que apreciara mucho cine de calidad de todas las tendencias a nivel internacional– ocurre bajo un gobierno que parece detestar la cultura; siendo realistas, ahora sorprende que el festival haya logrado sobrevivir por cinco años consecutivos.

Viene a cuenta el tema del Ficco porque acaba de salir a la venta el DVD de Familia tortuga (México, 2006), estrenada en dicho festival en 2007; todo un hallazgo para mí este trabajo terminal de Rubén Imaz Castro, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica, premiado y aplaudido en varios festivales internacionales antes de ser exhibido fugazmente en la cartelera comercial mexicana, sin restarle mérito al apoyo de la Cineteca Nacional.

La familia formada por José (Dagoberto Gama) y sus dos hijos adolescentes, Omar (José Ángel Bichir) y Ana (Luisa Pardo), junto con el tío Manuel (Manuel Plata), cohabita la misma casa sin comunicar, nomás llegar y encerrarse en su propio cuarto; apenas el tío Manuel, quien cocina para todos y limpia la casa, circula por la desolada galaxia abriendo puertas e indagando en el mundo de cada uno, es también Manuel quien erige un pequeño altar para conmemorar el aniversario de su hermana, la gran ausente, madre de los chicos y esposa de José.

En la entrevista al director en los extras del DVD, Rubén Imaz explica la metáfora que organiza la estructura y el sentido de su ópera prima. La incapacidad de comunicar lleva a los miembros de esta familia, una mexicana de tantas, a encerrarse en el caparazón de su mundo interior, cada uno se esconde como tortuga; físicamente la casa funciona como un enorme caparazón; pero la familia, a pesar de sus taras, es un resguardo, resiste como una tortuga.

Durante 24 horas, la cámara digital al hombro escudriña la angustia y el desasosiego que cada quien esconde. Omar frente al tema de la orientación sexual, en medio de futbol y machismo paterno; el refugio imposible de Ana en las drogas y la relación amorosa; la desesperación de José por resolver su situación económica; o la extraña conexión de Manuel y sus tortugas con la casa como entidad viva.

Rubén Imaz, que se descubre estupendo director de actores, realiza esta cinta de personajes que se expresan desde el alma, que se mueven en una Ciudad de México auténtica pero jamás filmada de una manera tan fluida, sin tremendismo ni ritmo cardiaco.