Recuperan restos de más de 140 antiguos habitantes de Zacatenco

domingo, 30 de octubre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) recuperaron 135 entierros en un predio a las faldas del Cerro Zacatenco. En un comunicado, el INAH informó que los restos corresponden a recién nacidos, niños de tres a diez años, jóvenes y adultos; hombres y mujeres que poblaron una de las primeras aldeas de la Cuenca de México, enterrados hace más de 2 mil 500 años con el vientre vuelto hacia la tierra. Bajo las capas de un terreno yermo próximo al Acueducto de Guadalupe, un equipo de la Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA) del INAH ha trabajado los últimos seis meses en la recuperación de decenas de esqueletos extendidos que viran al oeste y al norte. Hasta la semana pasada, los restos óseos correspondían a 145 individuos —en algunos entierros se hallaron dos o tres esqueletos—, pero no se descarta localizar un número mayor en este espacio. Mientras camina por un suelo frío y compacto sobre el que se distribuyen sorprendentemente alineadas las osamentas —impresión a la que ayuda la división del área en cuadrículas de 2 por 2 m—, la arqueóloga Estibaliz Aguayo Ortiz, quien coordina el proyecto de salvamento, comentó que se trata de la zona de enterramiento de la antigua aldea de Zacatenco, la cual fue habitada hacia el periodo Preclásico Medio, entre 800 y 500 a.C. Ha sido en poco más de 1,000 m2, en la parte centro-norte de una superficie total de 19,500 m2, donde los especialistas han concentrado sus labores realizando un registro minucioso basado sobre todo en fotografías con vistas ortogonales (en diferentes planos) de los contextos, que más adelante les permitirá hacer una reconstrucción fidedigna de los mismos. La estratigrafía parece indicar que “se trata de un mismo periodo de inhumación, algo provocó que este lugar fuera usado de forma súbita como zona de enterramiento, incluso en algunos puntos se sobrepusieron entierros. Esto lo vamos a sustentar o descartar con estudios palinológicos de los sedimentos y de patologías en hueso. Tal vez hubo alguna sequía u otro factor de cambio ambiental, lo que explicaría el por qué esta mortandad, sobre todo infantil”, señala la investigadora. Fue hacia 1935 que el arqueólogo estadounidense George Vaillant reportó el sitio de Zacatenco. Tres décadas después, William T. Sanders, Jeffrey R. Parsons y Robert S. Santley volvieron a registrar éste y otros lugares mediante recorridos de superficie en el sur de la Sierra de Guadalupe, asentándolos en su obra colectiva: The basin of Mexico: ecological processes in the evolution of a civilization. La exploración del espacio funerario de la aldea de Zacatenco es una oportunidad importante para los siete arqueólogos y tres antropólogas físicas que trabajan en él, porque desde hace más de 50 años no se había localizado uno similar, con una muestra poblacional considerable: 60 adultos, 40 infantes y el resto neonatos y subadultos, que ayudará a conocer las condiciones de vida de los habitantes del norte de la Cuenca de México, hace más de 2,500 años. “Si consideramos que una aldea del Preclásico Medio contaba con una población de entre 5 y 6 mil habitantes, sin duda tenemos una muestra representativa con estos 145 individuos que hemos localizado, a los que se suman cuantiosos artefactos dispuestos como ofrenda. “Algo que es de mi interés —continúa la arqueóloga de la DSA— es la posibilidad de reconstruir el límite norte del Lago de México, lo cual podemos hacer a través de la estratigrafía y la ocupación del sitio. Estudios similares se hicieron para los sitios de Tlatilco y Tlapacoya, que son del periodo Preclásico Temprano y Tardío —respectivamente—, eso fue en los 60 y ahora tenemos la ventaja en Zacatenco de trabajar con una población amplia”.