Las dificultades de saltar al precipicio

jueves, 17 de noviembre de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El mundo actual tiene a los jóvenes aterrados. Hay que estudiar y prepararse sin parar, hay que ser los mejores, hay que ser original. La competencia laboral es inclemente. ¿Qué hacer para sobresalir? La generación que este año termina sus estudios en el Centro Universitario de Teatro (CUT) de la UNAM presenta, como una especie de tesis: Mirando el precipicio por encima de mi hombro. La obra, escrita y dirigida por su profesor David Gaitán, explora los temores de los recién egresados para insertarse en la vida profesional y crea, inspirado en ellos mismos, un complejísimo ejercicio de más de dos horas de duración. El montaje se divide en tres partes. La primera, el ensayo de la obra que están preparando; la segunda, una recreación de episodios de las clases, procesos, discusiones y reflexiones que viven en las aulas; por último, se produce una dinámica de distintas escenas, en la que el público es libre de desplazarse por los distintos espacios de la escuela y observar episodios en salones, camerinos y pasillos del lugar. El fin de todo el espectáculo es saltar al precipicio, acción que pretenden realizar todos juntos y por la que han trabajado mucho tiempo. Se vuelve evidente que es su prioridad, ya que por más tentaciones que se les presentan, los personajes no pueden posponer o cancelar su salto, el cual tiene fecha acordada. Los 13 participantes llevan cuatro años de sus vidas compartiendo sueños, miedos y dudas, golpeándose, viviendo éxitos y fracasos, creciendo juntos. Después del intenso proceso de estar enclaustrados --física y emocionalmente-- se conocen como la palma de sus manos. Saben tanto los unos de los otros que tienen el poder de llevarse lejos o hundirse con una frase. Se han convertido en un solo ente, en una masa codependiente, y en ocasiones es difícil entender dónde termina uno y comienza el otro. El terror implica saber que ese periodo concluye, que se van a amputar entre ellos y que ahora están solos. Deben saltar juntos al precipicio. Las dudas los invaden, y la incertidumbre de qué les depara el futuro es agobiante. Sueñan con ser actores de teatro y vivir de ello, pero la vida laboral no pinta nada simple. Se debaten entre perseguir sus metas o ganar dinero, en un país donde los papeles en las telenovelas y anuncios son los que alcanzan para pagar la renta. “Deseamos que este trabajo se sume a esas escasas (pero poderosas) respuestas que demuestran por qué el encierro vale la pena”, cuenta Gaitán en el programa de mano. La generación está integrada por Fernanda Albarrán, Paulina Álvarez Muñoz, Michelle Betancourt, Alejandro de la Cruz Segura, Flor González, Sara Guerrero Alfaro, María José Guerrero Jaramillo, Erik Gutiérrez, Rodrigo Herrera Alfaya, Berenice Mastretta, Stephanie Molina, Rogelio Sérbulo y Baruch Valdés. Casi siempre los diálogos se escuchan forzados y poco naturales en la boca de estos universitarios veinteañeros. Sus discursos y reflexiones son muy válidos, pero las palabras con las que se expresan supuestamente en privado les quedan grandes. El trabajo actoral es admirable. A pesar de que las diferencias físicas son brutales, la coordinación y precisión en cada movimiento denotan un trabajo físico y de repetición constante. El nivel de energía con el que inician la puesta no baja durante la larga representación. Todos los ejecutantes suben, bajan, corren, se avientan, se tambalean, gritan, y algunos incluso lloran. A diferencia de muchos otros actores, no tienen miedo a verse feos en escena: el trabajo y las necesidades del texto están por encima de la estética propia. El CUT es conocido por la multidisciplinariedad de sus estudiantes. En él, los alumnos aprenden a actuar, cantar, bailar, tocar instrumentos, hacer todo tipo de malabares y piruetas. Y estos elementos se aprovechan en Mirando el precipicio… Es como si ello fuera una carta de presentación, el currículum de todos los que se encuentran en el escenario, la muestra de que están listos para salir. Cierra el director en el programa de mano: “Como último maestro en el camino de este grupo, no me queda más que prevenir al mundo: atención, viene una generación que lo reinventará todo.” La obra se presenta de forma gratuita en el Foro del CUT en el Centro Cultural Universitario los jueves, viernes y sábados a las 19:00 y los domingos a las 18 horas, hasta el 3 de diciembre.

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