"Un cadáver para sobrevivir": un hombre necesitado de afecto

viernes, 4 de noviembre de 2016
MONTERREY NL (apro).- “Un cadáver para sobrevivir” (Swiss army man) es una producción surrealista, interesante, y difícil de definir. Con un extraño tono, que se desliza entre el drama y la comedia, presenta un momento en la vida de Hank (Paul Dano), un joven patético, pobre diablo, incomprendido, que encuentra en la soledad el espacio propicio para desdoblar su personalidad y los anhelos reprimidos. No es que haya querido escapar del mundo. La tragedia lo lleva al aislamiento. Como náufrago, en la isla desierta que habita, siente que su existencia es inútil. Hasta que encuentra, en la playa, el cadáver de un hombre al que llama Manny (Daniel Radcliffe), con el que entabla una amistad y vive aventuras. Hay quien se hace amigo de su sombra. Otros inventan seres para acompañarse. Hank encuentra en un muerto un socio que lo entiende y con el que interactúa. Es quien lo anima a seguir adelante y a través de quien encuentra razón para avanzar. Juntos evocan las aventuras que el vivo quiere tener con la chica de sus sueños, a la que nunca tuvo oportunidad de abordar. Pero no todo es como se ve. O tal vez sí. Los directores y guionistas Dan Kwan y Daniel Scheinert, optan por una temática ambigua que seduce, precisamente por su indefinición y originalidad. El tema provocador reta, constantemente, a escudriñar en el significado de los acontecimientos y en discernir cuáles son hechos reales y los que crea la sique alterada del náufrago. En este mundo sin reglas de lógica, la imaginación se impone maravillosamente. El universo es arbitrariamente alterado: los gases intestinales pueden convertir un cuerpo en una poderosa aquamoto que se desliza vertiginosamente sobre las olas. Una boca puede convertirse en un surtidor de agua potable. Y, por supuesto, un vivo y un muerto se vuelven compañeros inseparables. Dano, otra vez en un papel de desquiciado, se sumerge en una interpretación que simultáneamente brilla y desconcierta. No se sabe si la soledad ha enfermado a Hank o si, maliciosamente, se involucra voluntariamente en un juego de creatividad sublime, en el que, retorcidamente, le da personalidad a un difunto, y lo transforma en su confidente y cómplice. El conmovedor personaje remite a las angustias de las personas carentes de habilidades sociales, que sienten que estarán solas el resto de sus vidas. En una interpretación comprometida y digna, Radcliffe paradójicamente da vida a un muerto simpático, ingenuo como un niño grande, que enfrenta su propia crisis existencial al estar de regreso en el mundo y quien se encuentra despertando a los apetitos que le ofrece la recién descubierta sensualidad de la figura femenina. Destinada a un público reducido, la cinta es un típico producto de cine independiente. Galardonada en Sundance, se presenta como una pequeña obra de arte casera, que desdeñará la taquilla por encontrar un público reflexivo que la acompañe en el viaje alucinado. “Un cadáver para sobrevivir” es una mezcla extraña de Un Muerto ¡pero de risa! (Weekend at Bernie’s) y Psicópata americano (American Psycho). El desenlace, igual de ambiguo, no ofrece pistas mayores. Lo que parece ser un regreso a la cordura puede que, al final, no lo sea. Todo, en esta película queda abierto a la interpretación de quien la ve. Sin embargo, queda constancia de que es una cinta bien hecha, atractiva y que mueve constantemente a las deducciones.

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