'Grandeza y decadencia de la fiesta brava”, en Chapultepec

martes, 9 de mayo de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El polémico libro del periodista cultural y crítico taurino Carlos Landeros Gallegos, Grandeza y decadencia de la fiesta brava, será presentado por su autor el próximo viernes 12 en el Patio de Eventos del Museo Nacional de Historia del Castillo de Chapultepec, a las 12 horas. En la presentación, el escritor estará acompañado por: Fermín Rivera, Mary Arruza, Miguel Romo Medina, Fernando Llaguno, Beatriz Pagés Rebollar y la primera actriz Silvia Pinal. “Las corridas de toros son una fiesta en vías de extinción. Llanamente son una masacre que se ha venido repitiendo a lo largo de los siglos. Los aficionados están convencidos que el toreo es un arte, pero hay otros que piensan se trata de una muerte indigna para un ser vivo y noble, que sufre terriblemente cuando es herido con alevosía, premeditación y ventaja.” Así lo expone Carlos Landeros en su reciente volumen de 189 páginas, y asegura: “De los cientos de miles de astados que se han sacrificado en el redondel, apenas cuenta alrededor de 400 toreros muertos en la arena de una cornada; son pocos y, no obstante, la memoria colectiva sólo recuerda unos cuantos. “Los defensores de los derechos de los animales exigen que los toros sean respetados como lo que son: seres vivos… Lo cierto es que para acabar con la fiesta en México, no es necesaria su aprobación; son los propios ganaderos, en contubernio con los empresarios y los apoderados de los toreros, quienes están acabando con el espectáculo. “Los verdaderos aficionados culpan a los matadores españoles… que vienen a México a divertirse toreando novillos y cobrando carretadas de dinero sin vergüenza alguna, y en ocasiones sin pagar impuestos. Lo más increíble es que esto suceda frente a un público cada vez más villamelón, al que le importa un bledo que lo estafen, con tal de disfrutar una pachanga.” De ahí que la intención del autor al escribir Grandeza y decadencia de la fiesta brava lleve dedicatoria a “una parte del público taurino actual, que asumiéndose como tal no conoce en realidad nada sobre el tema”. Autor de la novela Los inolvidables, de otros libros de entrevistas, crónicas y reportajes como Los Narcisos y Los que son y los que fueron, y de Yo, Elena Garro (a quien entrevistó en diversos momentos y lugares), Landeros también dio a conocer en su obra completa subtitulada Antología periodística 1963 a 2010, encuestas y crónicas, algunas opiniones sobre su creación y entrevistas que le realizaron en revistas, periódicos y televisión. La mayoría de sus trabajos han sido publicados en los suplementos culturales de la revista Siempre! (La cultura en México) y del periódico El Día (El Gallo Ilustrado), pero los volúmenes ofrecen también trabajos inéditos. Inicialmente Carlos Landeros Gallegos había solicitado la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de las Bellas Artes para la presentación de Grandeza y decadencia de la fiesta brava, libro editado por la Universidad Autónoma de Aguascalientes; sin embargo, el foro le fue negado. El autor envió ahora la siguiente información a la agencia noticiosa Apro, añadiendo los siguientes datos para los interesados en asistir al Castillo de Chapultepec este viernes al mediodía: “Estacionamientos donde pueden dejar sus vehículos: estacionamiento Simón Bolívar, a un costado del Museo de Arte Moderno (avenida Paseo de la Reforma esquina Circuito Interior) y estacionamiento Museo Tamayo (frente a la entrada principal del Bosque de Chapultepec). Después del evento, los que gusten acompañarnos a comer, pueden hacer su reservación en: Casa Hevia, calle Alejandro Dumas #4, colonia Polanco (+52) 5281 0402 casahevia@gmail.com, y venta de libro, favor de comunicarse al (044) 55 1841 0146 o www.carloslanderosg.com”. A continuación, ofrecemos un breve capítulo sintetizado de Grandeza y decadencia de la fiesta brava, libro que llama la atención por ser una apología del toro en contra de la masacre y asesinato en las corridas taurinas. Una tarde de toros A las cinco de la tarde, eran las cinco en punto de la tarde… Así comienza el poema “La cogida y la muerte” de Federico García Lorca, dedicado al matador Ignacio Sánchez Mejía. Pero otra es hoy la hora de domingo, son las cuatro y media de la tarde en la Ciudad de México, el sol brilla incandescente en el cielo. El coso repleto espera ansioso de que los toreros y sus cuadrillas partan plaza… El pasodoble “Cielo andaluz” se escucha por lo alto. Un “¡Oleeeeé…!”, largo y profundo, sale de las más de 45 mil gargantas que atiborran la Plaza México, considerada la más grande del mundo. Aficionados nacionales vienen a ver a José Tomás, el valiente y místico matador… Suena el clarín y se abre la “puerta de los sustos” o chiqueros, de donde sale el toro encastado… El toro, desconcertado, da vueltas buscando escapar, en tanto el matador lo cita para medir su embestida y tratar de lucirse con el capote. En ocasiones lo logra con un quite o la verónica rematando con una hermosa media, o con ceñidas chicuelinas; estos dos, de los quites más populares. Enseguida salen los picadores, los de a caballo, que lo azuzan con sus largas varas y le hunden en el lomo uno o más puyazos, según sea su fuerza, a fin de minarle poder. Destrozadas las articulaciones del lomo, la sangre le sale a borbotones. Después le clavan tres pares de banderillas, seis arpones, que lo hacen mugir de dolor, llegando en estado lastimoso al último tercio de la faena que anuncia la hora de “la verdad”… En raras ocasiones el matador se lanza a hacerlo a volapié, estocada inventada por el mítico Pedro Romero, y que de ser lograda le ganaría el cortar los apéndices del burel, según sea el caso, en reconocimiento a su triunfal faena. Hubo una vez, en la Plaza de las Ventas de Madrid, donde en el cartel alternaron Lorenzo Garza El Ave de las Tempestades, y Luis Castro El Soldado; este último, a la hora de matar se deshizo de la muleta y con un pañuelo en la mano izquierda se lanzó a la estocada; en su turno, Garza, encastado, hizo lo mismo, pero sólo con el estoque. La multitud enloquecida lo sacó en hombros… Si el toro reúne bravura y presencia, puede ser indultado a petición del público y orden del juez, para ser devuelto a la dehesa y que sirva de semental… Si el torero es corneado, el auditorio le aplaude cuando los monosabios lo cargan rumbo a la enfermería, pues al ser herido es digno de aplauso; quizá el público tenga razón. Según los aficionados, la Fiesta es el enfrentamiento entre el hombre y la bestia, entre la vida y la muerte, entre la inteligencia y el instinto animal. ¿Quién los obliga?

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