Javier Villalobos Jaramillo, restaurador (1941-2017)

martes, 19 de diciembre de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Premio Federico Sescosse Lejeune 2012, expresidente del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) México y con una trayectoria de más de 50 años en el campo de la preservación del patrimonio histórico, el arquitecto restaurador Javier Villalobos Jaramillo falleció de cáncer el pasado jueves 14, a los 76 años de edad. Nacido el 30 de abril de 1941, en Guanajuato, el especialista inició su formación académica en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), en el cual, bajo la guía de dos profesores, el arqueólogo Eduardo Luis Pareyón Moreno y el arquitecto José de la Vega --experto en restauración de monumentos históricos y artísticos-- cursó la carrera de ingeniero arquitecto. En una semblanza realizada por la UNAM, conmemorativa de la recepción del premio Sescosse, se destaca: “Ambos alimentaron los intereses de su discípulo que desde temprana edad se involucró en la arqueología y la arquitectura, intercalando sus demás intereses y habilidades. Sin duda sus Maestros, como él los llama, fueron sustantivos para alcanzar una mezcla proporcionada entre la arquitectura y la arqueología, el dibujo, la historia y un carácter ávido de perfeccionamiento y crecimiento personal y profesional”. (file:///C:/Users/USER2/Downloads/36454-88823-1-PB.pdf) Se cuenta ahí mismo que sus estudios de arquitectura se iniciaron primeramente en la arqueología, con la arquitecta Noemí Castillo Tejero y, más tarde, la Organizaciónn de los Estados Americanos y el gobierno de España le otorgaron una beca para realizar una especialidad en Restauración de Monumentos y Conjuntos Monumentales, en España. Realizó estudios de maestría en Restauración en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México, institución en la cual fue docente durante 17 años. También participó en la definición de las zonas arqueológicas de Bonampak, en Chiapas, y Paquimé,en Chihuahua. Como restaurador de monumentos históricos intervino en el Templo de Santo Domingo, el Museo de Sitio de la Catedral Metropolitana, loe extribunales de Justicia --todo en en la Ciudad de México--, la fachada de la Catedral de Zacatecas y la iluminación en la Catedral de Morelia. En el texto “Celebración y destrucción”, con el cual esta reportera inició en el semanario Proceso, en diciembre de 2007, una serie de reportajes sobre la demolición de seis inmuebles históricos en el centro de esta ciudad, entre ellos una casona de Regina 97 que formaba parte del Convento de los Camilos (la construcción del siglo XVII pertenecía al ingeniero Emiliano Reyes Martínez, quien deseaba restaurarlo), solicitó un proyecto al arquitecto Villalobos e inició pláticas con funcionarios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). El restaurador Villalobos lamentó la “injustificable” destrucción, e informó que se solicitaría la reconstrucción para sentar el precedente de lo que los gobiernos locales no pueden hacer con el patrimonio monumental, e hizo un llamado al INAH para evaluar la eficacia de sus acciones. Alertaba sobre un hecho que luego pareció generalizarse en entidades como Puebla o Chihuahua, donde se alteraron inmuebles históricos. La semblanza de la UNAM menciona sus trabajos de restauración en las ciudades de Pescara y Venecia, en Italia, en España, Polonia, Brasil, Colombia y Ecuador. En diciembre de 2012, siendo director territorial en el Centro Histórico, el arquitecto Villalobos dio a conocer su libro Los 100 sitios y monumentos más importantes del Centro Histórico, en el cual se refiere a emblemáticos edificios como el Palacio Nacional, el Palacio de Bellas Artes, la Catedral Metropolitana, el antiguo hospital de San Hipólito, el Claustro de Sor Juana y los mercados de La Lagunilla (que son tres) y el Abelardo L. Rodríguez. En aquel momento destacó que la edición no estaba dirigida a los especilistas en arquitectura o conservación, sino a las personas que transitan o pasan cotidianamente por esos lugares, los habitan o laboran en ellos, para crearles conciencia de su valor y lograr que su riqueza arquitectónica y monumental sea más apreciada. Apenas unos meses después, en abril de 2013, hizo un llamado a las autoridades a atender los edificios históricos que estaban en peligro de colapsarse en la zona centro de la ciudad. No era dado a la confrontación abierta, por lo cual reconoció esfuerzos como los que se hicieron en algunos momentos para retirar el comercio ambulante, pero consideraba necesario que los institutos nacionales INAH y de Bellas Artes crearan conciencia entre la población para que se sumara a la conservación de su patrimonio.

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