"La Prietty Gouman", de César Enríquez

miércoles, 27 de marzo de 2019
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Trans, muche, puta, jarocha, santera daltónica y disléxica, es como se presenta La Prietty Gouman para contarnos su historia. César Enríquez construye un personaje con múltiples aristas que despliega a lo largo de su narración, donde, canta baila y divierte a la concurrencia al mismo tiempo que cuestiona la discriminación y el machismo imperante. César Enríquez crea su espectáculo desde el texto, la dirección y la interpretación. Es una propuesta de cabaret desbordante, a una velocidad trepidante, que va de un tema a otro sin perder en ningún momento la atención del público. Con la risa a más no poder, los aplausos y los gritos, Prietty Gouman, que nació en Tlaxcala, transita por su vida desde que era niña –cuando su papá la regañaba a cinturonazos– y le dio el ultimátum que cambiaría su vida: “¿En mi pueblo a las mujeres se les vende. Eso quieres?”. Y después de decir que sí, la vendieron y se la llevaron en un coche a trabajar  a Veracruz.  Adoptando la personalidad de una cubana, desde los trece años es una mujer trans hombre trans que no se calla, que pone a los machos en su lugar, que se defiende a pesar de las difíciles circunstancias que le tocan. La realidad que cuenta es estremecedora. La esclavitud sexual como un horror para las mujeres, aunque la vitalidad que la Prietty le imprime nos hace reír y quererla por su ingenio, atrevimiento y ganas de vivir… y no de  morir.  César Enríquez juega con el lenguaje y las estructuras lingüísticas muy de nosotros. El albur en su máximo esplendor, la crítica social de la carpa y  los chistes colorados, escatológicos y políticos, colorean su espectáculo y lo hacen lucir más. Transita por la enumeración de las ciudades en donde venden mujeres a manera de cantaleta, hasta canciones románticas y enternecedoras.  César Enríquez entrenó su cuerpo y su voz para ampliar los parámetros expresivos. Su movimiento corporal es preciso y con alto grado de dificultad, usando tacones del quince para saltar, bailar y moverse ágilmente. Modula su voz jugando con la voz aguda y la voz grave distorsionando los estereotipos y el lugar común. El cabaret con números musicales y la confesión que poco a poco va develando, se van recrudeciendo, y con un giro dramático sorpresivo la perspectiva cambia y lo que había sido festivo se vuelve sórdido y letal.  En el último fragmento de la obra, cuando el público ya ha creado un vínculo fuerte con la protagonista, es cuando se devela una realidad espeluznante, y el espectáculo se va transformando en una denuncia social sobre la violencia de género, la injusticia, la corrupción en nuestro país y, sobre todo, la gravedad de la trata de personas, en su mayoría mujeres. César Enríquez, quien interpreta brillantemente a la Prietty Gouman, ha llevado su espectáculo a diferentes partes del mundo. En el Festival Iberoamericano de Cádiz tuvo una gran acogida y ahora se está presentando en el Teatro Bar el Vicio. Su última función en ese espacio será el próximo 27 de marzo; porque seguramente seguirá dando la vuelta.   Este texto se publicó el 24 de marzo de 2019 en la edición 2212 de la revista Proceso.

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