Cine: "Himizu" en medio del tsunami

sábado, 11 de mayo de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Aunque crítico contra el manejo de información que hizo el gobierno, el pueblo japonés mostró una total solidaridad con las víctimas del tsunami; de acuerdo al ideal cultural, el discurso de medios y organizaciones insistió en la necesidad de cooperación colectiva. Sono Sion, sin embargo, destapa el lado oscuro de las secuelas en la sociedad japonesa después de la tragedia de marzo de 2011 en Tohuko: Himizu (Japón, 2012) es toda una elegía compuesta con temas e imágenes sobre la devastación. La experiencia colectiva se integra a la individual; la banda sonora, con música de Barber y de Mozart, reproduce el zumbido del tsunami en el cerebro de los personajes. Sumida (Shota Sometani) tiene 15 años; cuando los típicos adolescentes de la escuela, donde el maestro predica la cooperación colectiva, sólo aspiran a la extravagancia, Sumida nomás quiere ser normal, rentar lanchas en el negocio que administra de sus padres en un pueblo cerca de la zona de Fukushima. Con una madre que se escapa con el amante, un padre alcohólico y mafioso, que sólo aparece para golpearlo y robarle el poco dinero que gana, ser normal parece una tarea imposible. Un chico así puede atraer a la más freak de la clase, Keiko (Fumi Nakaido), con padres quizá más pavorosos que los suyos. Sometani y Nakaido recibieron el premio a mejor actor juvenil en el Festival de Venecia. Sono Sion, artista, revolucionario y provocador, descubre en la imagen de la devastación la retórica de su propio lenguaje; fragmentos de casas, piezas de domésticos, emblemas de la comodidad de la vida ultra moderna, objetos personales asociados a la intimidad de la historia personal, componen la armonía del desperdicio. Sumida es el héroe de un grupo de vecinos, sujetos estrafalarios, gente otrora normal que perdió todo, sobre todo eso que jamás podrán recuperar: la fe en una vida segura y normal. Pero en este epílogo del apocalipsis no hay lugar para cuentos de Navidad; en vez de Dickens, los personajes de Sono Sion se escaparon de las obras de Samuel Becket. Dios no llega, pero llega la mafia, los yakuza (crimen organizado japonés) extorsionan y golpean; ante la imposibilidad de amor, la violencia ofrece la posibilidad de contacto físico; la historia de amor entre adolescentes, con elementos de rebeldía, conflicto generacional, el Seishun eiga (películas adolescentes) es todo un género del cine japonés; Sono Sion infla los temas y hace explotar la estructura. El manejo del grotesco apunta a deseos profundamente inconscientes e inadmisibles en la sociedad, lo único que desearían los padres de Keiko es que la chica se suicidara para que los dejara en paz; el padre de Sumida le pide que muera para cobrar el seguro. Himizu (especie de topo o musaraña propia del Japón) es la adaptación de un manga del célebre Minoru Furuya que Sono Sion preparaba antes del tsunami; en cuanto ocurrió el desastre, cambió y reescribió el guión por completo. El cine de Sono Sion es manierista y supra realista, el único elemento de realismo de esta cinta es el tsunami; manga, poesía e instalación, la fórmula de este realizador; sólo hay que insistir en que dentro de la cultura japonesa el manga es tan respetable como cualquier otra forma de arte. Tezuka o Miyazaki son tan importantes como Daumier o Doré. Vale un reconocimiento para la Cineteca Nacional que ha seguido la trayectoria de Sono Sion y haya hecho posible que casi todas las películas de este realizador puedan verse en México.  

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