"Ricardo III": 450 años de Shakespeare

martes, 5 de agosto de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- La puesta “Ricardo III”, de William Shakespeare, concluyó este fin de semana su concurrida temporada con una estela en el aire formada de preguntas sobre lo clásico, su lectura contemporánea y escenificación y lo espeluznante que el ser humano pudo ser y sigue siendo. Mauricio García Lozano, director y adaptador de la obra, colocó al público en el escenario, acortando la distancia física entre el acontecer teatral y los espectadores. Y en lugar de telón rojo, propio del teatro tradicional, puso un traslúcido plástico que generaba sombras y una sensación blanca de avidez. Se respiraba lo incierto, cuando por fin García Lozano desveló la situación humana que Shakespeare trató con gran ahínco sobre su contexto histórico. La distancia disminuida físicamente se expandió por los excesos de recursos teatrales que sugerían una ficción. La producción colgó una buena cantidad de muñecos-cadáveres de las varas del teatro, empleó gritos y llantos de voz desencarnados y ropas muy glamorosas, dejó correr chorros de sangre de tinta e hizo decir un lenguaje en verso elegante. Así se narró gran parte de la obra que, a través de esos excesos, hizo sentir una frialdad humana ante la muerte y el hecho de matar. Según la presentación de la obra, lo que motivó a Shakespeare a escribir sobre Ricardo III fue su inhumanidad consigo mismo y con los demás. Ese rey figuró en la Inglaterra medieval por su oscura y espeluznante vida. Los restos óseos del usurpador fueron encontrados debajo de un estacionamiento hace dos años, confirmaron científicos e historiadores luego de un minucioso estudio genealógico y genético. La sintética pero muy dinámica escenografía del destacado Jorge Ballina motivó al auditorio a interactuar con la situación escénica. La gente miraba hacia arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda, a las esquinas y a un precipicio. Era una gran maquinaria que recordó en sus manipulaciones múltiples y precisas el aparato del poder político confrontado con un espectador apenas testigo y sin fuerza para enfrentarlo. Ricardo III estuvo en la programación del Centro Cultural del Bosque durante casi tres meses, en concordancia con el festejo 450 del natalicio del dramaturgo de Straford-on-Avon. Se despidió del teatro Julio Castillo con localidades agotadas y aplausos de pie.

Comentarios