¿Cuestión de besos?

martes, 24 de enero de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Cansados de ser tomados por los suyos como necios, esto es, como estúpidos que no saben ni se preocupan por lo que podían y deben saber, tanto en lo individual como en lo colectivo, en asamblea de notables de nuestra especie, respetados integrantes del género humano, se llegó a las siguientes conclusiones motivo de la presente. Admitimos, de principio, que los nuestros pueden ser en verdad necios cuando caen en la tentación de creer que querer es poder y que el poder lo puede todo, tanto lo posible como lo imposible; necios cuando, con insensata decisión y acción consecuente, intentan estúpidamente lo último, imbécil decisión y acción que los puede llevar, y lleva, a perder el tiempo y hasta el morir reventados. Asimismo, reconocemos que los nuestros, en un pasado, fueron en verdad necios en toda la extensión de la palabra cuando, viviendo en primita democracia y libertad, tuvieron la loca ocurrencia de pedir un rey, o sea, una autoridad que rigiera sus vidas. Más pronto sufrieron las trágicas consecuencias de su desatinado proceder, pues el mismo les llevó a que, más pronto que tarde, perdieran su primitiva libertad y después la vida misma. Aceptamos igualmente que los nuestros pueden ser ingenuos hasta la injustificable necedad cuando, sin reflexionar, bien sea por desidia, ignorancia, indiferencia, capricho o incluso conveniencia, propician y hasta invitan a los astutos y avispados a que los manipulen hasta la aniquilación. Lo anterior ha llevado a que ustedes, los humanos, nos califiquen de gente necia, miserable, sobremanera apocada y de pueblo sin sustancia, eso por una parte; por otra, debo informarles que esos hechos están debidamente asentados, como puede comprobar quien se tome el trabajo de leer algunos apólogos de Panchatantra, obra hindú, y fábulas de Esopo o de La Fontaine, Samaniego o Iriarte. Respetados humanos: conociendo nuestros nefastos errores, nos extraña y nos llena de estupor el que poco o nada hayan aprendido de los mismos, con lo que su conducta en tanto aspectos, se parece a la que nos adjudican, como por ejemplo en eso de la libertad y elecciones de la autoridad. Sospechamos, por eso, que siendo ustedes los reyes de la creación, algo así como un hechizo o conjuro los tiene como están, embrujados, pues de otro modo no se puede explicar que estando tan escarmentados de los malos políticos y partidos a los que pertenecen, para castigarlos por haber fallado en sus mandatos, por haberlos estafado con sus falsas promesas electorales, o sea, por no haberlas cumplido o haber hecho lo contrario de lo prometido, los sancionen simplemente con lo que llaman “voto de castigo”, esto es, votando por partidos y políticos de la oposición…políticos y partidos a los que, no pocas veces, ya habían aplicado el mismo mecanismo, es decir, sometido al “voto de castigo”. Insistimos: si no es porque están embrujados, ¿cómo explicarse que voten de nuevo por políticos y partidos que en anteriores mandatos han dado muestras de ineficacia, que mostraron y demostraron con creces su ineptitud para gobernar o que el gobierno no fue para ellos más que un medio para conservar o para ampliar sus privilegios personales o del grupo del que forman parte; que demostraron y mostraron con el ejercicio del poder su ineptitud, su arrogancia, falta de ética, corrupción y cinismo? ¿Por qué votar por ellos, como por ejemplo lo han hecho los españoles en sus últimas elecciones con todo y su indignación?. Cuando ustedes, los humanos, así lo hacen, ¿es por olvido, por conformismo, por falta de imaginación, por miedo? Si así fuera, el hecho no hablaría bien de sus facultades cuando lo realizan, pues sabido es que la memoria, imaginación y voluntad de cambio han hecho de ustedes los reyes de la creación, y la repetición es lo que ha hacho y hace de nosotros, los irracionales, lo que somos. Si se recapacita sobre lo expuesto en la presente, bien se puede creer que ustedes, como muchos de los nuestros, según no pocos de sus escritores, son en la actualidad víctimas de un siniestro hechizo que los mantiene encerrados en un círculo de fatídicas repeticiones, al que sólo podrán romper y salir del mismo por un beso de amor, según aseguran no pocos de sus literatos, filósofos e incluso iglesias en las que militan. Ante esta suposición, como despedida, les hacemos la siguiente propuesta: intercambiemos y fusionémonos en un amoroso beso por su bien y el de los nuestros. Con el fervoroso deseo de que dicha propuesta se lleve a la práctica, en nombre de los de mi especie reciban de mi parte un sincero beso. LA RANA RENÉ