Lamentan muerte de la mezzosoprano Oralia Domínguez

miércoles, 27 de noviembre de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Críticos de ópera y autoridades lamentaron el deceso de la mezzosoprano potosina Oralia Domínguez, ocurrido el lunes pasado en Milán, Italia, a los 88 años. El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) expresó sus condolencias por la desaparición de una de las voces más relevantes de la ópera durante el siglo XX, cuyos restos permanecerán en suelo italiano, según confirmó su sobrina Laura Domínguez a través de las redes sociales. Mauricio Rábago Palafox y Samuel Máynez Champion, expertos en música, resaltaron los logros de la mezzosoprano potosina. En sus 25 años de carrera, cosechó aplausos y se presentó en los escenarios más importantes del mundo, como la Scala de Milán. Rábago Palafox abona: “Fue una de las primeras mezzos mexicanas que se fue muy joven a Europa, y que fue incluida por Herbert Von Karajan en El anillo de los Nibelungos en los ochenta, y lo mismo grababa en alemán que en italiano. Tiene un réquiem de Verdi que fue dirigido por Toscanini y con la participación de Giuseppe di Stefano, Cesare Siepi y Elisabeth Schwarzfkopf, es decir, se codeaba con los cantantes y directores más importantes del mundo. “En México tuvimos el gusto de verla en varias ocasiones, y hay una grabación que hizo a finales de los ochenta, una novena de Beethoven dirigida por Fernando Lozano, en la que cantaba ella con Irma González, Flavio Becerra, y Roberto Bañuelas, acompañados del coro y orquesta de la Filarmónica de la Ciudad de México, que después se llevó a alguno de los primeros Cervantinos, y lo sé porque estuve en el coro y ahí tuve el gusto de conocerla. Era una mujer gordita, alta, como de un metro ochenta y morena, eran esas precisamente sus características físicas las que le encantaban a los europeos, ya que se veía alta y poderosa”. Y finaliza: “Dejó sucesoras como Martha Félix, Grace Echauri, Ana Caridad Acosta, pero no hay como ella”. El violinista Samuel Máynez expresó: “Es un caso excepcional porque grabó con las mejores orquestas y en las mejores salas del mundo, era la mezzosoprano consentida, que logró hacer carrera a nivel internacional y que abrió camino para otros artistas mexicanos. Hace tiempo estuve tentado a comprar un disco de ella que incluía muchas de sus grabaciones y no sé por qué no lo hice. “Sin duda es una mexicana que deja un vacío enorme como mezzosoprano que hasta hoy nadie puede ocupar, de ese tamaño es su pérdida”, lamentó Máynez Champion. Oralia Domínguez estudió en el Conservatorio Nacional de Música y debutó en 1951 en el Palacio de Bellas Artes, en el papel del músico de Manon Lescaut de Puccini. En 1951 participó como Amneris, en las funciones de Aída, de Verdi, temporada en la que María Callas emitió el famoso Mi bemol, no escrito por Verdi, al final del segundo acto. Un par de años después, en 1953, hizo su debut internacional en la Scala de Milán, en el papel de la princesa de Bouillon en Adriana Lecouvreur, de Francesco Cilea. Entre los escenarios en los que actuó se encuentran el Covent Garden de Londres, en el Festival de Glyndebourne y el Teatro Colón de Buenos Aires; además, perteneció al elenco estable de Glyndebourne y de la Opera del Rin en Düsseldorf. En 1982 se retiró, tras participar en el Palacio de Bellas Artes en la Misa de Réquiem de Verdi.  

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