"Ícaro"

martes, 20 de agosto de 2013
MÉXICO D.F. (apro).- Hay espectáculos que no pierden su vigencia y, por el contrario, a la manera de los buenos vinos, con el paso del tiempo van madurando para reflejar en el escenario el proceso de crecimiento de sus creadores. Tal es el caso de Ícaro, espectáculo unipersonal de Daniele Finzi Pazca que cumplió una exitosa temporada en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. Fue a principios de los años 90 cuando Daniele Finzi creo este espectáculo de manera “express” con ensayos durante dos meses, concebido como un trabajo teatral para un solo espectador, con el propósito de apoyar a enfermos terminales por medio de la risa. Es --dice Finzi-- “un espectáculo simple como las historias que contaba mi abuela. Ella me enseñó el secreto para hacer gnocchi y la tarta de manzana, valiosas recetas que al pasar los años he aplicado sistemáticamente en mis creaciones teatrales. Preparar una comida es un pretexto para conocer el mundo. Mi abuela, quien nunca dejó su cocina, descubrió el mundo invitando a comer a su familia”. Estas palabras nos dan una leve idea de la concepción escénica de Ícaro, que bien podría definirse como el espectáculo de la ternura y la inocencia, la creación de atmósferas imaginarias que pueden llevar a la liberación, al menos por un instante --como era su objetivo original-- incluso a un condenado a muerte. “El teatro --afirma el célebre clown-- es y nace como una terapia. Hay historias que sanan, historias que pueden curar y yo cuento historias que curan. Yo preparo mis espectáculos mirando al público a los ojos.” Ícaro, como lo define su autor, oriundo de Lugano, Suiza, en el seno de una familia de fotógrafos, es una obra que habla de la esperanza, de los antihéroes, de la belleza, del gesto casi imperceptible y la ligereza. Ícaro se presentó por primera vez en México hace 18 años en el Teatro Helénico y, después de 10 años de ausencia de nuestro país, regresó para hacer una breve y exitosa temporada en el Teatro de la Ciudad, dependiente del Sistema de Teatros, instancia coordinada por Ángel Ancona y que parece ser la única en dar resultados dentro del caos actual que vive la Secretaría de Cultura del Distrito Federal. “Hago teatro por el placer de naufragar, de perderme un poco, una de las cosas más saludables de la vida. Nos perdemos y nos escapamos. Una fuga interior nos revela lo que somos. La fuga es una estrategia que permite desenterrar la realidad para descubrir los secretos que se esconden en las apariencias para inventar nuevas utopías”, explica Daniele Finzi, creador entre otros trabajos del espectáculo de clausura de la Olimpiadas de Invierno de Turín, en 2006. Felicitaciones a Dolores Heredia, Jorge Contreras y Ángel Ancona por hacer posible una vez más la presencia de Daniele Finzi Pasca en México.

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