Nuevo resplandor al Palacio de Cortés de Cuernavaca

martes, 20 de marzo de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- El Palacio de Cortés de la ciudad de Cuernavaca, Morelos, que data del siglo XVI y fue residencia de Hernán Cortés y sede del Marquesado de Oaxaca, es quizá “la edificación novohispana de carácter civil más antigua que se conserva en el país”. Así lo considera el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), cuyas autoridades agregan que el inmueble se edificó sobre las ruinas del destruido Tlatlocayacalli, que era el lugar donde acostumbraba recibir sus tributos el cacique tlahuica y “su tradición como centro de recolección motivó su elección por los conquistadores poco después del sitio de Tenochtitlán, construyéndose entonces el núcleo original del palacio de Cortés: cuatro cuartos con una terraza de arcadas”. Al paso del tiempo se fueron añadiendo estructuras, como la torre de vigilancia, construida luego de que Cortés fue nombrado capitán general y gobernador de la Nueva España. Y la primera ampliación, señala el INAH (www.cnmh.inah.gob.mx) se hizo entre 1531 y 1535, “cuando Cuernavaca ya era cabeza de su señorío. Presume que hubo habitaciones, galerías, patios, cuadras, huerta bodega para los tributos, patio de armas frente a la casa. Había además un escudo esculpido de Cortés y una capilla que tenía entre sus joyas una cruz dorada con un crucifijo hecho de plata por los indios. Cuando Cortés murió, su hijo Martín heredó el palacio como parte del Marquesado del Valle. Pero después, según han revelado excavaciones arqueológicas, entre 1629 y 1747 el edificio sufrió “un creciente abandono” y fue usado para talleres. Fue también cuartel y cárcel, uno de sus más célebres prisioneros fue ni más ni menos que José María Morelos y Pavón, quien estuvo preso en 1815. Las ampliaciones y modificaciones al edificio siguieron a lo largo del tiempo, e incluso durante el régimen de Porfirio Díaz tuvo modificaciones, “entre ellas un torreoncillo circular de 15 metros de altura que ocupa el ángulo noroeste del edificio”, encargado por el coronel Manuel de Alarcón. En el gobierno de Plutarco Elías Calles fue intervenido, y en 1930 Diego Rivera concluyó los murales del patio de arcos del segundo piso. Una nueva intervención le añadió en 1949 un cuerpo de oficinas, pero entre 1971 y 1973 el INAH inició un proyecto para recuperar la forma que el edificio tenía en el siglo XVI, para lo cual “se utilizaron técnicas arqueológicas” adecuadas para un edificio virreinal. En 1974 el palacio fue inaugurado como museo luego de tres años de trabajos de adaptación a cargo del arqueólogo Jorge Angulo, en cuyo equipo intervino un equipo interdisciplinario para elaborar el montaje museográfico, la investigación y restauración del Palacio. Ahora, para celebrar el aniversario 38 de la fundación del museo, el INAH ha organizado una exposición fotografía con veinte imágenes que dan cuenta del proceso de adecuación del palacio como museo regional y que a decir del propio instituto “constituyen una invaluable memoria gráfica de esta extenuante labor”. La muestra se abrió al público el 16 de marzo y permanecerá hasta el 29 de abril. Permite ver también las dificultades del proyecto “sin precedente”, en el cual participaron trabajadores de Guerrero y Morelos, en sus etapas de planeación y montaje museográfico. El director actual del recinto, Juan Contreras, destaca en información del INAH que se hizo un trabajo arduo para ubicar las obras que serían exhibidas. Y que las imágenes muestran cómo mientras un equipo construía el cuexcomate, otro se encargaba de la colocación del carruaje porfirista. Otro grupo en tanto colocaba el monolito prehispánico del Fuego Nuevo, procedente de la Zona Arqueológica de Xochicalco, “rodado centímetro a centímetro con mucha dificultad para ocupar su sitio” y “junto con este vestigio, llegó la escultura de La Malinche, aislada en hule espuma, cartón y papel como protección, para su manejo y traslado”. “A 38 años de distancia, muchos de esos trabajadores ya fallecieron, y esta exposición fotográfica nos da la oportunidad de recordarlos gratamente y con respeto. Todos en el INAH, tanto en el museo como en el estado de Morelos, les guardamos un especial afecto”, señaló Juan Contreras. Las imágenes forman parte de la colección de la Fototeca “Juan Dubernard Chauveau”, del Centro INAH-Morelos. Además se pueden recorrer las salas donde se albergan obras de diferentes periodos del pasado prehispánico y una colección que va desde el Virreinato hasta el siglo XX.

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