Espectáculo con alerta ambiental en el Cervantino

domingo, 23 de octubre de 2011
GUANAJUATO, Gto. (apro).- Pi es un número infinito, pero no tanto como la inmensidad de los océanos. El fenómeno del deshielo –es decir, la negligencia humana– amenaza con cubrir de agua grandes porciones de tierra, y éste es el tema del espectacular performance callejero que trajo a la 39ª edición del Cervantino la compañía Close Act Theatre de los Países Bajos. La explanada de Los Pastitos albergó a las profundidades del mar en esta presentación de grandes dimensiones a cargo del colectivo de origen germano fundado hace 20 años, que trajo por primera vez al FIC el resultado de la combinación artística entre actores y bailarines de formación académica, con aquéllos forjados en los talleres y trajines del teatro de calle. Sirenas, ballenas, pescadores y los enormes icebergs alcanzados por el calentamiento global fueron armados en grandes estructuras móviles que se deslizaron mediante ruedas por la plaza, mientras los cientos de espectadores los seguían y les abrían paso, inmersos en este fondo oceánico y en esta representación del comienzo de la devastación del planeta. La compañía dirigida por Hesther Melief y Tonny Aerts (directora general y director de arte, respectivamente) presentó esta alerta ambiental preparada especialmente para el Festival Internacional Cervantino, en la edición 39 dedicada a “Los dones de la naturaleza”, bajo el título de Pi-Leau. En la conferencia de prensa previa a las tres funciones (viernes 21, sábado 22 y domingo 23) Melief y Aerts explicaron que se trata del primer espectáculo de tipo ecológico que elaboran y la primera vez que se presentan en Guanajuato y en el FIC, aunque ya algunos integrantes de la compañía estuvieron en la ciudad de México, con un montaje en formato más pequeño. Ante el intenso trabajo físico que despliegan los músicos y bailarines, la preparación previa requiere de un fuerte entrenamiento. Varios de ellos se involucran además en la elaboración del vestuario y las coreografías. En escena, tras las telas blancas que simulan los icebergs, varios de los músicos tocan enormes tambores cuyos sonidos marcan la catástrofe ambiental. A la par, se desencadena una historia de amor entre un pescador y una sirena a la que no puede salvar del desastre y al final muere, perseguido por una ballena que, en este océano imaginario, por supuesto lanza los chorros de agua del torso ante los encantados espectadores. Así, el tema ecológico –derivado de un peligro real– se mezcla con elementos mitológicos y una historia de amor. Todo esto llevado a escena con un vistoso vestuario, poderosos efectos de iluminación y la música en este performance que tiene su sesgo político, según el concepto de sus creadores: el llamado a preservar la naturaleza.