Teatro: "Nadando con tiburones"

jueves, 16 de febrero de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El ejercicio del poder donde el dominado puede caer en lo más bajo de la humillación, es muy común en todos los sectores sociales. O es porque con el sometimiento busca el ascenso, o es porque la minusvalía del dominado no lo deja, siquiera, levantar la cabeza. Pocos consideran las relaciones horizontales que permiten, a partir de la división del trabajo, un trato más digno y justo. En Nadando con tiburones no hay dignidad ni justicia, lo que impera es el abuso del poder y la búsqueda de estrategias para vencerlo. En la industria hollywoodense, tres personajes se encuentran colocados en diferentes estratos: Buddy, el gran productor, “casi” en la cúspide de la montaña, interpretado por Demian Bichir; Dana, joven productora encarnada en Ana de la Reguera, que ha tenido mucho que aguantar para estar en el lugar que está; y Gus, que interpreta Alfonso Herrera, joven escritor, asistente novato de Buddy que acepta el puesto con la esperanza de ver, algún día, su nombre en pantalla. Nadando con tiburones es originalmente una película de mediados de los noventa protagonizada por Kevin Spacey y dirigida por George Huang. Michael Lesslie la adaptó para estrenarla en el Teatro Vaudeville de Londres en el 2007, y con base en esa adaptación llega al Teatro Insurgentes bajo la dirección de Bruno Bichir. Afortunadamente los personajes no resultan ser estereotipos, sino que, en una apariencia de ubicación, se mueven en su interior, se cuestionan, traman, confabulan, se enamoran y los invade el interés. Tanto la dirección como la capacidad actoral del equipo logran darle profundidad a las problemáticas de cada uno de estos personajes. En Demian Bichir vemos seguridad, manipulación de la situación, hipocresía y también desconcierto hasta llegar al miedo en la situación-límite que se le presenta. Desarrolla con soltura los matices y las dobles intenciones. De la Reguera, un poco más uniforme, pero con gran naturalidad, se desenvuelve como una enigmática mujer que dentro de su dura corteza, bullen las ilusiones, el deseo y la esperanza de encontrar algo diferente a los colmillos del tiburón. Sus deseos profesionales y sentimentales entran en contradicción pues Gus, el joven escritor, apenas está aprendiendo a nadar. Alfonso Herrera construye a un nervioso Gus, excitado, desesperado y con el ímpetu juvenil que va atemperando. La interpretación es intensa y energética. El resto de los actores cumple con su función, la cual es poco necesaria; tanto, que la primera escena, hasta sale sobrando. La progresión dramática está mucho más desarrollada en el segundo acto. El primer acto es una larga exposición de la situación y de los personajes, una estructura tradicional donde los giros y las sorpresas se dejan hasta después. El segundo acto amarra y los acontecimientos van aumentando la tensión hasta encontrarnos con un clímax inesperado y un desenlace poco alentador. Bruno Bichir dirige con imaginación esta propuesta dramatúrgica dándole al realismo énfasis, acciones sugerentes, evocaciones y momentos lúdicos. Es una versátil escenografía de Sergio Villegas en la que a partir de persianas abiertas o cerradas, abajo o arriba, construye el espacio y dimensiona la iluminación de Matías Gorlero. El videoarte de Alain Kerriou crea realidades contrastantes y ahonda en la metáfora del mundo marino lleno de tiburones. Bruno Bichir aprovecha estos recursos y enriquece la obra con los cambios de ritmo y una estética expresionista. Nadando con tiburones invita a la reflexión y cuestiona la jerarquización y el poder en un microcosmos como la industria fílmica, pero que refleja nuestra realidad en todos los niveles.

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