Un homenaje tardío pero necesario

domingo, 5 de enero de 2014
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El 22 de noviembre de 2013 se celebró el primer centenario del natalicio del compositor inglés Benjamin Britten (1913-1976) y, por circunstancias diversas, a esta columna le fue imposible aproximarse con mejor sincronía. Valga ahora, en los albores de este 2014, una suerte de tributo a su figura y a su destacada labor compositiva y educativa, sobre todo a esta última. Muchas de sus obras se han estrenado en México ?la última fue su ópera The Rape of Lucretia en el Centro Cultural del Bosque del D. F.? y algunas de ellas como su Young Person´s Guide to the Orchestra y su Ceremony of Carols[1] se ejecutan regularmente en nuestro país. En adición, persiste en los anales del Palacio de las Bellas Artes el recuerdo del único concierto que ofreció Britten en México, a finales de los sesentas, en el que ratificó las extraordinarias dotes que le garantizaron un sitial exclusivo en el universo sonoro de Occidente. Son muchos los rasgos de su personalidad que merecerían recuento, sin embargo, creemos que vale la pena detenernos en los tres que mejor lo definen: Su abierto pacifismo, su valentía para vivir su homosexualidad en una época en que todavía se castigaba con cárcel y su inagotable compromiso con la educación artística de niños y jóvenes. Comencemos pues por este último, ya que es aquel donde más pruebas de adhesión subsisten. Son el eficaz resultado de su propia formación como músico desde la más tierna infancia. Britten nace en el seno de una familia donde el cultivo de la buena música se practica con la asiduidad y el respeto que merece. Aquí está la primera clave para entender los mecanismos que hacen que el genio, siempre presente en los niños, se manifieste. Su madre, una pianista de relieve, pone el corazón en la delicada tarea de inducir al pequeño Benjamin a que construya mundos sonoros en su interior y su padre, un dentista con aficiones musicales, provee los medios y las certezas para que los juegos musicales del crío sean aplaudidos y estimulados.  Es tal la amorosa inducción ejercida por ambos genitores que la curiosidad del infante ?el último de cuatro hijos, de ahí su nombre? por esos signos escritos que se transforman en sonidos se dispara con una fuerza irreprimible. Aún antes de recibir sus lecciones formales de música Benjamin concibe su primera composición. Tiene sólo seis años de edad. La obra ?extrañamente aún inédita? es compuesta para lamentar un viaje de su padre a Londres ?la familia Britten moraba en Suffolk, en el extremo oriental de Inglaterra?, siendo su título: Do you no [Know] that my Daddy has gone to London today?[2] Unos meses después tiene el arrojo para escribir el libreto para una obra escénica en la que plasma, tanto su tema musical como las directrices de la acción y los parlamentos de sus seis personajes. En el libreto se comprueba que sigue aún sin dominar la ortografía; se lee The Royal Falily en lugar de The Royal Family. Cuando cumple ocho dan inicio sus clases particulares de música. Tiene la suerte, y los padres se la procuran, de caer en manos de una estupenda pedagoga que le transmite los rudimentos de la teoría musical en una forma ingeniosa y, por supuesto, lúdica. Aquí tenemos la segunda clave para entender como, una vez encaminado el interés del niño hacia el aprendizaje, la diversión arrea a la inteligencia para que el conocimiento se fragüe para siempre. Por su importancia vale la pena que nos detengamos en la particularidad del método:[3] Se trata de una serie artilugios de madera con los que se recrean los valores de las notas ?impresos sobre cubos?, los pentagramas ?con las líneas y los espacios aptos para insertar las notas? y las diferentes claves con las que se lee la música ?que están dispuestas en tarjetas que se acomodan de acuerdo a sus diversas posiciones. Con este arsenal se inventan juegos de lectura y entonación en los que los educandos ven, tocan, escuchan y reproducen los elementos que le dan forma a los sonidos. Años después Britten recordaría: “Tengo un gran respeto por este método y recuerdo que en mi niñez, en lugar de usar el gastado pentagrama, aprendí con éste. Fue siempre interesante y entretenido y mis progresos fueron extremadamente rápidos. Con este método el transporte se hace fácil, ya que el alumno es entrenado a percibir y sentir las relaciones entre las tonalidades…” . Cuando cumple los nueve años un tío le regala un diccionario musical que devora, instándolo a poner en práctica los conocimientos que adquiere con él. Como resultado surgen nuevas composiciones ?cada vez más sofisticadas? que irán sumándose hasta reunir la asombrosa cantidad de 800. Muchas de ellas serán fuente de inspiración para sus obras adultas. Una de éstas es la Simple Symphony que es una reelaboración magistral de sus temas de infancia.[4] A partir de los diez comienza a ir a la Prep School y, además de proseguir sus estudios de piano aprende a tocar la viola. Llegado a los diecisiete es becado por el Royal College of Music para que complete su educación y antes de cumplir los veinte la universidad de Oxford le publica sus primeras obras de madurez, tres canciones para voces infantiles. A partir de entonces, ya como músico profesional, no cesa de escribir teniendo en mente a los niños, convirtiéndose en el compositor del siglo XX con la obra más extensa y más imaginativa en esta categoría. En ella encontramos verdaderas gemas que van desde la cantata Children´s Cruzade hasta las óperas The Little Sweep y  Noye´s Fludde, en las que los pequeños músicos tocan los instrumentos adecuados a su edad y, naturalmente, cantan. Todo un compendio concebido para acompañar con música el crecimiento físico y emocional de los infantes. Asimismo, Britten no escatima esfuerzos para aliarse con las productoras de televisión para que cumplan cabalmente con la tarea de educar a través de sus pantallas. Como resultado surgen diversos documentales entre los que destaca la creación de la Guía orquestal para jóvenes ya mencionada.[5] Con respecto a su postura antibélica debemos subrayar que se manifiesta en su primera infancia, dándonos una clave ulterior para caer en la cuenta de cómo un niño que recibe una sólida educación musical tiene, por fuerza, que volverse un defensor de la vida en todas sus formas. Recordemos que hacer música es la sublimación más exquisita de la existencia.  Entre el corpus denominado juvenilia aparecen canciones donde el niño Benjamin lamenta la violencia armada. De la misma forma, el resto de su vida lo emplea para protestar con su música contra las iniquidades de la guerra. En ese campo son de citar su poderosa Sinfonia da Requiem, sus cuantiosas contribuciones en bandas sonoras y obras de teatro, su monumental protesta pública del 1962, llamada War Requiem, y su ópera televisiva Owen Wingrave. Por último, no podemos disminuirle la proeza de ejercer, sin medrar en las consecuencias, sus preferencias sexuales en tiempos donde la ley no admite desviaciones. Britten inicia entorno al 1937 una relación amorosa/profesional con un tenor ?Peter Peers, el mismo con quien se presentó en Bellas Artes y a quien le ofrendará el resto de sus días?, faltando aún 30 años para que el Reino Unido legalice la homosexualidad. Hay severos interrogatorios de la policía, panfletos en su contra, amén las consabidas burlas de sociedades hipócritas que detestan la honestidad, empero el audaz británico apela a sus derechos, manteniéndose fiel a sus principios y a sí mismo. Es imperativo abrir interrogantes: ¿cuántos niños con capacidades equiparables a las de Britten se malogran año con año en nuestro país? ¿A qué tipo de futuro queremos aspirar si nuestros jóvenes maman la violencia desde la cuna? ¿Quisiéramos seguir suspirando ante los niños homicidas y los adolescentes sicarios? ¿No es la buena música un antídoto contra el espanto?... En la trayectoria de Britten yacen muchas de las respuestas…

[1] Se recomienda la audición de un par de fragmentos de la misma. Audio 1: Willkumm Jull. Audio 2: Bubaideli. Audio 3: Der kleine Knab. Benjamin Britten - Ceremony of Carols op. 28 ( Dresden Kreuzchor. Jutta Zoff, arpa. LASERLIGHT DIGITAL, 1990)
[2] Se traduce como: ¿Sabes que mi papi se fue hoy a Londres?
[3] Es conocido como el Seppings Music Method.
[4] Se sugiere la audición del movimiento Boisterous Bourrée en el Audio 4. Benjamin Britten: Simple Symphony op. 4. (Royal Liverpool Philharmonic Orchestra. Libor Pesek, director. EMI, 2009)
[5] Recomendamos también su audición pues en ella Britten va presentado individualmente a las familias de instrumentos. Benjamin Britten: The Young Person´s Guide to the Orchestra op. 34 (Variations and Fugue on a Theme of Purcell) Audio 5: Theme. Audio 6: Fugue. (RLPO. Pesek, director. EMI, 2009)

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