Reviven la Pasión de Cristo en pueblos del DF

miércoles, 27 de marzo de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Además de la representación de la Pasión de Jesucristo que año con año se lleva a cabo en el Cerro de la Estrella de Iztapalapa, más de un centenar de pueblos originarios de 200 barrios del Distrito Federal conmemoran estas fechas religiosas en las 16 delegaciones políticas de la capital del país. En opinión de Teresa Mora Vázquez, catedrática en Antropología Social del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien desde 1987 viene investigando las manifestaciones culturales en dichas comunidades, en el caso de la Semana Santa en Iztapalapa hay certeza histórica de que, precisamente allí, los misioneros representaron obras de teatro evangelizador: “También hay información acerca de escenificaciones de la Pasión de Cristo en otros sitios del Distrito Federal y en Texcoco, Estado de México, lo que permite pensar que en aquella época tales formas teatrales eran prácticamente usuales en la Ciudad de México.” Debido a su magnitud, lo que hace particular la Semana Santa en Iztapalapa “es la gran colaboración externa de autoridades delegacionales, más los elementos de seguridad pública y de salud”. Sin embargo, en la mayor parte de los pueblos originarios del Distrito Federal “la escenificación y rituales siguen recayendo en el párroco local, apoyado por la feligresía”. Mora Vázquez apuntó como ejemplo de lo anterior la conmemoración de la Semana Mayor en San Gregorio Atlapulco, al oriente de Xochimilco, en la que un grupo de jóvenes denominado “Los varones” colabora en la recaudación para los oficios religiosos, coordina la participación de los barrios y congrega a aquellos quienes representarán algún personaje bíblico o alegórico. Del mismo modo, esos “varones” solicitan la venerada imagen del Padre Jesús, misma que pertenece a alguna familia que la ha heredado durante cuatro generaciones. Señala la investigadora de la Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH: “La representación de Semana Santa es importante porque también da cabida a la juventud que participa de la ritualidad del pueblo, esto crea un sentido de identidad dentro de la comunidad. La familia considera un prestigio la participación de alguno de sus hijos en la representación, ya sea como Jesús, un apóstol o la Virgen María quien, por ejemplo, es importante porque la mujer que la representa debe lograr conmover con su llanto.” Otros sitios sagrados En el barrio de La Candelaria, Coyoacán, desde hace medio siglo se escenifica La Pasión “con gran profesionalismo”. Varios de los participantes intervienen como maquillistas de actores, o en la tramoya de los cercanos estudios Churubusco, situados por el Metro General Anaya, entre Calzada de Tlalpan y la avenida Río Churubusco Por otra parte, en San Juan Oxtayopan, uno de los siete pueblitos de Tláhuac, la Semana Santa posee un elemento peculiar: “las amarguras”. En vísperas de la conmemoración, tanto niños como jóvenes y adultos de los barrios de La Lupita, La Asunción, San Agustín, La Soledad y La Conchita, colocan esos descansos rectangulares, a través de los cuales los fieles van pasando. Las dimensiones de “las amarguras” son variables. Pueden ir de 12 hasta 25 metros de largo y de tres a cuatro metros de ancho. Casi todas se yerguen sobre armazones metálicos y tienen techos de lona, en los que tienden banderitas de papel picado con figurillas como naranjas, piñas y uvas. Coordinadora asimismo del atlas etnográfico Los pueblos originarios de la Ciudad de México, Teresa Mora Vázquez indicó que desde las primeras amarguras que fueron colocadas en San Juan Ixtayopan a la fecha, el piso del pueblo de Tláhuac se adorna con tapetes de aserrín pintado, luciendo diseños florales y maceteros. “Aunque la Semana Santa en los pueblos originarios de la Ciudad de México no aglutina tanta gente como las fiestas patronales, es una fecha trascendental para quienes son católicos. Tales pobladores le dan su toque al Distrito Federal en términos de diversidad cultural que muchos desconocen”, concluyó la maestra Mora Vázquez.

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