México carece de modelo de gestión cultural: Carlos Lara

viernes, 11 de marzo de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Para el investigador Carlos Lara, analista de la comunicación y la cultura, acciones como las misiones emprendidas por José Vasconcelos a principios del siglo pasado cumplieron ya su ciclo, y la política cultural del siglo XXI exige nuevas estrategias, un funcionariado con imaginación y una reingeniería no sólo administrativa del órgano rector que le permita mayor eficiencia. Luego de la creación de la Secretaría de Cultura y del nombramiento de Rafael Tovar y de Teresa como su titular, el doctorante en Derecho de la Cultura en la Universidad Carlos III de Madrid, y autor de Manuel Gómez Morín, un gestor cultural en la etapa constructiva de la Revolución (2011), entre otros libros, habla en entrevista con Apro de los retos y acciones que ahora deberá afrontar la nueva institución. El primer reto, enumera, es explicar para qué se quiso elevar el rango administrativo al ahora desaparecido Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), “demostrar para qué queríamos un ramo propio, para qué queríamos tener estas atribuciones y para qué queríamos quitar esa ‘trampa burocrática’, digo estas palabras recurriendo a lo expresado por el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño (cuando en diciembre pasado, argumentó que no tenía tiempo suficiente para atender el campo cultural). “Ése es el enorme reto del equipo de Tovar y de Teresa. Lo interpreto como una apuesta, que lleva un cambio inherente, porque él mismo ha dicho que no cambia el nombre (de la institución) sino la estrategia. Y así como no puedes tener una democracia sin demócratas, no puedes tener una estrategia nueva sin elementos o agentes culturales nuevos, acordes a los retos del siglo XXI.” Menciona también las palabras del ahora secretario de Cultura, que ha asumido como uno de sus principales retos garantizar el derecho de acceso a la cultura, para advertir que ahora estamos ante un panorama donde el consumo cultural ha cambiado: “La forma de leer, de consumir cine y teatro, de ver televisión, y los nuevos formatos digitales que nos llevan a hablar ya no de fonotecas, sino de mediatecas, no de acervos como los conocíamos hasta hace poco, sino de acervos digitales. Eso necesariamente tiene que conllevar una política digital para la cultura, como una estrategia para hacer cada vez más viable este mandato constitucional de acceso a la cultura.” De alguna manera, se le señala al investigador, esa idea --expresada por Tovar y de Teresa en su primera rueda de prensa como secretario de Cultura-- entraña el concepto de “llevar cultura”, cuando las comunidades y grupos del país poseen y desarrollan su propia cultura. “Sí, desde el punto de vista antropológico todo mundo tiene una cultura, eso no está a debate. El acceso o el derecho a la cultura sí tendrán que hacerse a través de mecanismos de gestión como se ha venido trabajando en cada comunidad, pero ahora a través de estrategias digitales para aprovechar y potenciar las bondades de estos recursos electrónicos para hacer llegar la cultura. “Ahora, sí entiendo que las comunidades indígenas, las comunidades originarias, tienen sus propias dinámicas de gestión, sus propias formas de apropiarse de la cultura. Y creo que en eso el reto es también innovar los mecanismos de gestión para no estar anclados en las misiones culturales de las que tanto se habló, de José Vasconcelos, que cumplieron su ciclo. Es justo ahí, agrega, donde “se requiere un funcionariado cultural con imaginación sociológica, antropológica y jurídica, para hacer realidad este mandato constitucional, porque las comunidades forman parte de la nación, y el Estado en su conjunto está obligado a que el derecho a la cultura y a su cultura sea una realidad”. Reordenamiento Otro de los retos o cambios que deberán verse en la Secretaría de Cultura es una reestructuración o reingeniería administrativa. En diciembre de 2000, en una entrevista con el semanario Proceso, el fallecido dramaturgo y abogado, Víctor Hugo Rascón Banda, habló de la necesidad de crear la secretaría para reordenar al Conaculta, que estaba plagado de problemas jurídicos y duplicidades Está integrado, dijo entonces, por “dos órganos desconcentrados creados por el Congreso de la Unión (los institutos nacionales de Antropología e Historia y de Bellas Artes), tres descentralizados, cuatro empresas de participación civil mayoritaria, una asociación civil, un mandato, cuatro organismos no definidos, siete direcciones de área, siete coordinaciones nacionales y dos secretarías técnicas ¿Qué es esto? Aquí no hay orden ni concierto ni jerarquías”. Luego mencionó la duplicidad de funciones en dependencias como las direcciones de Bibliotecas y Publicaciones, el Fondo de Cultura Económica, el Fondo Editorial Tierra Adentro, Educal y la Dirección de Literatura del INBA que, separadamente, fomentan el libro y la lectura. Pero de la misma forma existen instituciones diversas relacionadas con el cine y los medios audiovisuales. Se le pregunta a Carlos Lara si no se debería haber anunciado ya, quizá en la presentación misma del proyecto de iniciativa de decreto que creó la secretaría o en la conferencia de prensa de Tovar, dónde están las duplicidades, cuáles serán los recortes o cómo será la reestructuración. “Sí bueno, de entrada se debe señalar que ese aspecto formaba parte de un artículo transitorio que se derogó, no fue aprobado. Creo que si alguien sabe dónde están las duplicidades es tanto Tovar como su equipo. Yo creo que habría que ser consecuentes con eso porque no solamente en el Conaculta, también en lo que era la cabeza del sector, la Secretaría de Educación Pública, la de Relaciones Exteriores, hay muchísimas áreas donde se hace lo mismo, se tienen detectadas. “Ahora, como secretaría y como secretario están obligados a ser consecuentes con eso.” Recuerda que se argumentó para justificar la nueva secretaría que no generarían mayores gastos cuando incluso el cambio de logo y papelería son una primera erogación: “Pero no nos vamos a entretener en ese tipo de cosas inherentes al cambio. Sí en donde se requiere ejercer ese cargo de secretario y decir: ‘Señores, hay áreas que ya cumplieron su ciclo y áreas que están duplicando funciones, vamos a hacer una reingeniería para que estas nuevas áreas o estas mismas áreas, quizás con el mismo nombre y demás, puedan optimizar recursos y ser más efectivas’. Es lo que se espera de la gestión cultural de una secretaría.” Agrega que se debe tener claro cuál es el papel de la nueva instancia: “Yo insisto mucho en la necesidad de diferenciar entre la administración y la política. Porque como he dicho (en la revista Proceso) se administran bienes y se gobiernan personas, y el gran reto del secretario y su equipo es distinguir entre la administración de bienes culturales y saber gobernar con sentido de política pública y de política de la cultura. Cada vez hay más indicadores y creo que la función pública ha cambiado en su totalidad y hay más elementos para hacer un modelo de administración pública de la cultura que es lo que no tenemos.” En este sentido expresa su pesar porque, en su opinión, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha despojado de ciertas funciones a los estados de la Federación. La propia reforma política de la ahora Ciudad de México “merca a los estados, vamos a seguir subsidiando no sólo la educación y la salud de los ciudadanos que viven en esta ciudad, sino otro tipo de ventajas como el bono de capitalidad (para mitigar afectaciones por las manifestaciones originadas por problemas nacionales). Es decir, no hay un federalismo equitativo”. Afirma entonces que Rafael Tovar está obligado a que la Secretaría de Cultura garantice un “federalismo cultural”. Enuncia entonces otro de los retos: “Acompañar en este trabajo, en conferencia, al poder Legislativo para tener una ley de coordinación cultural o ley general de cultura, como se quiera llamar, donde se establezcan los tramos de responsabilidad que les toca a los municipios, a las entidades federativas y a la Federación. Es algo que no está señalado en ninguna parte y se tendrá que hacer.” Habrá que reflexionar, dice, si los grupos artísticos de Bellas Artes (Orquesta Sinfónica Nacional, Compañía Nacional de Danza o Compañía Nacional de Teatro, por ejemplo) son efectivamente nacionales, debatir lo nacional: “Ahí es donde se requiere poner en el centro la capacidad que tiene tanto el INBA como los bienes y servicios que se pueden ofrecer a través de esta infraestructura y luego decir qué falta para que los municipios, entidades federativas y Federación cumplan de manera armónica en la distribución y el acceso a los bienes y servicios culturales que debe prestar el Estado.” Sin estudios Contrario a la opinión de algunos otros investigadores que consideran que no existe una clara política cultural de Estado, Lara está convencido de que sí la hay y se enmarca en el Programa Especial de Cultura y Arte (PECA). La de este sexenio ha puesto el acento en el “restablecimiento del tejido social”. Lo que no ha habido, lamenta, es una medición, un estudio que permita evaluar cómo ha funcionado en tres años “ese apellido que se quiso poner a la política cultural del sexenio”. Subraya: “Hasta el momento no hay un balance de cómo ha funcionado, más allá de lo hecho en Michoacán para contener la violencia y de algunas otras acciones aisladas, se requiere un balance de si esta apuesta por hacer de la política cultural el restablecimiento del tejido social lleva un avance.” En su opinión es elemental tener resultados de qué tanto se ha avanzado, qué actividades se han hecho y cuál ha sido su impacto. En diciembre pasado, Proceso entrevistó al director del Sistema Nacional de Fomento Musical, Eduardo García Barrios, y anteriormente se había hablado con Alejandra Frausto Guerrero, directora general de Culturas Populares (ambos de la Secretaría de Cultura), donde ambos admitieron que ciertamente no se lleva una medición del impacto que sus actividades tienen en la disminución de la violencia o la restitución del tejido social. En tanto las noticias nacionales dan cuenta diaria de que los hechos violentos continúan en el país. Lara dice que las acciones deben enmarcarse en una pertinencia, pero da la impresión de que simplemente añadieron a los fines de la política cultural las frases de “restablecimiento del tejido social” como en un “discurso gastado”, porque el gobierno en turno siempre acude a la cultura para “subsanar los errores provocados por la economía y la política”. Así ha sido siempre desde el año 1825, “que el mismo Tovar señala porque el primer presidente de México, Guadalupe Victoria, establece un museo para resguardar los elementos de su identidad”. Y así fue, agrega, en la Reforma y en la Revolución Mexicana. De algún modo “hasta podríamos estar un poco tranquilos” de que se tome a la cultura para resarcir lo provocado por la política económica y la política en general, y de que “la política cultural ya no dependa del gobierno… ya dejamos atrás el presidencialismo y entramos a un republicanismo cultural”, piensa él. Hasta el momento el secretario de Cultura no ha dado a conocer el diagnóstico sobre las áreas que duplican funciones ni si habrá cambios en la estructura de la recientemente creada secretaría de Estado.

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