Felipe Cazals

Felipe Cazals y su película "Emiliano Zapata", una charla inédita

"Cincuenta años después de su filmación, puedo afirmar que no es un largometraje valioso, pero que con este proyecto aprendí a no escupir sobre mi salario como director de cine, tal y como docenas de directores del cine mexicano que me precedieron", relató en entrevista a Proceso.
domingo, 17 de octubre de 2021

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).– El destacado cineasta mexicano Felipe Cazals, quien murió el pasado16 de octubre, siempre consideró fallida su película “Emiliano Zapata” (1970): “Muy mediocre, a pesar de sus generosos elogios”.

Tanto que en el 2019, respecto a los cien años del asesinato del Caudillo del Sur no deseaba hablar sobre ella para Proceso porque no creía que los avatares de ese rodaje tuvieran alguna importancia, “como para pertenecer a un número especial de su prestigiada revista”.

Sin embargo la charla siguió por teléfono:

“’Emiliano Zapata’ es una contradictoria experiencia en mi trabajo. Cincuenta años después de su filmación, puedo afirmar que no es un largometraje valioso, pero que con este proyecto aprendí a no escupir sobre mi salario como director de cine, tal y como docenas de directores del cine mexicano que me precedieron tuvieron que hacerlo para sobrevivir”.

Enseguida exaltó: ”Usted siempre me hace hablar”, y prosiguió:

“Con un guión a modo para el actor e intérprete Antonio Aguilar y un reparto casi tradicional en las películas anteriores del propio Toni, acepté esa reventada responsabilidad por los sabios consejos de mi amigo de juventud, Alex Phillips Jr., destacado cinefotógrafo, que me dio el siguiente consejo: “Filma esta película con Toni y éntrale de una buena vez a tu oficio. Aquí te van a medir tus técnicos y tus actores, es más yo te hago la fotografía y trabajamos parejo’”.

--¿Fueron muchas las peripecias?, se le preguntó.

--Durante varias semanas de rodaje pude convencer a Tony de filmar a mi modo, siempre con la complicidad de Alex chico y la generosa colaboración de mi excelente equipo técnico.

“Lo malo de todo esto es que en las noches de insomnio me era evidente que lo que filmaba en nada tenía que ver con la figura y el pensamiento político de Emiliano Zapata. De alguna manera yo estaba disfrazando a un revolucionario en un jinete aclamado en su recorrido por los paisajes de Zacatecas y no del estado de Morelos. En cada día de filmación era evidente que había aceptado desfigurar a un libertador de fina estampa para libros de texto gratuito. Para concluir, Toni impuso un fondo musical al estilo Hollywood, como tenía que ser”.

--¿Luego fueron los tragos amargos?

--Irremediablemente, terminamos mal Antonio Aguilar y este servidor, con un sueldo ya gastado y con la clara, muy clara sensación de no haber sabido filmar e imponer un criterio con un contenido responsable.

“Alex chico, un par de semanas después de la filmación, frente a lo poco que quedaba de una botella de vodka, sonrió y me aventó: ‘¡Quibó mi diré!, ¿cuándo se avienta la que sigue ?.. o ¿qué ya se le acabó lo del cinito ?’... Hasta aquí lo de ‘Emiliano Zapata’. Alex chico no se equivocaba; siguieron ‘Canoa’, ‘El apando’ y ‘Las poquianchis’.

Después cambió la charla al preguntar ¿qué películas mexicanas nuevas me estaban gustando?

En “Emiliano Zapata” acompañaron a Antonio Aguilar, Mario Almada, Jorge Arvizu, Patricia Aspillaga, Jaime Fernández, Ernesto Gómez Cruz, David Reynoso y Sergio Jiménez, entre otros.

En la cinta, de 120 minutos, Antonio Aguilar evitó cantar para darle más realismo al drama. El guión lo escribieron Ricardo Garibay, Mario Hernández y el mismo Aguilar.

Esta es la historia de un hombre, Emiliano Zapata, y de una revolución, la Revolución Mexicana. La historia de la mujer que fue su compañera y la de los hombres que lucharon con él. Carentes de todo y a unos cuantos kilómetros de la capital, los zapatistas resistieron las constantes embestidas de unas tropas perfectamente pertrechadas enviadas por las poderosas administraciones de Porfirio Díaz, León de la Barra y otros gobiernos posteriores. Pero ni la despiadada persecución de sus enemigos, ni las ofertas, ni los halagos, ni los ataques de una prensa vendida a los poderosos, pudieron hacer cejar a Zapata en su empeño de liberar a los campesinos y devolverles la tierra, un empeño que acabó por costarle la vida.

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