Paul Westheim: el inventor del arte prehispánico

viernes, 12 de agosto de 2016 · 13:00
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Con un tema interesante y obras espléndidas, es casi imposible hacer una exposición mediocre. Sin embargo, el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México lo ha logrado con la exposición La colección Paul Westheim. El sentido de la forma. Curada por Natalia de la Rosa y Gonzalo Vélez con la asesoría externa de Claudia Garay y la coordinación curatorial de Abel Matus, la muestra, a pesar de tantos curadores, se limita a describir las actividades de Paul Westheim en Alemania y México, sin analizar la relevancia que tuvo su pensamiento, tanto en la significación de la plástica prehispánica como en las inteligentes discrepancias en la evaluación del arte moderno mexicano. Museografíada con estupendas obras de la colección del MAM que, sin el rigor indispensable, tratan de ilustrar el entorno y los intereses del crítico de arte, la exposición evidencia la debilidad que tiene el personal del Instituto Nacional de Bellas Artes en la práctica curatorial. Nacido en Alemania en 1886 en el seno de una familia judía, Paul Westheim se convirtió en los primeros treinta años del siglo XX en un importante crítico de arte y editor de publicaciones periódicas sobre el acontecer artístico europeo. Radicado en Berlín desde 1905 y estudioso del pensamiento filosófico alemán, Westheim fue un apasionado de las estéticas expresionistas alemanas impulsando y coleccionando obra de creadores como Kirchner, Kokoschka, Hofer, Grosz y Dix. En 1933, el triunfo del nacismo lo obligó a emigrar a Francia, perdiendo su colección de aproximadamente 60 óleos y 3 mil obras en papel de artistas vanguardistas. Después de huir a España, Westheim llegó en 1941 a México a la edad de 55 años. Convencido de que el gran arte se basa en el signo y el símbolo traspasando la simple apariencia, el crítico alemán se deslumbró con la potencia expresiva de la plástica prehispánica. Considerada en ese entonces como vestigios arqueológicos, Westheim la transmutó en arte basándose en el concepto de Voluntad Artística (Kunstwollen) del austriaco Alois Riegl. Autor de numerosos libros fundamentales de arte prehispánico, el crítico no se apasionó ni por el arte moderno mexicano, ni por los nuevos lenguajes que se enfrentaron en el transcurso de la década de los años cincuenta a los realismos de la Escuela Mexicana. Los únicos autores que merecieron una atención especial fueron José Clemente Orozco y Rufino Tamayo. En 1963 Paul Westheim regresó por primera vez a su tierra natal y, durante esa visita, falleció en Berlín a la edad de 77 años. Integrada por estupendas obras de la colección del MAM –como la selección de pinturas de Lilia Carrillo–, y de acervos particulares que no corresponden al entorno de interés del tema –como la pintura de Picasso de 1960 de la colección Pérez Simón–, la exposición es un fallido intento de reinterpretación de la colección permanente del museo. Utilizadas como ilustración, obras tan importantes como Las dos Fridas se diluyen en una narrativa forzada que no aporta ni conocimiento ni emotividad.

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